“Quevedos”, por los anteojos que recuerdan al satírico Francisco de Quevedo y para denominar a los que siguen en la tarea del humorista, es el nombre del Premio Iberoamericano de Humor Gráfico que otorga la Universidad Alcalá de Henares. La casa de estudios, fundada nada menos que en 1499 y declarada Patrimonio de la Humanidad, posee -a través de su fundación general- un envidiable Instituto Quevedo de las Artes del Humor. Ahí se generó este premio que distingue la trayectoria profesional de aquellos humoristas gráficos iberoamericanos “cuya obra haya tenido una especial significación social y artística, contribuyendo de este modo a la difusión y reconocimiento de este campo de la cultura”. La primera vez que se entregó lo recibió Quino, el padre de Mafalda. Este año nuestro Hernán Vidal Martínez (Hervi) ha recibido la distinción. ¡Gran noticia!

Si fuera por meritocracia -y lo es-, Hervi tiene todos los méritos: un premio iberoamericano merecidísimo. El dibujante, director de arte y arquitecto, sostiene un indudable protagonismo destacado e ininterrumpido en la gráfica chilena desde 1958, cubriendo con humor una historia reciente de grandes cambios. Es un caso excepcional de constancia y versatilidad que cubre, con la práctica de diversos géneros y para distintos públicos, sesenta años de la historia del humor gráfico iberoamericano y de otras formas no-humorísticas del diseño y la ilustración. Como colaborador de al menos treinta publicaciones significativas, chilenas y extranjeras, Hernán Vidal es un autor insoslayable para registrar y analizar el humor gráfico chileno. Antes del “Quevedos”, en el año 2006 Hervi recibió el Premio Von Pilsener Centenario de la Historieta Chilena, otorgado por el entonces Consejo Nacional de la Cultura y las Artes; ha sido distinguido con el Premio La Catrina 2012, a la trayectoria del humor gráfico, otorgado por la Universidad de Guadalajara (premio que ya habían recibido Quino, Rius, Fontanarrosa y José Palomo, entre otros dibujantes de primerísima línea); y el 2013 obtuvo el Premio Nacional de Humor Jorge “Coke” Délano, de la UDP.

Un día antes de que fuera anunciado el Premio Iberoamericano Quevedos, en la Universidad Federal de Mato Grosso se le rendió homenaje a sus sesenta años de trayectoria y se recordó el medio siglo que cumple La Chiva, revista que marca un hito en la historia del humor gráfico chileno. Ahí estaba Hervi, con Palomo y los hermanos Vivanco. También volaron en el Simposio de Historia cultural el Súper Cauro, el Súper Cifuentes y una reciente caricatura en la que Hervi caricaturiza a Bolsonaro como un súper héroe fascistoide que le da un bolsonazo a la bandera brasileña. En cierto sentido ese trío de super(anti)héroes representan nuestra historia reciente: la utopía, representada por la imagen del niño en el Súper Cauro, de cuando los únicos privilegiados iban a ser los niños y de los afiches que rezaban “la felicidad de Chile comienza con los niños”. Súper Cifuentes, por otro lado, es el vendedor ambulante, el cesante disfrazado de los años de la dictadura, símbolo de la derrota y de la resistencia al mismo tiempo; por último, el súper Bolsonazo, advierte sobre el retroceso de la democracia, el peligro populista fascista envalentonado, representando en su figura la distopía, esa sociedad indeseable para el Súper Cauro. Hervi es un héroe civil que nos dice que no hay que dormirse en los laureles.

Es una alegría celebrar este premio. Es significativo, también, que las universidades, principalmente extranjeras, consideren el valor que encierra el oficio del humorista gráfico; en el caso de Hervi un profesional de suspicacia política y valores democráticos que ha hecho del humor gráfico parte del periodismo con sus miles de viñetas editoriales (actualmente en La Tercera y antes lo hizo desde El Metropolitano, La Época, La Voz y otros). Desde hace mucho merece el Premio Nacional de Periodismo, que en tiempos de dictadura se les arrebató a los dibujantes de prensa.