Seamos claros; hoy no comienza la Teletón, sino que las 27 horas que el show televisivo tiene para recaudar fondos, en donde la gente pone el 70% de la meta y, las empresas, a través de compras que también hace la misma gente, pone el 30%. Es decir, las personas ponemos el 100% de la meta a final de cuentas, directa o indirectamente, pero este monto no es considerado por ninguna estadística cuando se quiere medir el gasto de bolsillo en salud.

En segundo lugar, el espectáculo televisivo transmitido en cadena nacional, está muy lejos de fomentar la inclusión real de las personas con discapacidad -algo que el SENADIS (Servicio Nacional de la Discapacidad) lleva intentando hacer desde su creación-, ya que los muestra como sujetos de caridad, de pena, que son una parte aislada de nuestra sociedad y que merecen una cruzada solidaria por tener un problema de salud que afecta la forma en que es considerado “normal” desenvolverse en la vida. Es, en esencia, un bingo por la salud masivo y televisado que muchas personas, independiente de la condición que las enferma, realizan en soledad y que esconde un problema mucho mayor: que en Chile no existe el derecho a acceder a una salud universal, digna y de calidad.

Finalmente, un tema que bastante se ha tocado pero que pocas veces se baja la información de manera concreta, es el beneficio que obtienen las empresas participantes del evento mediante la reducción de impuestos: supongamos que la empresa X tiene una ganancia (descontando pago de sueldos a empleados, gastos, arriendos y otros) de $50.000.000 y que, si no dona a ninguna institución benéfica, debe pagar un impuesto de $11.250.000 (22,5%) al Estado, por lo que su ganancia final se reduce a $38.750.000. Todo esto, sin considerar que el tope máximo imponible para cualquier empresa, independiente de lo que gane, es de unos $963.200.000 (20.000 UTM). Ahora bien, si la empresa X donara $1.000.000 a la Teletón, la mitad de ese monto quedaría de “crédito” para pagar el impuesto, y su ganancia aumentaría a $39.250.000, dejando el Estado de percibir dinero para sus arcas, y beneficiando al empresario “relativamente” pequeño, pues las grandes cadenas de venta tienen utilidades mucho mayores, y eso sin contar la publicidad adicional a la que acceden por ser parte del evento televisivo, por tener el “sticker” de la Teletón en sus productos, y los “desafíos” que condicionan la donación en base a lo que se recaude durante las 27 horas.

Como ejemplo de estos desafíos, en 2012 Ripley condicionó la entrega de $200 millones de pesos por 85.000 clientes, lo que otorga una donación promedio de $2.350 pesos por persona que compró en la tienda en el periodo, siendo que el promedio de recaudación por cliente es lógicamente superior. El mismo año, el desafío Unimarc donó sólo $720 pesos por persona que compró en las 27 horas, pero en las horas críticas del evento y de manera rimbombante, anunciaron una donación de medio billón de pesos, siendo esta la cifra que queda en la conciencia de las personas que esperan hasta el último minuto para ver si se logró la meta.

Existiendo el dinero para financiar 19 años de Teletón que hoy reposan como excedentes de ISAPRE entre 2001 y 2017 (información obtenida vía transparencia por Fundación Seamos Salud), o que pudieran transferirse al SENADIS para que esta institución se hiciera cargo no sólo de los adultos viviendo con discapacidad, sino que también de los niños, la Teletón como evento, como “show televisivo” no tiene sentido alguno, algo que debe ser diferenciado de la Teletón como institución, que ha logrado cambiar la vida de millones de personas mediante la rehabilitación.

El derecho a una salud digna, oportuna, de acceso universal y de calidad no puede seguir esperando, ni puede seguir postergándose a través de mecanismos caritativos que nada tienen que ver con la solidaridad. El tratamiento a enfermedades que afectan la calidad de vida no aguanta el continuar dependiendo de rifas y bingos para la sobrevivencia.


Presidenta Fundación Seamos Salud