Falla de sistema. Un proceso eleccionario con personas esperando en la fila para votar, frustradas. Sospechas y explicaciones que van y vienen por parte de la empresa a cargo de la plataforma de votación electrónica. ¿Qué pasó? Las razones de la falla o de lo que pasó, aún no están claras, y los rumores de que incluso pudo haber un hackeo van y vienen en análisis. La tecnología una vez más, queda en ese espacio de una caja negra.

El fallido proceso eleccionario del domingo en las elecciones internas por la presidencia de la UDI, a cargo de la empresa Evoting puso de nuevo en los debates políticos, la conveniencia de pensar en un sistema voto electrónico para elecciones nacionales, como fórmula mágica para  resolver desde la baja participación hasta el alcance de los comicios. Eso, comprendiendo además que en Chile el sistema de voto en papel, de manera participativa a través de vocales ciudadanos y ciudadanas ha funcionado democráticamente y ejemplarmente gracias al trabajo y compromiso de todas y todos quienes hacen parte.

La discusión sobre si el voto electrónico es conveniente, factible técnicamente, como solución que aporta la idea de una democracia digital vuelve de vez en cuando, con intereses creados por cierto, cuando hay intereses en poner en marcha emprendimientos comerciales que ofrecen estos servicios. Pero a estas alturas, la decisión en países europeos que lo pusieron a prueba hace décadas, se zanjaron con rotundos #Noalvotoelectrónico, después de estudios y análisis de expertos en el área de ciberseguridad e informática.  Y básicamente porque cualquier proceso eleccionario debe resguardar dos cuestiones estratégicas: garantizar el derecho al voto secreto a la hora de marcar una preferencia,  y que lo marcado no sea vulnerado por nadie o nada.

En Holanda, el año 2006 fue el fin a casi una década del sistema de votaciones electrónicas, luego de una campaña puesta en marcha por un grupo de activistas  “we don´t trust in e-voting computers” , que incluyó un documental, transmitido por la televisión pública en el que demostraron fallas graves en el sistema que se usaba, porque se podía correr cualquier software en la máquina y así alterar el resultado.

El Tribunal Constitucional de Alemania también declaró inconstitucional  el 2009, el uso de máquinas para voto electrónico el 2005, porque vulneraba  la fiscalización del proceso por parte de  ciudadanas y ciudadanos que no necesariamente cuentan con conocimientos técnicos suficientes para comprender el proceso. Finlandia, Irlanda, Suiza, India suman y siguen los casos en que se implentaron máquinas para votación electrónica y desistieron.

En Argentina, también hace unos meses el debate también volvió luego que el gobierno de Macri lograra aprobar el primer código electoral que habilita el empleo del voto electrónico en la ciudad de Buenos Aires. En el proceso de esa campaña, Fundación Vía Libre , especializada  en los temas de tecnología, derechos humanos y propiedad intelectual produjo el documental “Caja Negra: el Mito del Voto Electrónico”  – que puede verse en este link – en el que aparecen las opiniones de expertos informáticos, politólogos analizando las distintas dimensiones de esta tecnología, como parte también de una campaña que busca llamar la atención ciudadana en relación a las razones del NO al voto electrónico.

Integridad, el secreto del voto, la garantía de transparencia y auditabilidad del proceso democrático son la clave que entran en juego cuando media un sistema tecnológico, de acuerdo al análisis que entrega Beatriz Busaniche, presidenta de Fundación Vía Libre. Podemos sumar que si bien puede haber empresas que se dediquen a los servicios de votación online, no es lo mismo una plataforma que busca funcionar para realizar procesos de consulta o encuesta online, que un proceso eleccionario democrático.

La implementación de cualquier solución o innovación tecnológica requiere estándares sociales y éticos básicos y sólidos, probados y mejorados una y otra vez, consensuados por la comunidad de expertos y técnicos que pueden dar una opinión sobre su conveniencia y oportunidad, para poder garantizar que no será una mala pesadilla tal capítulo de “Black Mirror” en el afán de dejarlo todo en manos de las máquinas.


Académica Instituto de la Comunicación e Imagen, Universidad de Chile Miembro de directorio de Fundación Datos Protegidos.