En el calendario de Revolución Democrática hay dos fechas marcadas en rojo, dos días señalados que marcarán el futuro político del partido y también su dinámica interna al menos para los próximos dos años. La primera cita será el plebiscito en el que, entre otros puntos, se votará la posibilidad de abrirse a pactar otras fuerzas de la oposición, como los partidos de la ex Nueva Mayoría, con miras a las próximas elecciones municipales y de gobernadores regionales.

La segunda fecha es la elección de un nuevo presidente o presidenta del partido –será mujer si se confirman los nombres que suenan hoy– y el resto de cargos directivos en enero de 2019. Por ahora, se proyectan tres posibles candidatas: la ex agregada cultural de Chile en Estados Unidos, Javiera Parada; la ex candidata a parlamentaria, Marcela Sandoval; y la actual diputada por Antofagasta, Catalina Pérez. Mientras las dos primeras son más cercanas al bloque de los Pantalones Largos, al lado del ex jefe de campaña de Beatriz Sánchez, Sebastián Depolo, y el diputado Pablo Vidal; Pérez es más afín al presidente actual de la colectividad, Rodrigo Echecopar, del lote de los Terceristas, al que también se vincula el diputado Giorgio Jackson. El debate público que han abierto estas dos facciones plantea una dicotomía parecida a la que la que la colectividad enfrentó en 2013: ex Nueva Mayoría sí o no.

Sin embargo, la tercera corriente histórica de RD integrada por los territorialistas, presenta otra discusión, más vinculada con la capacidad de instalar gobiernos locales en las municipales de 2020. Su objetivo pasa por consolidar al partido y al Frente Amplio (FA), en su conjunto, como actor político de peso y con suficiente experiencia política y administrativa para enfrentar las presidenciales de 2021.

En las últimas elecciones internas, los territorialistas obtuvieron un 27% de apoyo, muy cerca de los resultados obtenidos por los Pantalones Largos (28%) y el tercerismo (31%). El Desconcierto conversó con Emilia Ríos, concejala de Ñuñoa y una de las líderes de los territorialistas, sobre los desafíos que enfrenta el partido en su interna y las consecuencias que los cambios en RD pueden provocar también al interior del FA.

¿Cuál es el diagnóstico de los territorialistas sobre el estado del partido y su futuro más inmediato?

Tenemos una visión básicamente crítica porque sentimos que no se ha logrado tener una conducción política que supere las lógicas antiguas del movimiento y todavía estamos trabajando desde las cercanías personales y los amiguismos. Tenemos una directiva que ha dividido las decisiones: la bancada va por un lado, el Consejo Político va por otro, y a los espacios basales les cuesta mucho subir sus decisiones arriba, hacia las instituciones nacionales. Creemos que tiene que ver con falta de liderazgo y conducción política. En el último años, hemos permitido que RD pierda su protagonismo en el FA, cuando RD fue el partido que impulsó con mayor fuerza la creación de la coalición. Hemos perdido nuestra posición y tenemos todo para liderarlo: tenemos la bancada más grande, un senador… y eso no se está traduciendo en que RD lidere. Se han cometido errores bien importantes en relación a las finanzas, hay un problema de prolijidad en el partido que tiene que ver con que sólo funciona un bloque dentro de la conducción.

Si RD está perdiendo el liderazgo del FA, ¿quién está encabezando la coalición?

El FA no ha logrado posicionarse como un actor unitario. En las votaciones, el FA es el bloque más disciplinado, pero cuando le preguntas a la gente qué está proponiendo, se observa que no ha logrado transmitir un mensaje. Hay mensajes que tienen que llegar a la ciudadanía, por ejemplo, tenemos que lograr reinstalar el debate constitucional, que lo perdimos. La bancada tiene un rol fundamental  que no está cumpliendo porque el FA está más preocupado de disputar en su interna que en el escenario nacional.

¿Eso podríamos atribuirlo a falta de madurez política por tratarse de una fuerza nueva y que todavía está encajándose? Se creó hace solo dos años y juntó muchos sectores distintos que nunca habían trabajado juntos. Eso requiere tiempo.

Claro, es que el FA se arma con una convicción anti-neoliberal que es mucho más amplia que la izquierda marxista, por ejemplo, o que la gente que tiene una inclinación más liberal como el Partido Liberal. Pero los actores del FA entendemos la diversidad de la coalición como una virtud porque lo que hay que ir a disputar hoy es el sentido común, que no es uno. Estamos recién partiendo y empezando pero hay que acelerar ese proceso de maduración. Nosotros, desde el territorialismo, planteamos que tenemos que empezar a priorizar agendas, que la bancada pueda cuadrarse y levantar un tema, todos unidos, sin dispersión de iniciativas que no logran cambiar la brújula política. Por ejemplo, desarrollamos un programa de gobierno que está en un cajón. Hay que volver a levantarlo en todos los espacios.

Para lograr lo que menciona, ¿cuál es la diferencia que proponen los territorialistas respecto a los otros dos bloques de RD?

Una aclaración antes: en RD las tesis siempre han sido de diferencias estratégicas y tácticas, más que sustantivas sobre lo que queremos lograr como país. Nosotros no somos la juventud de la Nueva Mayoría y eso fue el gran debate de los primeros años de RD. Lo que hoy desde el territorialismo tenemos clarísimo es que para enfrentar la amenaza fascista tenemos que interpelar a las personas en los espacios en los que viven, porque es en los territorios y en las comunas donde las personas sufren por un sistema educativo que no es suficiente, sufren por una planificación territorial vinculada a la especulación inmobiliaria, sufren porque el sistema de salud no da abasto… Si nos queremos tomar en serio la amenaza del autoritarismo, tenemos que mostrarle a la gente –desde lo más concreto– que sí hay proyectos transformadores, como la alcaldía en Valparaíso de Jorge Sharp. Necesitamos más de esos. Los apoyos y alianzas irán con quienes se tomen eso en serio. Más allá de los discursos, lo que hoy importa es ser la alternativa competitiva y ganar municipios.

Entonces, si las alianzas van a ir en esa línea, si se instalan dentro de la presidencia o la dirección del partido en enero, podríamos ver alianzas con Jorge Sharp (MA) y su movimiento?

Por supuesto. Las alianzas son al interior del FA y lo que ha planteado Jorge es la necesidad de ampliar el espectro de alianzas posibles porque en los territorios pasan muchas cosas: hay movimientos de resistencias territoriales, las bases a veces no están de acuerdo con sus partidos a nivel nacional… El territorio requiere amplitud y salir de los márgenes de la política parlamentaria nacional. Por eso, planteamos que más que cerrar alternativas hay que dejar cierta flexibilidad porque los territorios son diversos.

Si dentro de RD esa posición no logra avanzar, podríamos ver una migración del bloque territorialista hacia la confluencia de Movimiento Autonomista, Izquierda Libertaria, Nueva Democracia y SOL para sumarse a liderar proyectos como los de Sharp en el puerto?

Es difícil hablar de que si no resulta lo que uno quiere en el partido hay gente que se va a ir. La apuesta es siempre fortalecer la propia casa, pero estas elecciones de directiva serán las más importantes que tendrá RD en los próximos 10 años porque marcarán un punto de inflexión respecto a si el partido logra consolidarse y crecer o comienza un proceso de estancamiento que lo puede llevar al declive. Es importante tener aliados que nos den la certeza que le toman el peso a lo importante de este período político.

Para precisar un poco más, cuando se refiere al declive, hablamos de que RD se podría desmembrar?

Me refiero a que no va a crecer, que bajaremos en parlamentarios y podría ser un declive en nuestra representación institucional.

¿Qué posibilidades tiene su lote de instalarse en la directiva RD en enero 2019?

Tenemos todas las intenciones de entrar a la directiva. Las posibilidades son altas porque conocemos bastante el partido a lo largo del país y tenemos bastante que aportar. Una de nuestras grandes preocupaciones ha sido siempre que la directiva pueda escogerse con un sistema integrado, es decir, que cada proyecto armara su lista para integrar la directiva de manera proporcional de acuerdo al éxito que tuviera cada una. Pero eso no es una posibilidad dentro de RD. Eso nos fuerza a integrar antes de las elecciones, no después, que no es nuestro escenario ideal. Pero tenemos la convicción que ninguna tendencia ni grupo de independientes logra sacar adelante el partido por si solo. Todos los espacios basales son importantes en RD.

¿Los territorialistas quedan fuera del debate sobre si es necesario pacto con la Nueva Mayoría para enfrentar a la derecha?

En este tipo de debates, caemos en caricaturas. El escenario para las alcaldías y gobernaciones es muy adverso para los proyectos progresistas y anti-neoliberales del país. La derecha tiene una ventaja totalmente espuria que tiene que ver con el sistema electoral. Eso es una falencia democrática muy grande. Es muy raro en el mundo que se escojan alcaldes con ese nivel de poder con una mayoría simple. Este escenario hace que nos tengamos que preguntar cómo subvertir esa cancha dispareja desde el punto de vista democrático y garantizar que podamos competir. Lo que a nosotros nos interesa es que el FA tenga su propio proyecto municipal, que sea el mejor, el que convoque a la mayoría de la ciudadanía y poder competir en el territorio de la forma más transparente y abierta posible. Poder competir para ganar y desplazar a los antiguos partidos que nos decepcionaron a todos.