Con más de 25 años de experiencia en relaciones no exclusivas, la escritora y activista LGBTI española Brigitte Vasallo (Barcelona, 1973) se convirtió en una voz pública sobre las relaciones no monógamas cuando vio cómo se asomaba el “poliamor neoliberal” y el “poliamor machista” y ahí se auto-convenció: “No puede ser, hay que hacer resistencia a esto”. De eso hace ya varios años.

Ahora acaba de publicar su último libro “Pensamiento monógamo, terror poliamoroso” (Ed. La Oveja Roja, 2018), en el que explica cómo la monogamia ha determinado las relaciones amorosas y critica las relaciones que ponen el acento sólo en la “acumulación”.

Lesbiana y feminista (pero sin “esencialismos” en contra de los hombres), vivió parte de su vida en Marruecos, lo que influyó en su profunda preocupación por “el racismo y el género del racismo, más que por el género en sí mismo”, como dice en su blog. Esa experiencia también la llevó a poner el foco en el feminismo decolonial, el poscolonial y el feminismo islámico. 

Uno de sus mayores intereses es el estudio de “la alteridad” y todo lo que de ahí deriva. Colabora con varios medios de comunicación en España y es docente del magíster de Género y Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Responde la llamada de El Desconcierto por Skype, muy predispuesta a conversar detenidamente sobre las relaciones no-monógamas como forma de resistencia política. Antes de sentarse y tomar un lápiz y papel, se enciende un cigarro. Está lista para responder.

pensamiento monogamo_brigitte Vasallo

¿Qué es el poliamor?

– Cuando hablamos de poliamor y no monogamias estamos hablando de una propuesta para relacionarnos de forma sexo-afectiva con más de una persona de manera simultánea y de manera consensuada, con conocimiento de todas las personas. Sin embargo, mi trabajo se escapa bastante de las formas mainstream en que se está tratando esta concepción.

¿La diferencia principal con otras prácticas no monógamas que por siglos se han llevado a cabo en la sociedad, como la infidelidad, sería entonces que en el poliamor existe el consentimiento?

– Ahí entramos en un problema. Porque en principio, los grupos poliamorosos lo que dicen es que la diferencia con la infidelidad es que hay consentimiento. Pero, para mí, el consentimiento es una cosa más compleja de lo que podemos decir. Por ejemplo, tradicionalmente, un hombre tenía una esposa y una amante y fue una estructura que funcionó durante 40 años, alguna forma de consenso había para que eso funcionara así, quizás no es consentimiento como tal pero sí había alguna forma de que eso se mantuviera.

¿Entonces, cuál es el planteamiento que propone?

– La monogamia no es la práctica de la exclusividad sexual, sino todo un sistema relacional. Y lo que yo hago es redefinir este sistema. Hasta ahora, se nos ha dicho que lo que define la monogamia es la exclusividad sexual, a pesar de que la historia demuestra todo lo contrario. Sin embargo, en mi opinión, lo que define el sistema monógamo es un sistema que organiza de manera jerárquica los afectos situando en lo alto de la escala un núcleo reproductor, un núcleo sexualizado, y luego poniendo en un segundo término otros afectos. Un ejemplo: me preguntan ‘¿ustedes dos son sólo amigas?’, pero nunca me preguntan ‘¿son sólo novias?’ porque el sólo indica que en la escala superior está ser pareja, en la siguiente ser amiga, en la inferior ser compañera de trabajo, en la siguiente ser conocida, etc. Es una jerarquía. Otro ejemplo: ¿Cuál es la diferencia entre la esposa y la amante? El reconocimiento social de la relación. Hay una relación socialmente aceptada y que tiene los derechos, y hay otra que todo el mundo sabe que existe, pero no es la relación legítima que, además, tampoco dará criaturas legítimas. Que haya varias personas involucradas en una relación ha ocurrido siempre, lo que se intenta hacer con estas otras formas de relación es que todas ellas impliquen una relación legítima. Y lo que yo propongo como una ruptura radical del sistema monógamo es romper esa jerarquía: que la pareja no sea ese núcleo que te aisla. A mí, lo que más me preocupa es el aislamiento.

¿Qué consecuencias provoca esa jerarquía?

– Como la pareja tiene que ser el núcleo, genera confrontación femenina, casi de forma inconsciente, porque hay que proteger este núcleo constantemente amenazado por la otra, una otra en abstracto. Este aislamiento también hace que si no tienes pareja, es que estás sola, aunque tengas un montón de amigas. Precisamente, las amigas o el entorno que son quienes pueden poner ojos críticos sobre la relación, en cambio dejan de tener el valor que deberían tener. Y esto, cuando lo relacionamos, por ejemplo, con los femicidios, me parece trascendente.

¿En qué sentido?

– Además de fijarnos en el sistema patriarcal, tenemos que pensar en las formas amorosas. Los femicidios se basan sobre todo un sistema amoroso, pasan a través de eso. Una de las cuestiones que creo que tiene que ver con el sistema y el pensamiento monógamo es la forma en que concebimos el amor romántico o el amor Disney, mejor dicho, porque cuando decimos ‘romántico’ nos perdemos en otras consideraciones. Para mí, llevar el desayuno en la cama, por ejemplo, es un acto de amor. El amor Disney funciona a través de todo un sistema de enganche emocional. Todo ese globazo inicial, todo eso que llamamos enamoramiento es un sistema de dependencia tóxica hacia otra persona. Si sale bien, pues sale bien, pero si sale regular o mal y empezamos con las dinámicas de maltrato hacia la otra persona, no solamente estamos enganchadas –por eso la gente no puede salir de estas dinámicas de maltrato–, sino que además las personas que podrían ser el entorno que observa son dejadas atrás o consideradas como relaciones menos válidas porque lo único que tiene realmente valor en este sistema jerárquico es la pareja […] A los femicidios, a las violencias dentro de la pareja, a las fronteras (porque están relacionadas con estas formas de organizarnos en el mundo) hay que darles una respuesta desde nuevas prácticas emocionales. Igual que asusta que aparezca una nueva compañera en la oficina porque a ver si te va a zumbar la pareja, asusta también que haya personas migrando para ver si nos van a zumbar la identidad nacional.

¿Se puede redirigir este enganche para que no genere una situación de dependencia?

– Igual que el sistema sexo-género binario (y monógamo) lo hemos abierto, tenemos que hacer lo mismo con el deseo monógamo. Yo propongo un esquema para abrirlo: empieza por el deseo, el segundo paso es la reciprocidad del deseo, el tercer paso la concreción de esta reciprocidad, el cuarto la identidad común y el quinto la ruptura, que nunca se incluye dentro del deseo. Nunca se cuenta que la relación se va a acabar. Creemos que todos los amores son eternos a pesar de que la vida nos demuestra constantemente que no lo son y no estamos nada preparados para que no lo sea. Volviendo a los pasos: si abrimos el abanico, veremos qué cosas hemos decidido hacer y qué cosas vienen dadas por el sistema, cuáles son las violencias que se incluyen en cada uno de estos pasos. Por ejemplo, sentir deseo, en sí mismo, es bonito. Sin embargo, en el mundo monógamo en el que vivimos ya se empieza a instalar una ansiedad para que sea recíproco, como si el deseo en sí mismo necesite una respuesta. Cuando hay reciprocidad, o no podemos hacer nada porque estamos en un régimen relacional cerrado y ahí llega la frustración, el dolor hacia la pareja actual, etc. o si estás en un régimen abierto tienes que hacer algo con eso. No pensamos que podemos no hacer nada e irnos a la casa y levantarnos por las nubes. Cuando el deseo se ha concretado con una relación sexual o con un acercamiento, en seguida aparece la identidad y pasas a ser pareja (no estás en pareja, eres pareja). Ahí empieza la identidad conjunta que después para desmontarla es un trabajo, porque es pasar del nosotras a alterizar a la otra persona para que yo pueda volver a ser yo. Esa es la catástrofe de las rupturas: tienes que convertir al otro en el enemigo.

brigitte vasallo

/ Pol Galofre

“El amor Disney no es natural”

Siguiendo tu teoría, ¿una relación poliamorosa podría centrarse en vivir las el deseo con otras persona de forma libre y plena, sin llegar a la fase de identidad (como pareja)?

– Vivir libremente el deseo debería de ser parte de una relación sana. Vivir libremente el deseo implica sentirlo, no necesariamente concretarlo. Deberíamos poder ser capaces de sentir deseo y que eso no signifique una traición. Desear a otra persona significa que estás viva, sin más. Luego está el qué hacer con ese deseo […] Por ejemplo, entre lesbianas es complicado porque tenemos tan penalizado nuestro deseo que para justificarlo tenemos que meterle toda una carga romántica tremenda. Entre feministas también es complicado porque tenemos tan interiorizado el tema de la cosificación [del cuerpo] que entendemos que el deseo sexual hacia otra persona es cosificarla. Y no lo es:  tu puedes tener un polvo en un lavabo con una persona y que no sea ni cosificador ni sea faltado de cuidados. Y, en cambio, puedes tener una relación de 30 años con alguien que te está cosificando y que te está descuidando. Depende de la manera cómo se hace.

¿Tu teoría de las jerarquías relacionales y el poliamor es una lectura política?

– Lo político de buscarle grietas al sistema monógamo tiene que ver con la jerarquía en el sentido que, a pesar de que no conozcas a tu vecina y no mantengas ningún vínculo con ella, llamas a su puerta para ver cómo está. Se trata de dejar de pensar que tienes que hacer eso sólo con quien tienes un vínculo sexo-afectivo, o con quien tienes un vínculo de amistad o familiar. Es entender que estamos viviendo en comunidad y lo que hace el sistema monógamo es cerrar la comunidad hasta el núcleo reproductor. Lo que está haciendo el poliamor neoliberal es conseguir que ni siquiera este núcleo resista, y que nos convirtamos en individuos aislados que vamos cada uno a su bola.

Es una defensa de los cuidados vistos en todas las perspectivas y hacia todas las direcciones.

– Sí, a mi esto me parece la clave. No con cuántas personas tienes relaciones sexo-afectivas simultáneamente. De hecho, el error básico de cómo estamos planteando el tema del poliamor viene dado porque no estamos entendiendo lo que es la monogamia y estamos poniendo el tema de la exclusividad en el centro y, por lo tanto, lo estamos reduciendo todo a la cantidad. Eso es producto del capitalismo neoliberal. No es la cantidad, son las dinámicas, es la manera. Eso es lo que va a romper el sistema monógamo, si lo queremos romper. Todo lo demás es hacer monogamias simultáneas y seguir alimentando lo mismo: amores Disney pero en lugar de uno, tres.

¿Cómo en la serie “Wonderlust” de Netflix? Plantea un matrimonio al que en un principio el poliamor produce un efecto de acercamiento, pero luego se ve otra cara de lo que provoca en la pareja.

– No he visto la serie, pero por lo que cuentas hay cosas interesantes. Creer que abriendo una relación se puede reanimar es volver al tema del enemigo externo. Nada une más una identidad [de pareja] que tener un amigo externo. Otro punto importante: tratar de construir relaciones a largo término sobre la base del deseo cae por su propio peso, porque algún día esta base se va a mover. Además, hay que ser consciente de que las otras personas no son dildos y hay que tener claras las expectativas que se están generando en la otra persona y en una misma.

Otro tópico relacionado con el poliamor es que se asocia mucho a los colectivos de la diversidad sexual y menos al mundo heteronormativo.

– Hay una cuestión de poliamor mainstream que se instaló en comunidades heterosexuales, que rondan los 40, clase media, blancos… donde se están dando desastres como que en una pareja de toda la vida él tiene amantes mucho más jóvenes y ella les prepara la cena a todas. Esto está pasando. O el poliamor como espacio de tránsito para un nueva pareja monógama. Hay un poliamor heteronormativo, pero quienes estamos teniendo prácticas que van hacia la ruptura de la monogamia real somos las comunidades minorizadas por razones muy prácticas y es que somos comunidades muy pequeñas que no nos podemos permitir determinados desastres.

Parece complejo entrar en esas lógicas que requieren tanta empatía con el otro y tanto cuidado, cuando no recibimos ningún tipo de educación emocional, ni se fomentan valores tan básicos como la cooperación o la no competencia. ¿No termina siendo poco transversal el poliamor? Me refiero a que quizás sólo aquellos que han tenido acceso a una determinada formación, quizás por fuera de los espacios convencionales, pueden manejarse mejor en estos parámetros.

– Sobre la idea de educación emocional, si sólo tuviéramos una educación amorosa, si en los colegios nos explicaran historia del pensamiento amoroso, otro gallo cantaría. Creemos que el amor Disney es una cosa natural y no lo es, se sitúa claramente en el norte de Europa, en el siglo XIX, el siglo de los nacionalismos, de la segunda expansión colonial europea. […] No en todas partes del mundo ni en todas las épocas el amor funciona igual, y si nos lo explicaran ya sería un gran punto.

Sobre si es sólo para una élite, te digo que no. Las élites pueden sobrevivir por sí mismas. Yo, en cambio, necesito de la cooperación para sobrevivir. Por ejemplo, como no tengo familia porque como persona queer he sido expulsada de mi familia, no me puedo permitir que mis parejas se conviertan en mis enemigas porque son mi red afectiva. Por eso, en comunidades minorizadas tenemos más herramientas. Si esto va a ser un movimiento político va a ser entre las que no tenemos otras formas y entre las que realmente necesitamos un mundo distinto.

brigitte vasallo

/ Youtube

“Un movimiento que puede transformar la forma de mirar el mundo”

Comentabas que no es un práctica nueva. ¿De dónde viene el poliamor?

– He estudiado el momento histórico en que la práctica monógama queda fijada, y es el durante la época colonial. Antes había muchas formas de vida, también en Europa, que no pasaban por la exclusividad relacional. De hecho, costó muchos siglos instaurar el matrimonio, hasta el siglo XIII no fue un dogma cristiano. Todo el tema de la caza de brujas pasa por ahí, por prácticas sexuales disidentes. Tampoco fue el cristianismo, que en Europa se dice mucho. Lo que pasa es que la Iglesia Católica con la Inquisición arrasó con todas las otras formas cristianas y pasaron a ser heréticas. Todas estas formas de relación donde había sexo litúrgico, sexo no reproductivo, prácticas no heterosexuales se pasaron por la hoguera y esas mismas formas de relaciones se implantaron en otros territorios a través de procesos coloniales.

¿Fue el patrón colonizador que se llevó a África y Latinoamérica?

– Se traspasó a todo el mundo, pero precisamente con el norte de África y con el tema del islam están pasando cosas interesantes y tremendas […] Por ejemplo, lo que yo llamo la islamofobia poliamorosa, porque se reivindica la posibilidad de tener varias parejas a menos que seas una familia musulmana […] Esa idea de que la poligamia es una cosa que hacen los musulmanes y los mormones porque son más atrasados, y que los poliamorosos somos más guays, es una idea racista. En un mundo no racista, lo que estaríamos haciendo los poliamorosos es ir a buscar a esta gente que lleva siglos haciendo esto y preguntarles cómo lo hacen y qué estrategias tienen porque ellas ya pasaron por todos los problemas que vamos a ver nosotras.

¿Hay posibilidades de que el movimiento en contra la monogamia se convierta en un movimento político?

– Creo que tiene una posibilidad política muy importante. He visto comunidades y formas de vida a pequeña escala que son de transformación política. No necesariamente pasan por la cantidad de personas con las que te estás acostando y creo que es un movimiento que puede transformar la forma de estar y de mirar el mundo […] Las comunidades poliamorosas aparecen incluso en los reportajes de los periódicos de la derecha más rancia. Eso quiere decir que, de esa manera, [el poliamor] no es peligroso. Sin embargo, los discursos y las prácticas que ponen en riesgo el sistema [monógamo] son las que no vamos a encontrar en este tipo de periódicos, porque esas son las peligrosas para ellos.