No hay cifras oficiales, ni listas completas. Dicen que llegaron más de 8 mil en tres caravanas, pero en el primer albergue habilitado se contabilizaron unos 6 mil y, tras una torrencial lluvia que cayó sobre Tijuana, el recinto debió ser clausurado. El caos es tal que todavía se desconoce el paradero de miles de centroamericanos que atravesaron dos países completos buscando, con su gesta, llegar al corazón de Donald Trump para que éste les abriera las puertas en un acto humanitario.

Pero como era de esperarse, lo único que han recibido hasta ahora del país del norte han sido más de 5 mil soldados, lluvias de gases lacrimógenos, kilómetros de alambres de púas y, por supuesto, amenazas con las penas del infierno para todo aquel que se atreva a cruzar.

caravana migrantes-Tijuana

/ Dario Cuellar

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Desilusión

Cada día las autoridades migratorias de Estados Unidos definen cuántas personas serán entrevistadas para analizar su solicitud de asilo. Cuarenta diarias es el número que más se repite y actualmente hay apuntadas más de 5 mil en una lista controlada por un grupo de otros solicitantes del asilo. Para muchos la situación se vuelve insostenible y la desesperación por la falta de información confiable comienza a tensar los ánimos.

Mario Osuna Jiménez, secretario de Desarrollo Social Municipal de Tijuana, espera que la mayoría de los migrantes se concentren en el albergue de El Barretal: “Aquí el Gobierno Federal los va a estar atendiendo mientras dure su proceso migratorio, el que nosotros calculamos podría ser de hasta seis meses”. Pero Raúl ya no aguanta un día más. Habla con rabia, con arrepentimiento, con el ímpetu de sus 15 años y con todo el cansancio de los 30 días que duró su marcha. Antes de subirse a la van dispuesta por el Instituto Nacional de la Migración para aquellos que decidieron retornar, evalúa los aspectos que lo llevan de regreso: “Pa’ donde voy, voy con miedo, no sé muy bien para dónde me llevan, pero aquí ya no aguanto estar, no he cenado, no he desayunado, no he almorzado y hay gente que dice que aquí nos dan todo… ni agua te dan, nos tratan peor que a los perros. No pensé que el sacrificio que iba a dejar atrás, era por nada”.

La decisión es irrevocable pero no se quiere ir sin antes enviarle un mensaje a Trump: “Que se toque esa babosada a ver si es corazón, que se la toque, que él también es hijo de migrantes y ahora está ahí bien sentadito, comiendo calientito y nosotros aguantando hambre, eso no está bien, él es humano, tiene dedos y nosotros también, tiene ojos y nariz, nosotros también”.

caravana migrantes-Tijuana

/ Dario Cuellar

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Esperanza

Cuatro son las opciones que tienen los miembros de la caravana: pedir asilo en Estados Unidos, tramitar una visa humanitaria para quedarse en México, devolverse a sus países o intentar cruzar a la mala. Esta última es la más incierta, pues nadie sabe bien qué pasa con los que detienen cuando intentan cruzar. Incluso algunos creen que al ser detenidos en suelo americano podrían optar de forma más fácil al asilo y con esa ilusión saltan las vallas y levantan los brazos. Otros, más incrédulos, saben que no es tan fácil y que si los arrestan es probable que lo pasen muy mal antes de ser deportados a sus países.

Rubenia la tiene más clara y se arma de paciencia. Sabe que el proceso está recién empezando y que definir su situación puede durar años. Lo único que la atormenta son los 4 mil 615 kilómetros que la separan de sus cinco hijos y la incertidumbre de cuándo volverá a verlos. “Lo primero que queremos es cruzar al otro lado, pero si no se puede, nos vamos a quedar trabajando aquí. Esperamos que el nuevo gobierno de acá de México nos ayude a sacar una visa para que podamos trabajar y mandar un poquito de dinero a Honduras, pero habrá que esperar bastante, de la noche a la mañana no va a salir”, dice.

caravana migrantes-Tijuana

/ Dario Cuellar

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Motivación

Teorías de la conspiración abundan intentado dar una explicación a todo este fenómeno. Porque la migración en búsqueda del sueño americano ha ocurrido desde hace décadas, pero así, con tanta masividad, jamás. ¿Por qué ahora? Nadie lo tiene muy claro. No hay una orgánica definida, no hay certezas sobre quiénes son los convocantes.

En Honduras le echan la culpa al periodista Bartolo Fuentes, desde la Casa Blanca responsabilizan al presidente venezolano Nicolás Maduro. Otros dicen que fue el propio Trump para ganar adeptos en la necesidad imperiosa de levantar el muro. Incluso hay quienes hablan de que fue la derecha mexicana, buscando desestabilizar desde el comienzo a López Obrador.

El grueso de los migrantes habla de falta de oportunidades, del desempleo y la delincuencia que se han traducido en niveles de violencia extremos y que tienen a todos temiendo, literalmente, por sus vidas. Miguel Ángel culpa directamente a los gobiernos de Honduras y Estados Unidos. El estudiante de Derecho, militante del Movimiento Estudiantil Universitario y dirigente del Partido Libre, explica el fenómeno de la caravana a partir de la crisis política que se arrastra por años en su país: “Desde 2009 que en Honduras no se respetan los Derechos Humanos. El presidente Manuel Zelaya, sólo porque estaba gobernando para los pobres, se ganó el rechazo de la empresa privada y la embajada americana, quienes confabularon para hacerle un golpe de Estado y desde ahí ha habido un relajo en Honduras. No hay democracia, se roban las elecciones y saquean el país. El presidente [Juan Orlando Hernández] es un narcotraficante, hay paramilitares, se reactivó el escuadrón de la muerte, la persecución en Honduras es terrible”, relata el joven.

Desde que asumió Hernández en 2014, la institucionalidad hondureña fue acomodada pensado en su reelección. Y así fue. Diez horas después del cierre de las mesas y con el 90% de las urnas escrutadas en las ciudades más pobladas, Hernández estaba cinco puntos por debajo de Salvador Nasralla, el candidato de la izquierda. Luego vino un apagón informativo, se habló de problemas de comunicación y de retransmisión de datos. Cuando volvió la información, ¡sorpresa!: Hernández había remontado para vencer. Ahí empezó todo: descontento, caos, protestas, militarización, represión.

Miguel Ángel bien conoce las consecuencias de esto: “El gobierno de Estados Unidos sabe perfectamente lo que está pasando en Honduras. Si ellos no hubiesen metido las manos en la división del pueblo, si no se hubiesen involucrado en el fraude de las últimas elecciones, todos estaríamos en Honduras, no estaríamos en esta situación. Trump es responsable y ahora le pedimos que se haga cargo”, cierra el estudiante.

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/ Dario Cuellar

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