Contrastaba con el gris de esos días de junio y el blanco de las paredes abarrotadas por cajas de medicamentos en estantes. Evitarlo era imposible, por donde estaba y por el tamaño: ahí, frente a la puerta de ingreso, justo detrás de la pantalla de atención para compras, consultas e inscripción; y medía al menos dos metros de alto. Era un pendón que con letras rojas, signos de exclamación y en mayúsculas, tenía escrito: “¡OFERTA IMPACTO!”. En la parte de arriba, el logo del laboratorio Arama; abajo, en una esquina, el de la municipalidad de Puente Alto. A las 500 personas que diariamente llegan a la Farmacia Solidaria inaugurada en 2016 se les ofrecía “por la COMPRA DE CUALQUIER PRODUCTO en esta FARMACIA + $2.000 TE LLEVAS UN FRASCO DE URIMED 60 CÁPSULAS BLANDAS”.

Los químicos farmacéuticos encargados de las ventas no lo promovían. Lo que sí hacían era responder a quienes les preguntaban, tentados por la publicidad. Entonces decían que era un suplemento alimenticio, que estaba recomendado para quienes sufrían infecciones urinarias -mayormente mujeres de tercera edad-, que su composición era de aceite de arándanos y vitamina C, y que no se necesitaba receta para comprarlo.

La sola muestra de la promoción tuvo efectos significativos en las ventas: pasó de 30 unidades vendidas en mayo pasado a 306 en junio, según datos entregados por la Corporación de Puente Alto vía Ley de Transparencia. En julio esa cifra se duplicó, llegando a las 619 unidades.

En las bodegas de la misma farmacia también creció el abastecimiento de Urimed: solo este año se compraron 30 unidades en enero, después otras 30 en mayo, y finalmente 3 mil unidades en junio. Las opciones de conservar stock eran pocas si se tiene en cuenta que Puente Alto es la comuna más poblada de Chile según el último Censo (568.106 habitantes).

Lo extraño no eran los números, consecuencia de la oferta, la demanda y la publicidad; sino la transformación de la misma farmacia desde 2016. Además de servir a quien requiera medicamentos, pañales y suplementos alimenticios recetados, también funcionaba como espacio para publicidad y venta de suplementos que nunca nadie pidió.

El administrador público e ideólogo de la Farmacia Popular de Recoleta, Marco Fernández, presenta de forma más clara el dilema: “Lo que se plantea es que estos centros de salud (las farmacias) no tienen por qué nunca haberse transformado en centros comerciales. Cuando lanzamos el tema, el sector de la industria (farmacéutica) nos decía que no éramos farmacias, sino que éramos botiquín, porque nosotros no lucrábamos y una farmacia de por sí define que lucra. (Nosotros planteamos) que no son centros de retail o comercio, y siempre tuvo que haber sido así”.

Las ventas del suplemento alimenticio Urimed siguieron, al menos hasta agosto pasado, sobre las 300 unidades. Y pudieron haber continuado en alza de no ser por el equipo de transparencia de la municipalidad de Puente Alto que una tarde de noviembre se acercó a la Farmacia Solidaria y preguntó por el pendón.

“No pueden tener eso aquí”, dijo un funcionario mientras apuntaba atrás del mesón.

Los químicos farmacéuticos a cargo del dispensario comunal no cuestionaron la orden, y sacaron la publicidad. Hasta la publicación de este reportaje, el pendón había desaparecido.

Lo que ellos no sabían era que la medida era una respuesta a la solicitud de información por  transparencia sobre los contratos por uso de espacios municipales con fines publicitarios. La respuesta de la corporación comunal, después de sacar el pendón, fue: “No existe ningún tipo de contrato con la empresa Arama”.

Sin embargo, las miles de unidades de Urimed, el suplemento alimenticio que nadie pidió, seguían ahí.

El camino a los precios bajos

Si los medicamentos llegan a tan bajo costo a las 150 farmacias populares que hoy en día funcionan en Chile -de acuerdo a la información de la Asociación Chilena de Farmacias Populares (Achifarp)-, es porque los departamentos de salud de los municipios o sus corporaciones compran directamente a la Central de Abastecimiento del Sistema Nacional de Servicios de Salud (Cenabast). De esa forma evitan las transacciones con precios elevados que en algunos casos pueden llegar hasta en un mil por ciento más alto. Pero cuando Cenabast no tiene los medicamentos que las farmacias populares requieren, los mismos municipios se encargan de cotizar directamente en diferentes laboratorios, como pasó con Arama.

Jonathan Vásquez, químico farmacéutico responsable de la Farmacia Solidaria de Puente Alto, lo ejemplifica así: “Nosotros le solicitamos a Jéssica (Serrano, la compradora de la farmacia) que cotice los productos con distintos laboratorios y distintos proveedores que tienen stock de medicamentos. Una vez que hace eso, ella nos manda todas las cotizaciones posibles. Nosotros, con Dámaris (Ávila, la otra químico farmacéutico responsable de la Farmacia Solidaria) decimos: ‘Este proveedor tiene este medicamento, que nosotros consideramos de calidad, cumple con los parámetros del bioequivalente y está a un buen precio, compremos tantas unidades’. Jessica hace la orden de compra y el laboratorio despacha el medicamento a la farmacia en los plazos que correspondan”.

Una vez que la farmacia coordina con el departamento de salud de la corporación las cantidades y calidad de los medicamentos, y el reconocimiento de los proveedores, el siguiente paso es el ingreso a los registros de abastecimiento municipal. Luego, los gastos se solicitan en el departamento de finanzas, que después registra todo al área de contabilidad, y los medicamentos llegan finalmente al sector de bodegaje de la farmacia, si es que no van directamente a las vitrinas.

El primer registro de compras que la corporación de Puente Alto tiene con el laboratorio Arama data de mayo de 2016, año en que se inauguró. Según los archivos, a los que El Desconcierto accedió por Ley de Transparencia, la primera compra fueron 200 unidades de Artrosol 500, medicamento recetado para el tratamiento de la artrosis leve y moderada. Del suplemento alimenticio Urimed no se sabría hasta agosto de 2017, poco después de un año del primer contacto de la corporación con dicho laboratorio. Unos modestos 30 frascos llegaron hasta el local a $4.150 cada uno (el doble de lo que se ofrecía en la “OFERTA IMPACTO”).

El objetivo de la farmacia es solventar el acceso a medicamentos para pacientes crónicos a costos en extremo bajos. La transacción, vista desde óptica, es llamativa: se desembolsaron $373.500 hasta antes que Arama ofreciera un descuento para junio pasado, en la compra de 3 mil unidades, a $1.790 cada una (compra que significó un gasto de $5.370.000 para la Corporación, que con la venta a $2.000 genera $630.000 de ganancia para la farmacia).

Según la ficha técnica que el laboratorio entregó a la farmacia, la propiedad de Urimed es que “ayuda en el tratamiento de infecciones del tracto urinario”. Los componentes activos son naturales (arándano rojo, vitamina C y linaza), cuya “asociación ayuda a prevenir la adhesión de la escherichia coli, una bacteria natural del colon que aparece frecuentemente en la orina en episodios de cistitis infecciosas. El cranberry posee ácidos que cumplen una actividad antibacterial en el aparato digestivo, por lo que es efectivo para tratar también diarreas e indigestiones estomacales”.

Lo que motivó la compra de este suplemento alimenticio que no requiere receta (y que se suma a la venta de bloqueadores solares, únicos dos productos que se venden sin prescripción médica), según Jonathan Vásquez, fue el “Plan nacional contra la resistencia a los antimicrobianos”.

Dicho plan consiste en una estrategia impulsada en 2017 por los ministerios de Salud, Agricultura, Economía, las sociedades chilenas de microbiología e infectología, y las facultades de ciencias veterinarias de la Universidad de Chile, Austral, de Concepción y Católica de Temuco, que tiene como objetivo “velar por la continuidad al mayor plazo posible del éxito de la prevención y el tratamiento de las enfermedades infecciosas con medicamentos eficaces, seguros, de calidad garantizada, utilizados de forma responsable, y accesibles a todas las personas que lo necesiten”, según se lee en un documento publicado por el Minsal . Para ello se tiene en cuenta que existen microorganismos que impiden que los antimicrobianos (sustancias que suprimen o impiden el crecimiento de microorganismos como bacterias, hongos y parásitos) actúen contra ellos.

En el mismo documento del Minsal se señala que “los profesionales prescriptores de antimicrobianos deben conocer y aplicar regulaciones para el uso óptimo de los antimicrobianos. El uso excesivo y muchas veces empírico de estos fármacos es uno de los principales responsables de la selección de cepas resistentes, por lo que considerar la evidencia científica disponible, no sucumbir a las presiones de los propios pacientes o a la influencia de la industria farmacéutica es un imperativo”.

Otro punto, al menos cuestionable respecto a la justificación para comprar miles de suplementos alimenticios Urimed, es que los procesos de vigilancia a la resistencia de antimicrobianos -en este caso el escherichia coli, sobre el que actúa Urimed- son puntualmente de responsabilidad de los laboratorios de microbiología.

Existen medidas y acciones que se elaboraron durante la creación del mismo plan. En aspectos generales, el documento plantea 16 estrategias, que van desde la concientización y educación sobre la resistencia antimicrobiana, la vigilancia de ella, prevención de infecciones, utilización óptima de medicamentos antimicrobianos, e investigación al respecto.

Según la información de la Farmacia Solidaria, no existe un seguimiento a quienes se llevan el Urimed, la educación preventiva haría prescindible su consumo (y más si apunta a una infección tan específica, donde el objetivo es el tratamiento paralelo al de antimicrobianos), y sobre todo, no es un medicamento, sino un suplemento que se distribuye sin receta médica ni observación de sus efecto, o de los efectos mismos en el escherichia coli.

Rendición de cuentas

La fiscalización de las farmacias populares en la Región Metropolitana está a cargo del Instituto de Salud Pública (ISP), mientras que en las regiones depende de las respectivas Secretaría Regional Ministerial (Seremi). “Hay que entender que no es una política pública”, aclara Marco Fernández: “esto de alguna forma fue un ejercicio, una iniciativa de los gobiernos locales para salir a intervenir un mercado de alguna forma abusiva”. En concreto, significa que no existe una normativa específica al respecto de su funcionamiento. Pero el avance y el alcance de este nuevo servicio ha modificado el funcionamiento normativo: en el escenario actual, según Marco Fernández, “es la institucionalidad la que se tiene que ajustar a la necesidad, y no como siempre son las políticas públicas, que se estructura toda la institucionalidad en eso (la necesidad)”.

Ese cierto vacío en la institucionalidad no contraviene los principios con los que se creó la farmacia popular hace tres años, que son “no al lucro; y asegurar tratamientos a precios justos. Yo te diría que esos son los fundamentales, porque otros objetivos que pudieran estar en discusión no se han discutido jamás, pero entendemos que el no al lucro significa no prestarse para nada que no sea distinto de la salud”, explica Daniel Jadue, alcalde de Recoleta, impulsor de la primera farmacia popular, y presidente de la Achifarp.

Sobre la compra directa a los laboratorios, Jadue es tajante: desvirtúan “absolutamente” el fin mismo de la farmacia popular. “Son un engaño; es un acto de corrupción, porque se suman a un proyecto con el cual no quieren actuar, entonces ocupan una potestad, una atribución y recursos que le han sido conferidos, que ellos dicen que ocupan para una cosa, pero es para otra”.

Para Jonathan Vásquez, el farmacéutico de la Farmacia Solidaria de Puente Alto, la realidad es otra: “De repente vienen los laboratorios y nos dicen que van a hacer un congreso de tal medicamento. Nosotros vamos estudiando, diciendo cuáles pueden tener beneficio para la gente. Acá está documentado, justificado, que realmente sirve para la prevención de la infección urinaria, previene una infección que lamentablemente los antibióticos no están haciendo efecto”, dice con el Plan Nacional impreso en sus manos.

Es un viernes de noviembre, está sentado en la oficina de Daniela Torres, la secretaria general de la Corporación Municipal de la comuna. Ambos están a punto de explicar la compra del Urimed.

La compra

Una tarde de noviembre en la Corporación Municipal de Puente Alto, Jonathan Vásquez explica que según los datos que maneja, “se estima que para el año 2035-2040 la principal causa de muerte en el mundo va a ser por infecciones”. Dicha información contrasta con un estudio hecho por el Instituto de Métrica y Evaluación de Salud (IHME, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Washington (Seattle, Estados Unidos), publicado en la revista médica internacional The Lancet. Allí se proyecta el aumento importante en las muertes por enfermedades no transmisibles, como la diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, enfermedad renal crónica y cáncer de pulmón.

Para defender la millonaria compra de miles de Urimed, explica: “Nosotros recopilamos estudios que tengo acá, que demuestran que el uso de arándano americano, de cranberry en diferentes tipos de tratamientos y prevención es sumamente útil. En Chile, y en general en el mundo, existe cada vez más resistencia a los antibióticos, y cada vez se fabrican menos tipos de antibióticos. Nosotros en la farmacia contamos con tres mil o cuatro mil pacientes con patologías crónicas, diabetes, que son susceptibles a tener infección urinaria. La mitad de los pacientes que trabajamos, que tenemos, son mujeres. Nosotros estamos constantemente estudiando el tema, vemos qué medicamentos podemos traer a la farmacia que potencialmente le pueden ayudar a la población, y dijimos el Urimed”.

En la misma oficina, frente a Jonathan, está Daniela Torres, secretaria general de la Corporación. Ella se excusa por la publicidad al suplemento: “El tema del pendón, me vas a tener que perdonar. Me molestó porque nosotros por política no hacemos publicidad. He pedido que se haga una investigación al respecto”. Sobre la millonaria compra de miles de medicamentos, dice: “Es un tema netamente económico: a menor compra, mayor precio”. Además, agrega ella, “es un suplemento que sirve a la población”.

De ello, Vásquez complementa: “Lo del pendón estamos de acuerdo, fue un error, estamos levantando una investigación, no procede. Yo te invito a que vengas a la farmacia, o a la fuerza de venta, a ver si le han hecho propaganda al producto”.

Nadie sabe quién puso el pendón ni dónde se lo llevaron. Mientras tanto, las cajas de Urimed siguen allí, apiladas tras el mostrador frente a la puerta de entrada de la Farmacia Solidaria de Puente Alto.