Estómagos malnutridos, ollas comunes, marchas, cortes de ruta, familias enteras en condición de indigencia revolviendo basureros en busca de comida, cierre masivo de pequeñas y medianas empresas, retracción del consumo y aumento del robo callejero. Ese es el panorama que impregna a la sociedad argentina tras 3 años de gobierno macrista y un pacto con el FMI que dejó la agenda económica en manos estadounidenses.

Luego de 12 años gobernados por el kirchnerismo de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, los argentinos  votaron por la vuelta del neoliberalismo que entre 1989 y 1994 dirigió al país de la mano de Carlos Menem. Así, el empresario de la alianza Cambiemos irrumpió en el escenario político con un plan que busca achicar el Estado mediante, por ejemplo, el recorte de los subsidios en servicios básicos y en áreas como salud, educación, Ciencia y Tecnología, cuestión que se vio reflejada de mejor manera en la eliminación de 10 ministerios, entre ellos los de Salud y Trabajo.

Informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV)

De esta guisa, entre 2016 y 2017 la subida de precios denominada “Tarifazo” por los trasandinos, conjugada con la devaluación del peso –la mayor a nivel mundial en 2018-  e inflación, derivaron en un empobrecimiento creciente de la población y en un ajuste al interior de los hogares que se refleja en una fuerte retracción del consumo.

Informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV)

En efecto, las consecuencias de estas políticas se reflejan de distintas formas en la vida cotidiana. El Desconcierto conversó con algunas personas que quisieron colaborar con su testimonio para dibujar un breve panorama de la crisis a partir de sus relatos.

Irma, una jubilada que vive endeudada

Irma Mendoza luego de asistir al trueque en la ciudad de Buenos Aires.

Tiene 89 años y vivió durante las épocas más inolvidables de la historia argentina: desde los primeros años peronistas de la década del 40, pasando por la dictadura de 1976 y la crisis económica del 2001 que derivó en una épica huida del presidente de ese entonces, quien abandonó el país en un helicóptero desde la flamante Casa Rosada.

Irma Mendoza relató que los tarifazos “le llegaron al alma” pues su sueldo no le alcanza para cubrir el costo de vida ya que jubila con la mínima de $7.400 netos (unos $170.000 chilenos) y paga un alquiler de $4.200 más servicios básicos donde, por ejemplo, sólo la luz excede los 8 mil pesos a la fecha, ya que cada mes aumenta en varios números.

Boleta de jubilación y cuenta de servicio de electricidad

Al mismo tiempo, Mendoza contó con nostalgia que debido a la crisis su vida cambió: recurrió al auxilio económico de su hija, compra y vende cosas con el fin de reunir dinero para pagar sus deudas y volvió al trueque que conoció durante la crisis de 2001: “Antes se podía ir a confiterías, llenar el carro en el supermercado, viajar o comer seguido en restaurantes. Hoy si almuerzo un día afuera no como una semana en mi casa”.

Empero, el caso de Irma se repite a lo largo del país. Y cabe subrayar, asimismo, que la reforma previsional aplicada a fines del año pasado trajo como consecuencia una pérdida acumulada que derivó en una jubilación por debajo de la inflación lo que genera una ineludible pérdida de la capacidad de consumo.

Camila Pereyra, una estudiante que abandonó la universidad por la crisis

Expende la ropa que ya no usan en su casa, trabaja en el comercio callejero,  vende algunos muebles de su  casa por internet y en ocasiones se ve obligada a pedir dinero prestado a sus cercanos. Todo ello para poder pagar las cuentas y medicamentos que cada día tienen un precio más alto. Este semestre abandonó el estudio y diariamente se esfuerza para poder retomarlo.

 

Según un informe publicado por el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), los precios de los medicamentos en Argentina crecieron un 188% en los últimos tres años.

Esa es la vida de Camila Pereyra, una joven de 26 años que cursaba su segundo año de profesorado en lengua y literatura en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) y trabaja en su casa donde mantiene un taller textil en el cual realiza las terminaciones de prendas entre 4 y 20 horas por día según la demanda.

A Pereyra y su familia, las cifras económicas les cambiaron la vida. Portadora de una enfermedad infectocontagiosa curable, Pereyra contó a El Desconcierto que en su casa es una necesidad comprar medicamentos debido a su enfermedad y a la anemia de su madre, sumado a la bronquitis y el broncoespasmo que padece su abuela. Sin embargo, el dinero no alcanza. Incluso, narró: “mi abuela se enfermó porque no teníamos plata para pagar la calefacción que ella necesita”.

“El tarifazo nos impidió utilizar la calefacción y hacer sacrificios para poder pagar las facturas. Además con la suba del pasaje  (de transporte) y la inflación, muchas veces no pude cargar la Sube (tarjeta de transporte similar a la BIP de Santiago) para llegar a la Universidad, ni comprar textos de estudio, menos aún comida en la UNGS”.

Al mismo tiempo, la crisis económica también tiene su coste psicológico: “Estoy con muchos ataques de ansiedad, lo que además me cuesta tratar ya que es otro gasto en medicamentos. Todo esto nos dificulta alimentarnos bien como familia. A veces un tío nos trae atún y un amigo me invita a almorzar para comer más proteína”.

Aunque no hay cifras públicas oficiales, el caso de Camila también es un ejemplo ilustrativo de una deserción universitaria acrecentada en los últimos años, en gran medida, debido al aumento del costo de vida lo cual empuja a un abandono paulatino de los estudios para buscar un ingreso económico mayor con el fin de sostener el costo de vida.

Nuria Yabkowsi, una voz docente en representación de la Universidad pública

Es socióloga, Magíster en Investigación en Ciencias Sociales y doctoranda en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Trabaja desde 2011 en la Universidad Nacional de General Sarmiento (Provincia de Buenos Aires) y actualmente ocupa el cargo de Secretaria General de la Asociación Docente (ADIUNGS) en esa casa de estudios.

“El ajuste en el presupuesto universitario se hace a través de la inflación,  la demora en el envío de los fondos para gastos de funcionamiento y en el congelamiento de las obras de infraestructura. Los presupuestos asignados no se actualizan al valor de la inflación por tanto el dinero asignado en 2016 no alcanza para cubrir el dinero necesario para 2018”, expresó Yabkowski a El Desconcierto.

Asimismo, dijo que debido a este ajuste la UNGS recortó la inversión en equipamientos científicos y tecnológicos junto con las salidas a congresos internacionales a los cuales la universidad es siempre está invitada debido a su aporte en el desarrollo de la investigación.

Desde 2016 se levantó un Plan Nacional de Acción por la defensa de la educación pública que, a través de  paros, movilizaciones y clases públicas organizadas por diversos sindicatos y federaciones estudiantiles, exigen aumentos salariales docentes por sobre la inflación,  regularización de docentes contratados y Ad Honorem, mayores presupuestos universitarios, cese de recortes en educación pública, entre otras cuestiones, en medio de un recorte educativo debido a decisiones impulsadas desde el gobierno.

Elio Criniti, un pequeño empresario que se resiste a cerrar su negocio

Las pequeñas y medianas empresas nacionales son otras víctimas de la crisis. Elio Luis Criniti es dueño de una pequeña pyme de ropa en Lomas de Zamora (Provincia de Buenos Aires) llamada “Ariel Alberto Ferrari”. Casado y padre de dos hijas, lucha por mantener su emprendimiento en pie: “Si antes me compraban tres remeras (poleras), hoy me compran una, la crisis aumenta y se pierde el consumo”.

Con tristeza, Criniti relató a El Desconcierto que gracias a su trabajo recorrió lugares como Roma o París, y los fines de semana salía junto a su familia a las costas argentinas. Pero, hoy está enfocado en la resistencia de la pyme, donde tomó diversas medidas para evitar su cierre. “En invierno trato de prender poco las estufas y apago la mayor cantidad de luces posible”. Asimismo agregó que, por la baja en las ventas, redujo su personal de trabajo de 12 a 5 personas.

Debido a la parcial apertura de la importación y la devaluación de la moneda nacional junto con la pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos, muchas empresas quebraron o bien se mantienen en estado crítico, con cifras a la baja y disminución de sus plantas de trabajadores. 94.500 personas perdieron sus empleos en los primeros cuatro meses de 2018 según un balance realizado por el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) del Ministerio de Trabajo.

En junio de 2018 el jefe de Gabinete, Marcos Peña, asumió en el Congreso que durante el gobierno de Mauricio Macri desaparecieron 4.787 empresas pymes sólo entre el 2016 y 2017.  Así pues, en septiembre, el mismo presidente dijo que en Argentina “hay una transición que nos toca atravesar, nos toca ser la generación que encare los problemas de fondo”. De la misma manera y al igual que otros años, desde el macrismo se prometió un repunte económico futuro con miras a las elecciones presidenciales y parlamentarias que serán disputadas en octubre del año próximo -luego de las primarias de agosto- donde Mauricio Macri (hasta ahora) buscará la reelección y al interior del kirchnerismo se debate una posible candidatura de la ex presidenta Cristina Fernández.