Señores de LATAM,

Me dirijo a ustedes tras leer el último número de su Revista Vamos, donde se promociona a Tel Aviv como el nuevo destino de la compañía. Quiero manifestar un profundo repudio a como está escrito el reportaje. Realmente parece que lo hubiera escrito el propio Gobierno de Israel para hacer publicidad, no una aerolínea chileno-brasilera. Expongo a continuación las razones que me llevan a sostener dicha afirmación.

En primer término, como ustedes efectivamente lo sostienen, Tel Aviv es una ciudad de tan solo 109 años. Lo que no sostienen que es que se funda en 1919 en el contexto de la colonización sionista de Palestina, la cual se institucionalizó en 1948 con la creación del Estado de Israel. Para eso, en 6 meses se desarraigó por medio de la fuerza a la mitad de la población nativa de palestina, los palestinos, siendo algunos de ellos expulsados y otros asesinados. 530 aldeas y 11 barrios urbanos fueron destruidos. El objetivo era limpiar étnicamente Palestina: que de árabe pasara a ser judía, principalmente judía europea. Este afán racista que ha inspirado al Estado de Israel desde su creación ha impedido que hasta hoy regrese esa población y sus descendientes a Palestina, quienes son refugiados en los países vecinos y han estado expuestos a las peores masacres, como la de Sabra y Chatila. Se trata de cerca de 5 millones de personas actualmente, de acuerdo a los registros oficiales de Naciones Unidas.

La forma en que está escrito su reportaje muestra abiertamente dicho afán racista y colonial del sionismo, la ideología que crea Israel y que hasta hoy constituye el pensamiento hegemónico allí. A la cual ustedes adscribirían por lo que se colige de este reportaje. Me explico. La invisibilización de los palestinos, despojados de sus propiedades y de su patria, queda muy clara en el discurso oficial israelí, donde los árabes y lo árabe queda reducido a una suerte de minoría que solo sirve para mostrar a Israel como un ambiente multicultural siempre que le convenga. La gastronomía que aparece en su reportaje, la antigua ciudad de Jaffa, todo eso es palestino. Sin embargo, no hay palestinos en el reportaje. Los palestinos en lo que ustedes entienden por Israel están viendo violados sus derechos humanos al no ser ciudadanos con derechos igualitarios, al ver negada su historia y su idioma en los planes educacionales, y, de forma especialmente cruel, al no poder volver a su casa las 5 millones de personas a las cuales me referí antes, en abierta contravención de la Resolución 194 de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Para qué hablar entonces de Gaza, sometida a un bloqueo por Israel desde hace 12 años, cuya población civil es colectivamente castigada siendo consecuencia de ello una crisis humanitaria severa. Como han constatado Relatores Especiales de la ONU y misiones de este organismo en terreno, en Gaza Israel comete crímenes de guerra en el contexto de la comisión de crímenes contra la humanidad. ¿Y saben qué? Gran parte de la población que es víctima de estos crímenes es originaria de lo que ustedes llaman Tel Aviv. Pero no pueden ir allí a disfrutar de los avances tecnológicos ni del falafel ni de la arquitectura porque Israel no les permite salir de Gaza. No se los permite aunque tengan cáncer o estén heridos, mucho menos para ir de vacaciones.

Los que tampoco pueden ir a Tel Aviv son los palestinos que viven en Cisjordania, sometidos a un régimen de apartheid, como lo han considerado los Relatores Especiales de la ONU en sus informes desde 2007. La ocupación militar prolongada de la cual son víctimas, el muro que los separa entre sí, la construcción de asentamientos judíos, etc. ha sido condenada por el Consejo de Seguridad y la Corte Internacional de Justicia, dos instancias fundamentales en el seno de la ONU. Lo que hacen ustedes con este reportaje es lo mismo que si estuvieran promocionando visitar la Ciudad del Cabo en la Sudáfrica de entre 1948 y 1994, lavando la cara al apartheid y avalando que las personas negras fuesen legalmente reducidos a ser la mano de obra de los blancos. Es como si estuvieran invitando a ver el Chile de Pinochet durante la dictadura cívico militar, cuando en este país se cometían crímenes contra la humanidad. Escriben ustedes al respecto que todo es atractivo y perfecto, normalizando así dichos crímenes. Permítanme las analogías porque es lo mismo.

Es más, señores de LATAM, y ahora abordo la segunda gran razón que me motiva a escribir esta carta. Ni siquiera los propios chilenos de origen palestino somos admitidos a entrar a Palestina, ni siquiera a la Palestina ocupada en 1967, régimen de ocupación, que, como referí antes, es ilegal de acuerdo al Derecho internacional. Innumerables ciudadanos chilenos, por tener origen palestino, hemos sido sometidos a interrogatorios interminables en las fronteras, los cuales han resultado en deportaciones de varios de nosotros, todavía cuando los ciudadanos israelíes entran a Chile sin problemas. Israel no respeta las reglas, ni siquiera la reciprocidad en las relaciones internacionales.

En conclusión, para lo único que podría servir realmente esta nueva ruta aérea que su compañía inaugura, sería para llevar a los refugiados palestinos de vuelta a su casa o a la diáspora palestina aquí en Chile a conocer la tierra de nuestros abuelos. Lo primero es, no obstante, imposible y lo segundo es impredecible pues depende de la voluntad de los funcionarios de turno en cada frontera. Todo eso se debe al Estado de Israel, que lleva 70 años violando impunemente la legislación internacional. Ustedes, con esta nota, están siendo cómplices de ello.