El enorme Winston Churchill proclamó que “cada vez que Gran Bretaña tenga que decidir entre Europa y el mar abierto, decidirá siempre el mar abierto”. En estos días se presenta la paradójica situación en que para Gran Bretaña el mar abierto es precisamente Europa.

Efectivamente, los propios partidarios del Brexit hoy se suman al rechazo del acuerdo de salida arduamente negociado por el gobierno británico, ya que se dan cuenta que ese pacto amenaza su integridad territorial e intereses nacionales. Esto, porque de aprobarse ese acuerdo la nueva frontera de la UE estaría en el límite entre Irlanda del Norte (que es parte del Reino Unido) y la República de Irlanda (Estado miembro de la UE), lo cual está vedado por el Acuerdo de Belfast de 1998, que puso término al conflicto de Irlanda del Norte. Este acuerdo, ratificado en referendos ciudadanos, contempló la supresión de restricciones en la frontera irlandesa, lo cual llegaría a su término con el acuerdo del Brexit, ya que Reino Unido saldría de la Unión Aduanera, restableciéndose las restricciones fronterizas; aquellas barreras tan anheladas por los defensores del Brexit. ¡Aquí precisamente encontramos la paradoja!. Aquí radica la imposibilidad de aprobar en el Parlamento Británico el acuerdo de salida.

Detallar lo que fue la campaña en favor del Brexit requiere más tiempo del previsto para esta columna, pero la mayor parte de los argumentos se basaron en falacias (fake news) destinadas a manipular a los ciudadanos destacando los defectos de la UE y reforzando el nacionalismo y la necesidad de protegerse de peligros como la inmigración, el terrorismo, las crisis económicas y un listado de amenazas siempre a mano de líderes populistas e irresponsables que escasamente advirtieron a sus ciudadanos de los efectos reales que la salida de la UE tendría para su nación.

El Presidente de la Comisión Europea ha señalado que no se volverá a negociar la salida de Reino Unido, y que los términos del acuerdo alcanzado no se van a modificar. Pero hace pocos días el Tribunal de Justicia de la UE aseguró jurídicamente a la gran isla la posibilidad de desistirse del Brexit, estableciendo en su sentencia que no se requiere aprobación del resto de Estados miembros y sin requisitos mayores que una declaración formal. Con ello el Tribunal de Luxemburgo le está dando la oportunidad al gobierno conservador de Theresa May de honrar la suprema frase “Brits don’t quit”, que los ha mantenido como parte (no siempre entusiasta) de un proyecto titánico, que a pesar de las dificultades y ataques persiste en su tarea de asegurar un espacio de paz para sus ciudadanos, que es donde radica la verdadera soberanía.


Académica de la Universidad de Atacama, ECSA Chile.