La campaña por el Día 19 de Diciembre como el día contra el femicidio es en memoria de una niña que intervino en defensa de su madre. Una niña feminista, porque el feminismo involucra las vidas de las niñas y las mujeres, nuestras actuaciones y nuestra memoria.

El 19 de diciembre de 2005 Javiera fue lanzada por la ventana de un séptimo piso por Alfredo Cabrera Opazo, su femicida, quien fue condenado casi dos años más tarde  a 40 años de cárcel sin beneficios. Creo fundamental subrayar que esa condena no respondió a la voluntad del Estado chileno, sino a la presencia confrontacional de la denuncia feminista callejera y a los sólidos alegatos basados en los tratados internacionales que condenan la violencia hacia las mujeres de la abogada feminista Patsili Toledo. Esto, en un tiempo en que no sólo el Estado chileno, sino las izquierdas chilenas, burlaban todo argumento feminista.

Nosotras estuvimos, desde enero de 2006, cada día 19 de cada mes en la calle y sin permiso, como era una de nuestras consignas, denunciando el femicidio de Javiera y la violencia patriarcal contra las mujeres y las niñas. Fue así hasta que el femicida fue condenado, y más tarde por casi 10 años, todos los días 19 de diciembre de cada año estuvimos confrontando la violencia patriarcal.

Elegimos el centro de Santiago (Ahumada con Huérfanos) en los horarios de salidas del trabajo de las mujeres asalariadas, en los horarios de paseo de las pobladoras, que a falta de plata y panoramas mejores, acudíamos al centro con nuestras familias los días festivos. También fuimos a ferias libres y conversamos con las caseras y las vendedoras. Esas eran nuestras interlocutoras válidas y no el Estado chileno.

Estas acciones políticas también sucedieron en los tribunales durante todo el juicio. En febrero de 2007, nos acompañaron decenas de participantes del VII Encuentro Lesbofeminista Latinoamericano y Caribeño que se celebró en Santiago. Es probable que las instituciones calcularan que febrero es “un mes muerto” para las causas políticas (andan de vacaciones, en un país que se endeuda para “veranear”), pero fallaron, porque lesbianas feministas y feministas de distintos territorios –negras, aymaras, racializadas– todas autónomas, exigimos ese 2007 justicia para Javiera.

Una memoria invisibilizada

Esta memoria es la de un activismo feminista autónomo invisibilizado. Incluso hoy –desde los feminismos que parecen más visibles–, se habla de “la memoria feminista” como si fuese un ente abstracto, disimulando, por así decirlo, (aunque hay gran cantidad de material en internet y diversas páginas), que “Memoria Feminista, Feministas Autónomas” fue una colectiva de mujeres concretas con propuestas políticas definidas coordinándose con lesbianas feministas y otras organizaciones. Así surgió la Coordinación No Más Femicidio, totalmente autogestionada, de la que formaron parte la Colectiva lésbica feminista Moiras, Colectiva lesbo-muro-batu-activista Las Perlitas (º), Brigada de acción feminista Las Kallejeras, brigada muralista La kuneta de La Victoria, Grupo de teatro Catalejo y muchas feministas “sueltas”, algunas que hoy son parte de Ni Una Menos y de otras colectivas de al menos Santiago, Valparaíso y Arica.

No éramos neutrales, ni de partidos políticos, ni apoyamos nunca instancias parlamentarias, académicas o de “género”. Fuimos un puñado de mujeres que ya antes del femicidio de Javiera, denunciaba al Estado chileno por perseguir a las comunidades mapuche en resistencia, por racista, neoliberal, capitalista y patriarcal. Feministas que denunciábamos a la APEC y la impunidad en las violaciones a los Derechos Humanos.

Es un feminismo político que confrontaba –y confronta en lo que a mí respecta hoy desde el lesbofeminismo antirracista– a un feminismo partidario e inscrito en los gobiernos de turno. Jamás fuimos una “causa ciudadana”, sino una propuesta lesbiana y feminista de clase, antirracista y autónoma.

Nunca hemos clamado por “seguridad”

“Victimato” es un término que desarrolla Beatriz Gimeno, escritora y activista lesbiana feminista española para denunciar la utilización que hace la derecha política (en su Estado europeo), de los crímenes contra las mujeres. Explica que a sus gobiernos “cualquier dolor” les sirve “para aprovechar de sostener sus tesis de “inseguridad” y así legitimar sus dispositivos de “seguridad policial y ciudadana”. Algo bien conocido en nuestro territorio (especialmente en Wallmapu): la aplicación de los intereses del colonizador por parte de la clase criolla (siempre encargada de continuar la invasión).

Quienes acompañamos a Claudia Neira Oportus (mamá de Javiera), sobreviviente y también compañera feminista que consideró ese acompañamiento un proceso político necesario, nunca clamamos por “seguridad policial”. Al revés: denunciamos la represión del Estado policial chileno contra anarquistas, okupas, pobladoras organizadas y comunidades mapuche. Lo hicimos públicamente. Hay comunicados, volantes, consignas, lienzos que lo revelan.

La Coordinación No Más Feminicidio, de lesbianas feministas y feministas autónomas, explicaba por medio de instalaciones callejeras, acciones teatrales y guiones a viva voz,  que la violencia contra las mujeres y el femicidio no son “hechos privados”, ni “un problema de educación”, sino violencia estructural, pública y masiva, organizada institucionalmente; no sólo “familiar” ni solamente “de pareja íntima”; una estrategia patriarcal cuyas formas de violencia afectan el equilibrio emocional de las mujeres y niñas, siempre. También declarábamos que el objetivo de la violencia patriarcal es la explotación de las mujeres en todos los ámbitos.

Unas mujeres con lienzos artesanales

Las acciones de los 19 de Diciembre han sido un proceso político en torno a un hecho de violencia machista local acompañando a una mujer sobreviviente. No fueron acciones apuntando exclusivamente hacia lo legislativo y mediático. Recuerdo los gestos de burla de periodistas de canales de tevé abierta cuando hablábamos y, a pesar de ello, solicitaban, esperaban y transmitían en vivo “la cuña”.

Éramos mujeres raras que no hablábamos rogando, y que gritábamos que no sólo los agresores, sino los medios, los jueces y los gobiernos, nos violentan. No éramos artistas e interveníamos el descampado del Mall de la Justicia santiaguina y las calles céntricas con acciones como novias ensangrentadas –o sea violentadas por el matrimonio–, con la escultura de una mujer construida con los rostros de las detenidas desaparecidas y las ejecutadas políticas de la dictadura, con unos ovarios de esponja estrangulados por un rosario y una cruz. Vestidas de negro, con lienzos morados que decían “La violencia contra las mujeres viola los Derechos de las Humanas”, “Alfredo Cabrera Opazo no estás loco, eres un femicida”… No explicábamos el “fenómeno psicológico” de los agresores para comprenderlos. No éramos “expertas” y confrontábamos al Sernam y su ley de violencia intrafamilar (VIF). Y podíamos hacer todo esto porque estábamos hablando acerca de nosotras mismas, pero no era un relato privado y particular, por eso subrayábamos: “Somos autónomas de todos los partidos políticos, de todas las instituciones privadas y públicas, de todas las ONGs, del Estado y de cualquier gobierno”. Algunos periodistas destacaban en sus notas: “con lienzos artesanales un grupo de mujeres feministas…”.

También, a lo largo de ese proceso, organizaciones autónomas e institucionales que veníamos activando por separado desde los 90, nos aliamos coyunturalmente. Y es por todo este accionar, por el activismo callejero, la información autónoma y los estudios y comunicaciones de instituciones feministas, que hoy “crimen pasional” suena anacrónico, mientras es posible nombrar el femicidio como lo que es.

Sin ingenuidad, las instituciones seguirán actuando a favor de los privilegios de clase, raza y género, sin embargo, el proceso político del Día 19 de Diciembre, es un precedente político que trizó la tranquilidad impune del patriarcado criollo. Mostró que hay medidas de justicia legal que son posibles con presión y denuncia feminista; sin grandes masas alineadas con los parlamentos, sino con activismo político organizado y autónomo, anticapitalista y antirracista. Y aunque el femicidio como genocidio no deja de ser impune por la condena a uno o varios feminicidas, el del Día 19 de Diciembre ha sido un proceso que fortalece la historia política de muchas, trabajadoras, pobladoras, estudiantes, con o sin hijos, niñas, jóvenes, adultas y viejas.

Las humanas no somos universales, pero el patriarcado nos universaliza utilizando la violencia contra las mujeres de diversos pueblos y territorios.

El Día 19 de Diciembre es también la memoria de interrogantes sin respuestas: ¿Qué amaría y qué rebeldías serían las de Javiera de 19 años hoy, una joven que creció entre feministas y con la memoria familiar de su abuelo, padre de Claudia, ejecutado por la dictadura?  Son millones de madres, mujeres y jóvenes quienes cargan estas heridas en varios territorios de Nuestra América, y es posible que distintas mujeres de diversos territorios quieran y puedan sentirse identificadas con esta memoria política, íntima y colectiva.


Terapeuta, escritora, lesbiana feminista wallmapu