Ad portas del 2019, el Año Internacional de las Lenguas Indígenas, según la Asamblea General de la ONU, un hecho ocurrido en el matinal La Mañana de CHV nos hace reflexionar acerca de la manera en que los comunicadores y los medios de comunicación cubrirán este año, tan importante para todos los que hablamos y estudiamos alguna lengua indígena. El viernes 28 de diciembre, pasadas las 9 de la mañana, mientras el panel de comunicadores  comentaba la agresión sufrida por cuatro carabineros en las postrimerías de una marcha realizada en Santiago en repudio al asesinato del Camilo Catrillanca, el perito criminalístico Francisco Pulgar manifestó su indignación frente a quienes toman la bandera mapuche para su beneficio personal o para justificar hechos de violencia como este. Defendiendo esta postura, entrega la siguiente anécdota:

“A mí me pasó en una feria costumbrista tiempo atrás, había un artesano con su bandera mapuche y me presenté: ‘mari mari kom pu che, iñce Francisco Pulgar pigen, tañi tuwvn Lewfv, Maw Lewfv’, ¿tú sabes si él me dijo algo? –No, yo no sé mapuzugun. ¿Entonces por qué tiene la bandera? ¿Conoce un poco de la historia, del tema mapuche? O sea hay gente que toma la bandera, que se apropia de la identidad del pueblo mapuche y ni si quiera conoce su historia. Eso a mí me indigna”.

De esta forma, el perito criminalístico rompe, sin aviso, con el monolingüismo profundo de los medios de comunicación chilenos. Frente al tratamiento dado a la lucha mapuche desde la lengua y la cultura dominantes, irrumpe con un calintukun (saludo y presentación) en mapuzugun, es decir, con una manifestación lingüística y cultural propia de un pueblo históricamente oprimido y silenciado. Ante este gesto de apertura, el resto de comunicadores responde con indiferencia y falta de empatía; ante lo desconocido, lo proscrito, los periodistas contestan con generalizaciones que ocultan el bello gesto inclusivo de Pulgar: la apropiación cultural es un fenómeno muy extendido en Chile (y no exclusivo de lo mapuche).

Por hechos como este es que creemos que, en la actualidad, la formación intercultural de los comunicadores es una necesidad y una exigencia del siglo XXI, un mundo atravesado por la diversidad cultural, la articulación y conexión de lo local con lo global. Entendida la interculturalidad como el diálogo entre diferentes, los periodistas, amulzugufe, y comunicadores pueden ayudar a crear una atmósfera que promueva la cooperación y el entendimiento entre las diferentes culturas y pueblos, si son formados con ética intercultural; o hacer lo contrario, en el sentido de reproducir la exclusión de lo diferente mediante la comunicación sesgada basada en los paradigmas de una cultura que se asume superior.

Cuando un comunicador no cuenta con las habilidades para una comunicación intercultural, no produce una comunicación efectiva; más bien reproduce la negación del otro. Un ejemplo de ello es el discurso público de Secretaria General de Gobierno Cecilia Pérez, quien lanzó el discurso falso del gobierno respecto al asesinato de Catrillanca y hoy, aunque se retracte, como le dijo Macelo Catrillanca “falta el respeto a su familia”, porque mintió y hoy su autocrítica no sirve si no hay hechos que generen el punto de quiebre; distinto sería si ella y el gobierno se acercaran a la familia. Además, “no mentir” es parte de la ética de rigurosidad que la cultura mapuche tiene con la palabra, y es parte de la norma de la cultura. Si los mapuche hubieran usado la palabra falsa su cultura, ya hubieran desaparecido; por el contrario, su filosofía está tan vigente y plena debido a esta ética. El hecho quedó demostrado, una vez más, con el caso Catrillanca: la comunidad y sus líderes jamás mintieron.

La comunicación intercultural requiere habilidades como la sensibilidad y empatía hacia el otro, conocimientos básicos sobre ese otro y, sobre todo, información y respeto a los derechos del otro; entre ellos, la valoración y el reconocimiento del idioma del otro. Estos elementos permitirían construir los cimientos para una comunicación efectiva. Si la ética comunicacional convoca a trabajar con la verdad, con la investigación rigurosa, los comunicadores están llamados asumir una postura ética e intercultural para ejercer su profesión en el contexto de diversidad en que vivimos y, sobre todo, para contribuir al respeto de los derechos humanos.

Por otro lado, al Estado le corresponde garantizar la libertad de expresión, (Art.  12º de la Constitución), que significa, en el caso de los pueblos indígena, el derecho a usar y comunicarse en sus lenguas originarias,  así como el ejercicio de la libertad de emitir opinión y la de informar, sin censura previa. Avanzar en esta dirección significaría poner fin a la injusticia que significa que el 12% de la población nacional no pueda expresarse  –aun en pleno siglo XXI–  en su propia lengua, y sí está obligado a hacerlo en la lengua impuesta por la mayoría que heredó la lengua del colonizador; esta obligación  hacia los pueblos indígenas compromete su libertad, su honra, sus bienes. Ello quedo en evidencia cuando el Diputado Ignacio Urrutia (RN) se burló de la Diputada Emilia Nuyado en la interpelación al Ministro Chadwick por el asesinato de Camilo Catrillanca; la expresión de Urrutia faltó a la honra de Nuyado. Es preciso el reconocimiento de los derechos lingüísticos de los pueblos indígenas; no es justo que una parte de la población esté obligada a hacer uso del idioma castellano porque su idioma propio no tiene validez jurídica, cultural, ni social. La sociedad en su conjunto y los pueblos indígenas esperamos que las instituciones o los poderes públicos estén  a la altura de los tiempos actuales: vivimos en sistemas democráticos en los cuales el respeto de los derechos humanos debe ser de manera efectiva, que todas las personas puedan gozar y disfrutar de los derechos humanos sin discriminación.

Por las causas señaladas, junto con la castellanización forzada ejercida por la escuela, la actual situación de las lenguas indígenas es desfavorable: las lenguas fueguinas –el yagan, selknam y kawesqar– están en grave estado de desaparición, mientras que las lenguas aymara, quechua, rapanui y mapuzugun gozan de una relatividad relativa, sin garantías políticas para su preservación. El mapuzugun es hablado por el 10% de su población y el rapanui por el 30%, aproximadamente. La negación de los idiomas originarios del territorio ha sido histórica: fueron consideradas formalmente por la institucionalidad chilena recién en 1993, a partir de la dictación de la  Ley N. 19253 o Ley Indígena.

Hemos de esperar que los medios de comunicación como la televisión, la prensa escrita y la radio lideren y lleven a la práctica los planteamientos de la comunicación intercultural, si es que verdaderamente quieren hacer un trabajo basado en la ética y el respeto a la diversidad. Hoy es más que necesaria su contribución a la verdad, pero también su compromiso con el rescate y la valorización de las lenguas indígenas; la sociedad chilena necesita educarse, escuchar cómo suenan nuestras lenguas.

Nuestro deseo de Año Nuevo occidental es que, en el Año Internacional de las Lenguas indígenas, se multipliquen los esfuerzos por introducir el mapuzugun y las lenguas indígenas de Chile en los medios de comunicación, tal como lo hizo Francisco Pulgar en el matinal de Chilevisión.

PEWMAGELE AMULEAY IÑ ZUGUN, KA KVME FELEAYMVN PU LAMGEN KA PU KA XIPACE.