El 4 de diciembre pasado, revelando las verdaderas razones de la renuncia forzada de la entonces Jefa de Programa Nacional de Prevención y Control de VIH/SIDA e ITS del Ministerio de Salud, llamé al ministro Emilio Santelices Cuevas a asumir su propia responsabilidad política en la profundización de la grave crisis en VIH/SIDA que vive nuestro país, una crisis que cada día se acrecienta más y que –incluso- las mismas autoridades sanitarias han advertido agravará con el tiempo. En esa oportunidad, advertí que era “hora de que el ministro Emilio Santelices se quite la careta de cercana autoridad sanitaria que besa enfermos y visita hospitales asumiendo su propia responsabilidad política en la grave crisis del VIH/SIDA en Chile”.

Lo señalado no era una caricatura conceptual y/o arrebato columnista de una marica activista caprichosa sino la evidencia política de que estamos frente a una autoridad del Gobierno de Chile que usa (y abusa) de la salud pública como un trampolín mediático para conquistar un cómodo y bien pagado puesto en la Cámara de Diputados.

Ya lo escribió el analista político Francisco González Lozada en Crónica Digital cuando afirmó: “El ministro pareciera no querer aprender; piensa que estando presente en Twitter, Facebook e Instagram las cosas marchan bien. Su departamento de comunicaciones debería advertir al ministro que esos son mundos virtuales, intangibles y que un ministro en redes tiene el mismo peso que un avezado twittero. Lo más probable es que su evidente ambición de competir por un cupo parlamentario le esté jugando una mala pasada. Esto último, resultó evidente después de ver sus grandilocuentes frases para la galería cuando fue interpelado por la diputada Dra. Marcela Hernando. Más aún, mintió tanto durante esa interpelación que mostró cualidades políticas que se le desconocían”.

Las promesas incumplidas, las mentiras en la cara de la sociedad civil e incluso de parlamentarios de la Comisión Salud, sumado a las volteretas olímpicas en alarmantes cifras de VIH/SIDA del Dr. Emilio Santelices, no parecen ser de un político aficionado ni mucho menos de una “autoridad ingenua”, como lo calificó cariñosamente la doctora Izkia Siches, presidenta del Colegio Médico, entrevistada por Rayen Araya para El Desconcierto en Súbela Radio. Mi corta pero intensa relación con el ministro Emilio Santelices me permite calificarlo como un ambicioso e inescrupuloso funcionario público que comienza -poco a poco- a disfrutar de las luces de la TV, el reconocimiento público y el auto con chofer incluido.

A Emilio Santelices Cuevas lo conocí en el comando del entonces candidato Sebastián Piñera. Recuerdo encuentros estratégicos, políticos que ahí se mostró cercano y amable, incluso con las compañeras trabajadoras sexuales, escuchando y anotando, más que ofreciendo. Se trató de una reunión con activistas del VIH/SIDA que compartimos nuestras sentidas demandas en salud pública de poblaciones vulnerables, especialmente en VIH/SIDA e ITS. Lo mismo hicimos con la candidata Carolina Goic, Marco Enríquez-Ominami, Alberto Mayol y el comando del candidato independiente Alejandro Guillier. Se trató de encuentros estratégicos, políticos e importantes que implicaron ser absurdamente tildados de “vendidos”, “derechistas” y/o “izquierdistas meistas”, todo dependiendo evidentemente de la cercanía política demostrada en cada cita. Nuestros objetivos fueron siempre dialogar, informar e incidir en mejoras las políticas públicas en VIH/SIDA e ITS que comenzaban a demostrar un fracaso profundo desde 2008.

Ya lo sabemos. Sebastián Piñera ganó las elecciones en 2017 prometiendo “tiempos mejores”. En ese marco de cambio político “mejorado”, Emilio Santelices, acompañado de su asesor en VIH/SIDA Carlos Beltrán Buendía, arribó finalmente al Ministerio de Salud prometiendo escuchar a la sociedad civil organizada e impulsando juntos cambios en la política pública, designando como Jefa del Programa Nacional de Prevención y Control del VIH/SIDA e ITS a la experta en salud pública, enfermera Ana María San Martín.

El trabajo con San Martín fue rápido, ella conoce el tema desde los años 80, contemplando diversas reuniones, demandas varias y muchas, demasiada labor por hacer. Es claro, evidencia programática, que todo lo que ahora se exhibe como avances estratégicos en planificación (condones femeninos y PrEP) fueron parte del trabajo señero de la ex Jefa de Programa Nacional y no necesariamente del impulso político del Ministro de Salud. Todo lo contrario. El ministro de Salud junto a su asesor técnico en VIH/SIDA, conspiraron para desconocer el trabajo de la sociedad civil, neutralizando las funciones propias del Programa Nacional de VIH/SIDA del Ministerio de Salud porque este departamento había cambiado las reglas del juego, comprando medicamentos para el VIH/SIDA abaratados a través de un beneficioso convenio marco OPS/OMS y no mediante contrato directo entre el Minsal y los laboratorios farmacéuticos como era históricamente y como desea mantener vigente Santelices y Beltrán. “Conflicto de interés”, denunciamos oportunamente. 

Hoy nos encontramos con un ministro desatado, hostil y patrañero que no trepida en engañar a la opinión pública. Publicita como propio el cambio y actualización de las terapias para el VIH/SIDA cuando esa política pública tiene su origen en el segundo mandato de la presidenta Michelle Bachelet y anuncia la creación de nuevos centros de VIH e ITS, centros que nadie conoce. Es peor aún. Hace unos pocos días presentó como novedad un estudio de comportamiento sexual de hombres que tienen sexo con hombres realizado por el Movilh, omitiendo un dato no menor y escandaloso: El estudio fue financiado por la empresa farmacéutica internacional. El mismo laboratorio británico GlaxoSmithKline que se lleva la segunda cantidad de dinero más alta en compra de medicamento por CENABAST y la mismísima mega empresa que financia las actividades corporativas de Sida Chile, la organización médica que lidera su asesor personal en VIH/SIDA, el polémico y cuestionado doctor Carlos Beltrán Buendía.

Lo grave e inquietante aquí es que el ministro Emilio Santelices señaló a la Cámara de Diputados que no viajó ni participó en la Conferencia Internacional del SIDA en la ciudad de Ámsterdam porque era “financiada por la industria farmacéutica”. Sin embargo, ahora no tuvo escrúpulos para posar para las cámaras con el grupo Movilh, auspiciado por la misma industria farmacéutica que usa estos estudios probabilísticos para lucrar con recursos públicos en los momentos más críticos de la salud como es ahora la grave crisis del VIH/SIDA en Chile.

Este 31 de diciembre cerramos el 2018 con el último desacierto del ministro candidato. En un esfuerzo por demostrar eficacia y aparecer en los medios de comunicación ofreciendo soluciones concretar a una crisis que no sorprende, Emilio Santelices lanza una campaña comunicacional terrorífica repleta de errores, falacias y sin sentido, una campaña pública apoyada por el Movilh en oportunista acuerdo con el Ministerio Secretaria General de Gobierno que avala sus actividades corporativas. Es cierto que toda campaña publicitaria tiene su sentido y que no existe publicidad mala pero otra cosa distinta es presentar una campaña de opinión pública que busca crear temor en la población, estigmatizando y criminalizando a las personas que vivimos con VIH/SIDA. No somos delincuentes sexuales, no somos “portadores” de ningún “mal”, ni mucho menos somos agentes contagiosos caminando en libertad.

Lo señalé este domingo 30 de diciembre cuando el abogado especialista en derecho a la salud Esteban Arévalo me compartió la última apuesta comunicacional del Ministerio de Salud. Inmediatamente advertí el carácter “policiaco” de una campaña que “no acerca el test rápido sino que usa (abusa) con rostros de personas, algunas de ellas VIH, planteando terrorífico desafío: “Tienes 10 segundos para descubrirlo”, escribí. De inmediato, en menos de 10 segundos, comenzaron las lapidarias reacciones que -hasta este minuto- no han parado. La gran mayoría de las voces cuestionan y critican el enfoque atemorizante y mensaje criminalístico de la oscura pieza publicitaria, siendo la reacción de Fundación Iguales la más notoria al señalar que “esta campaña plantea el VIH como una intriga, algo sospechoso que debe ser develado. Esta perspectiva es contraria al enfoque de derechos humanos que debería tener una campaña sobre VIH/SIDA. Estigmatizar a las personas seropositivas no es el camino”.

Mucha fuerza a los compañeros y compañeras de la sociedad civil que participaron en esta campaña publicitaria sin advertir el grave riesgo de estigmatizar pública e irreparablemente a nuestra comunidad seropositiva, una amplia comunidad de personas que viviendo (y luchando) con VIH/SIDA demandamos el justo derecho a existir sin miedos, prejuicios, ni discriminaciones.