Detrás de las luces que alumbran la ceremonia de cambio de mando en Brasil se han registrado abusos y amenazas a los profesionales de prensa que trabajan en la cobertura del evento.

No son pocos los relatos que hablan de un absurdo protocolo de restricciones que incluyen no poder acceder siquiera a los baños determinados y bebederos, la prohibición de llevar alimentos propios y nada peligrosos (como una simple manzana), además de la amenaza de disparar a los profesionales que no sigan algunas de las reglas. Una norma que jamás se había visto en Brasilia desde el retorno de la democracia, es decir, terminada la dictadura militar brasileña, que duró entre 1964 y 1985.

Según el relato de la periodista Iara Lemos, del diario Destak, los grupo de periodistas acreditados para la cobertura son acompañados a todo momento por militares que los han revisado al menos dos veces y les quitaron todos los alimentos y bebidas que llevaron para consumir durante la jornada. La justificación es impedir un atentado con una bomba contra el presidente.

El caso más pintoresco en ese sentido lo cuenta Alfredo Benites, reportero del diario español El País: “Ante la situación de que algunos de nosotros traen botellas con agua y frutas para consumo personal, los uniformados dicen que está prohibido y las confiscan, alguien insistió con que la manzana no era peligrosa y el jefe de seguridad pidió que la cortara para ver su interior, como nadie poseía un cuchillo (lo que también está prohibidos, aunque en ese caso es comprensible) no se pudo hacer, y el destino de las frutas fue el basurero”.

La periodista Amanda Audi, del website The Intercept Brasil (la versión brasileña del medio creado por Glenn Greenwald, y también administrada por él, desde que se asiló en el país tras ser considerado persona non grata en su Estados Unidos natal), cuenta que no hay sillas ni mesas en los pequeños espacios dedicados a los profesionales de prensa que están en el Palacio del Planalto (sede del Ejecutivo). Pero lo peor, según ella, son las restricciones a la movilidad. No se puede ir al sector de baños y bebedero en el momento en que las autoridades estén presentes en el Palacio de Planalto (un lapso de no menos 3 horas) y “hubo al menos dos amenazas verbales de que nos van a disparar si no cumplimos esta regla”, versión que ha sido confirmada por otros profesionales presentes, como el fotógrafo Lula Marques.

También hay reclamos sobre la sala de prensa a los periodistas que están en el Congreso Nacional (donde se realiza parte de la ceremonia), como que no tiene ventanas, por lo que algunos periodistas extranjeros, de medios franceses y chinos, han reclamado por la prohibición de salir del local mientras haya presencia de autoridades del nuevo gobierno, y llegaron a pedir permiso para abandonar el edificio y por consiguiente la cobertura del evento.

Horas después de los primeros reclamos de los periodistas a través de sus cuentas de twitter, la organización del evento llevó una docena de botellas de agua y un par de termos con café al sector en donde los periodistas estaban sentados en el suelo haciendo su trabajo. Sin embargo, la restricción de acceso a los baños siguió igual.

Cabe recordar que Jair Bolsonaro es uno de los políticos de la nueva ola de la extrema derecha mundial que sigue las ideas propagadas por el ex-banquero y estratega político Steve Bannon, y al igual que el mandatario estadounidense Donald Trump ha elegido a una parte de la prensa (la que le critica) como una de las enemigas internas de su gobierno (quizás por recomendación de Bannon, en ambos casos).

Ejemplo de ello es que entre los seguidores de Bolsonaro presentes en Brasilia para prestigiar su asunción, muchos gritan “Globo basura” cuando se acercan las cámaras y periodistas del canal que es el más poderoso en Brasil. Esto pese a que Globo es un medio conocido por su conservadurismo y su defensa de las políticas económicas neoliberales, y por lo tanto, está en sintonía con las propuestas del nuevo presidente, incluyendo el fuerte apoyo que la emisora dio a la dictadura militar en su momento, la misma que el ex-militar Bolsonaro no cansa de exaltar.

Sin embargo, ese sentimiento anti Globo de los seguidores más fanáticos del bolsonarismo parece darse por el acuerdo consolidado por el presidente en la recta final de la campaña con la empresa de multimedios Record, ligada al poderoso grupo evangélico del Edir Macedo, la Iglesia Universal del Reino de Diós. Desde octubre, Record ha tenido todas las preferencias de entrevistas exclusivas desde entonces, convirtiéndose también en el medio que los grupos bolsonaristas recomiendan entre sí como el más fiel al mandatario.

Cabe señalar que los periodistas que hoy han sido maltratados en Brasilia no son el columnista cuya opinión no te gustó o el presentador de telediario que usted considera sesgado. Esos son los obreros de la información, el tipo cuya pega es solamente ir allá y registrar lo que pasó, es el trabajador de las comunicaciones que no opina nada, solamente relata, con texto, fotos o video. Castigarlos por su discordancia con cierto periodismo es lo mismo que si no te gusta Luksic y te descargas con el cajero del Banco de Chile.