Durante la mañana de este miércoles se inició el juicio contra Cristian Rivera Silva, el sargento segundo de Fuerzas Especiales quien está formalizado por haber disparado por la espalda a Brandon Hernández Huentecol durante un operativo policial en Collipulli, cuando el joven mapuche tenía 17 años.

La audiencia se está realizando en el Tribunal Oral en lo Penal de la comuna de Angol, y los cargos en específico que se le sindican a Rivera son los de cuasidelito de lesiones graves gravísimas y apremios ilegítimos, por los que arriesga una pena de 10 años de cárcel. El uniformado estuvo con la medida cautelar de arresto domiciliario durante la investigación.

Los hechos se remontan al 18 de diciembre de 2016, cuando un grupo de carabineros realizaba un operativo policial en la comunidad en que vive la familia Hernández Huentecol, y detuvieron a Isaías, hermano menor de Brandon, que entonces tenía 13 años y a quien hicieron tirarse al piso y apuntaron con sus armas.

Brandon acudió en ayuda de su hermano y los uniformados también lo obligaron a tenderse en el suelo boca abajo, y fue en ese momento cuando Rivera desenfundó su arma y realizó los más de 100 disparos, que provenían de un cartucho calibre 12 de una escopeta antimotines.

Los perdigones dejaron gravemente herido al entonces adolescente y quedaron incrustados en su espalda a la altura de la cadera, que fue fracturada, y por esta razón estuvo internado en la Clínica Alemana de Temuco durante semanas.

Cuando se conoció el hecho, fue calificado como un “accidente” por el general jefe de la Novena Zona Policial de Carabineros, Christián Franzani. Sin embargo, durante la investigación se conoció que Rivera ya tenía una condena por un delito similar.

En conversación con Radio Bío Bío, esta mañana Ada Huentecol, la madre del joven afectado, ahondó en el estado de salud de su hijo y explicó que durante diciembre viajaron a Venezuela para realizar exámenes, que evidenciaron que aún existen 87 perdigones alojados en el cuerpo de Brandon.

Uno de estos proyectiles se desplazó hacia un pulmón lo que le causa molestias y dolor constante, y además, el equipo médico les señaló que resulta prácticamente imposible extraer los perdigones sin afectar a órganos comprometidos. De esta manera, Brandon debe lidiar con secuelas cono dificultades para caminar, complicaciones y dolores que lo acompañarán de por vida.