Iván Páez es el director ejecutivo del Programa Transversal de Educación (PTE) y en este fin de año, analizó que “debe avanzar en la construcción de políticas de largo aliento respecto a la educación”.

En entrevista con ElDesconcierto, Páez detalló cómo se ha desarrollado el PTE, lo trabajado durante este año, una evaluación de estas iniciativas, la proyección que tiene y el estado actual de las pedagogías y la educación en la Universidad de Chile.

-¿Cómo ha sido el desarrollo del Programa Transversal de Educación? 

-Junto con el retorno de la democracia, la Universidad de Chile retomó y reforzó su presencia en el campo de la educación. Es a partir del año 1994 cuando se recupera la formación pedagógica. Luego, como parte de un proceso complejo, se ha venido robusteciendo el actuar y compromiso con la educación a través de la creación y/o fortalecimiento de diversos programas de formación de pregrado, de posgrado y desarrollo profesional docente, además de un mayor impulso de la investigación en educación. A la fecha y tomando en cuenta estos hitos, se puede considerar que en la Universidad de Chile se han creado polos de desarrollo académico que están contribuyendo significativamente al fortalecimiento de la educación pública chilena.

En ese proceso se ha desplegado una visión de la profesión docente, caracterizada por una relevante formación disciplinaria; por una formación pedagógica centrada en la práctica y en una concepción reflexiva y crítica de ésta; también por el desarrollo de capacidades indagativas e investigativas de los futuros profesores; y por una formación en servicio, que incorpora aspectos teóricos y prácticos, disciplinarios y éticos en una visión del profesor entendida como una profesionalidad compleja y no técnica, con vocación crítica y transformadora. Así, después de décadas, desde el año de la instalación arbitraria de la Ley General de Universidades de 1981, la Universidad de Chile vuelve a tener programas de formación de profesores en todos sus niveles y está produciendo investigación significativa en el área de la educación.

Las características de las labores que en la Universidad de Chile se han dado para la formación de profesores responden a un modelo innovador, que no está centrado en una unidad particular (Facultad, Instituto, Centro, Departamento) sino en un conjunto de unidades académicas que se asocian, desde sus aportes específicos, a esa misión. Ese modelo ha dado origen a una capacidad de gestión transversal y colaborativa generándose una nueva manera de entender las relaciones universitarias, todo ello por cierto no exento de dificultades y debilidades.

Sin embargo, a pesar de los obstáculos, en términos de institucionalidad, esta nueva fase facilitó que el Consejo Universitario aprobara la creación de dos proyectos complementarios que representan el compromiso institucional de la Universidad en el área de la educación: el Instituto de Estudios Avanzados en Educación y el Programa Transversal de Educación (PTE) este último dependiente de la Rectoría y que hoy lo integran las facultades de Filosofía y Humanidades, de Ciencias, de Ciencias Sociales y el propio Instituto señalado.

/ AgenciaUno

-¿Qué se ha hecho durante este año?

-Hay que partir comentando que el PTE tiene dos áreas que abordan distintos tipos de acciones. Por una parte, el Área de Gestión e Innovación Educativa que se enfoca a la gestión de proyectos, a la formación a distancia en línea, al apoyo de redes de investigadores, al fomento de publicaciones y a las acciones tendientes a visibilizar e informar respecto al propio quehacer del Programa. Esta área está dedicada especialmente a la vinculación con el medio escolar, al desarrollo profesional docente y la innovación educacional y pedagógica en todas sus dimensiones, especialmente las dedicadas a contribuir al fortalecimiento de la educación pública chilena. De ese modo, ha coordinado, apoyado y promovido actividades de extensión y de innovación en forma colaborativa y transversal. Por ello organiza anualmente la Semana de las Pedagogías, que este año que concluye contempló más de una veintena de actividades con gran marco de público y con la activa participación de estudiantes de pedagogía. También implementa los Cursos masivos abiertos y en línea mediante la plataforma EduAbierta que a la fecha ha contado con la participación de más de 70.000 personas de Chile y el mundo, también convoca al Fondo concursable para iniciativas en educación que este año convocó a más de 100 académicos y académicas de la Universidad de Chile además de colectivos estudiantiles y profesionales. No puedo dejar de mencionar el canal audiovisual del PTE, que mediante redes sociales ha generado y difundido una serie de cápsulas destinadas a informar y sensibilizar en materias educacionales relevantes como lo son por ejemplo la educación no sexista. Otro aspecto relevante es el permanente acompañamiento y apoyo a proyectos e iniciativas innovadoras en educación y pedagogía formuladas por la propia comunidad académica como lo es por ejemplo la reciente creación de la Revista Chilena de Pedagogía. Por su parte desde el area de gestión académica del PTE se ha puesto marcado énfasis en el apoyo a la formación inicial pedagógica al interior de la Universidad, constituyéndose en un espacio de gestión y articulación de las Escuelas de Pregrado por una parte y por otra, fomentando la relación con otros planteles estatales destacando en ese plano la instalación de la Red de formación inicial pedagógica de las Universidades del Estado.

-¿Cuál es la evaluación que haces de las diversas actividades y trabajos que se han realizado? 

-La evaluación es bastante positiva en atención a que el Programa se ha ido consolidando, no solo en su crecimiento orgánico con la creación de dos áreas de trabajo, sino que por sobre todo se ha ido avanzando en la construcción de un sentido institucional donde se releva significativamente el aporte que realizan las unidades académicas que abordan la educación en la Universidad de Chile. La política universitaria va entendiendo que la formación de profesores es un terreno complejo pero muy necesario considerando el rol del docente en la sociedad. También respecto a la investigación se ha ido consolidando la idea de que es necesario no sólo abordar la investigación educacional macro sino también la investigación pedagógica, situada, a partir del propio ejercicio profesional de los profesores. Otro ámbito relevante ha sido la creciente incorporación de una nueva mirada respecto a la educación continua, entendiéndola como desarrollo profesional más que una ampliación o extensión del conocimiento. Sin duda todavía nos falta avanzar en el área de posgrado ya que tenemos pendiente la implementación de un Doctorado, lo que se hará próximamente. En todo caso, a través de la creación de nuevos programas de magister hemos ido avanzando en ese terreno. Mención especial es la creación del Magister en didáctica que conllevará un tremendo aporte a los especialistas y docentes del país. Todas esas iniciativas han contado con el apoyo del programa sea potenciándolas, acompañándolas, sistematizando las experiencias, aportando con propuestas y/o gestión institucional, ante lo cual no cabe duda de que la experiencia del programa a la fecha puede evaluarse como positiva.

-Considerando esto, ¿cuál es la proyección que se hace para el futuro del Programa? 

-El PTE debería continuar y reforzar su propósito fundamental que es apoyar la articulación de las unidades académicas que lo conforman. Desde esa articulación el PTE puede contribuir de manera relevante, sea apoyando desde la gestión los procesos de formación docente tanto de pre y posgrado, como aportando con herramientas institucionales al fortalecimiento de la investigación en la educación y el surgimiento de redes de investigadores /as, principalmente de aquellas que se instalan en planteles estatales.

Sin duda, el PTE también debe avanzar en la construcción de políticas de largo aliento respecto a la educación en la Universidad de Chile. Esa construcción debe tener como eje principal el fortalecimiento de la educación pública, considerando que a pesar de los últimos esfuerzos que ha realizado la política pública en la materia, aún falta dotarla de sentido y criterios de pertenencia y pertinencia pedagógica. Hasta ahora la educación pública ha estado demasiado sometida a los criterios de rendición de cuentas más que de evaluación y desarrollo de comunidades de aprendizaje.

Otro factor relevante que atender son los nuevos fenómenos sociales y culturales que sacuden al mundo. La migración y la interculturalidad, la educación no sexista, el cambio climático, la robotización en el mundo del trabajo, los descubrimientos y avances en el campo de la salud o la astronomía, el uso creciente y dinámico de las TIC, son entre otros, fenómenos demasiado relevantes que día a día filtran la escuela, generando un choque entre las prácticas formativas y un mundo dinámico que cada día nos genera nuevas oportunidades de aprendizaje. El PTE mediante las unidades académicas que lo conforman tiene que contribuir a fomentar y canalizar la generación de conocimiento relevante en la materia, aportando creatividad e innovación para abordar los desafíos de la escuela del siglo 21.

-¿En qué están las pedagogías y la educación en la Universidad de Chile? 

-Están en una encrucijada ya que está latente una tensión que además es transversal a las diversas prácticas institucionales de la educación terciaria. ¿Vamos de lleno a trabajar en una lógica de colaboración o seguiremos bajo el prisma de la competencia?  ¿Prepararemos a nuestros futuros docentes bajo que lógica?  Hasta ahora hemos avanzado con la intención de fortalecer un proceso que tenga más en cuenta los factores de la formación, es la agenda pedagógica como la denomino, donde es significativa la relación Escuela- Sociedad, y que implica una concepción del profesor que lo entiende como un profesional que se desempeña en un mundo complejo, interrelacionado y en constante cambio debido a lo dinámico que hoy es el campo de la cultura, de la ciencia y la tecnología. Por lo mismo resulta clave que nuestros profesores atiendan no solo la capacidad de instruir y transferir, sino que además y por sobre todo, comprendan el mundo que los rodea, lo cuestionen y se interroguen respecto del por qué y para qué enseñan lo que enseñan, lo mismo con las formas de esa enseñanza y de esa formación.