Hace poco falleció Teodoro Petkoff, uno de los intelectuales más importantes de la oposición venezolana anti-chavista. En el contexto de las derrotas que afligen al denominado “eje bolivariano” sería oportuno evaluar las críticas que se le enrostran. Pero Petkoff es relevante no sólo para ellos, sino para toda América Latina, y aún más para Chile, porque su posición política (un pragmatismo extremo) tiene mucho en común con una visión cuya influencia está creciendo entre la izquierda nacional.

La crítica despiadada de Petkoff contra la izquierda radical venezolana ha sido una constante también en la política chilena. De hecho, cobró nueva relevancia aprovechándose de la crisis migratoria venezolana (¿Quién podría olvidar el notorio hashtag #Chilezuela durante la últimacampaña presidencial?). Pero además, Petkoff se erigió como un referente para los anti-chavistas progresistas y pragmáticos. Así, su diagnóstico de los errores del chavismo y la alternativa que trató de forjar, tienen una especial relevancia para los que buscan salir del neoliberalismo chileno, sin terminar hundiéndose como la Venezuela actual.

En esta primera parte de la serie “¿Por qué fracasan los chavistas?” repasamos la importancia de Petkoff, su crítica anti-chavista y la alternativa que propone para la izquierda. Vamos a analizar los errores de su diagnóstico y propondremos una explicación alternativa a la de Petkoff por el fracaso bolivariano. Crucialmente se sostendrá que los fracasos de la ‘revolución bolivariana’ venezolana no tienen que ver con la falta de moderación de los gobiernos chavistas, ni con la falta de una alianza política con el centro moderado, tal como sostenía Petkoff. Más bien el problema se radica en la falta de osadía de las políticas económicas (un exceso de moderación y pragmatismo).

Veremos que Petkoff construyó una dicotomía caricaturesca entre la izquierda ideológica, radical y autoritaria (la de Chávez) y la pragmática, moderada y democrática (que encarnó Lula de Silva), prediciendo el fracaso del primero y el éxito del segundo. El desenlace fatídico común de los proyectos de Chávez y Lula falsifica este análisis. Argumentaremos que hay una raíz común en el fracaso de las dos alas del bolivarianismo: una alianza pragmática con el centro para mantener la gobernabilidad que imposibilitó la implementación de ciertas políticas económicas necesarias para evitar la crisis.

Así, aunque parezca contra-intuitivo, argumentaremos que fue el deseo del gobierno chavista de mantener el apoyo de cierto centro o establishment político lo que generó la crisis actual. La ortodoxia chavista quería mantener una alianza transversal con los empresarios moderados y pragmáticos en pos de la gobernabilidad. Decían que fue un supuesto ‘falso dilema’ escoger entre tener una radicalidad en las políticas económicas o tener un pacto con el centro. Sin embargo, el veto a ciertas políticas económicas, vistas como excesivamente radicales por los pragmáticos empresariales, (el precio para mantener el pacto de gobernabilidad chavista) terminó socavando el proyecto de transformación bolivariano y generando la crisis.

Además, este diagnóstico alternativo nos permitirá esbozar una estrategia política distinta al pragmatismo progresista para superar la pobreza, desigualdad y estancamiento del modelo chileno, sin repetir los errores de los países bolivarianos. Pero esto sería el tema de la segunda parte de la serie.

La falsa explicación liberal del fracaso bolivariano: La moderación como panacea

Empezamos con Petkoff, por su importancia en la historia política de los antibolivarianos. Su vida política inició en el Partido Comunista y en los 50’s fue un líder estudiantil que luchó contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. En los 60’s fue guerrillero, peleando contra la democracia limitada del Pacto de Punto Fijo. Rompió con los comunistas y criticó a la URSS por su falta de democracia. Pero luego renovó su socialismo abrazando reformas neoliberales como la privatización de empresas públicas y recortes a programas sociales. Con esta nueva ideología, llegó a ser ministro de planificación del Gobierno democratacristiano del presidente Rafael Caldera. Así Petkoff representa la política renovada y centrista, tan común en Chile.

Tras el gobierno de Caldera, Petkoff pensó que iba a ser el próximo presidente de Venezuela, pero su partido (la organización socialdemócrata MAS) decidió apoyar a Hugo Chávez. Entonces, salió del partido para dedicarse al periodismo, convirtiéndose en el más acérrimo opositor de Chávez desde la política tradicional. Sus críticas al chavismo fueron influyentes.

La situación actual de Venezuela podría leerse como una tremenda reivindicación de las críticas de Petkoff porque todos los logros del chavismo se están desvaneciendo. En 2013 (el año en que se muere Chávez), Venezuela recibió un reconocimiento especial de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) por los triunfos sociales de la revolución bolivariana. Se ganó este homenaje principalmente por haber reducido a la mitad el porcentaje de venezolanos que sufrían de hambre. Según la meta establecida por la Cumbre Mundial de Alimentación en 1990, Venezuela tenía que disminuir su población con malnutrición a una cifra menor a 6,7% en 25 años. Gracias a las políticas de Chávez, Venezuela lo logró en 17 años, manteniendo el porcentaje abajo de 5% desde 2007. Sin embargo, con la crisis actual, la misma FAO dice que Venezuela es el país latinoamericano con los mayores aumentos en niveles de malnutrición: entre la muerte de Chávez y la crisis, el hambre se ha triplicado.

Frente a esta profunda crisis económica y social, las profecías de catástrofe de Petkoff podrían parecer correctas. Sobre todo porque la reacción del Gobierno de Maduro ha sido una combinación de violenta represión contra los manifestantes opositores y la sistemática reversión de las políticas bolivarianas. Por ejemplo, Chávez financió sus programas sociales con la renta petrolera que arrebató a la oligarquía local después de un duro conflicto. Eventualmente, ganó control gubernamental de PdVSA (la empresa pública de petróleo) y empezó a renegociar sus contratos con las transnacionales que estaban explotando sus campos petrolíferos. A través de una serie de ultimátums, logró que la mayoría de las transnacionales con contratos que perjudicaban al Estado firmaran nuevos contratos con mejores condiciones, expropiando las que no quisieron firmar. No obstante, Maduro ahora está pagando indemnizaciones a todas las transnacionales expropiadas y así, las ventajas fiscales que logró Chávez están desapareciendo, tal como predijo Petkoff.

Chávez ordenó personalmente las expropiaciones de las instalaciones de la petrolera estadounidense ConocoPhillips en 2007 y de la minera aurífera canadiense Rusoro en 2011. Además,fue él quien firmó la salida venezolana del CIADI (la institución del Banco Mundial que fiscaliza jurídicamente el cumplimiento de los Tratados de Libre Comercio y castiga los países que expropian inversiones extranjeras) para no pagarles indemnización alguna.En contraste, Maduro ha decidido negociar con ConocoPhillips y Rusoro, comprometiéndose a pagarles cinco mil millonesy mil 280 millones de dólares respectivamente. Esto representa la derrota total de la estrategia chavista que Petkoff siempre denunció como insostenible.

A pesar de que los predijo, estos eventos no ocurrieron por las razones que nos da Petkoff. Su argumento siempre fue la tesis de las dos izquierdas: Hugo Chávez representaba la “izquierda borbónica” (la vieja y no-democrática), y Lula la “moderna y democrática”. Para Petkoff, la moderación del PT lo protegería de los fracasos que acechaban a Venezuela por el extremismo chavista.

El misterio estratégico del fracaso bolivariano: autoritarismo no como explanans, sino como explanandum

El triple desenlace fatal que predijo Petkoff sí llegó a Venezuela: se extendió la corrupción, llegó la crisis económica y,de esta manera, la política empezó a mostrar crecientes elementos autoritarios. No obstante, exactamente estos tres fenómenos también están presentes en Brasil. Así que el diagnóstico centrista pierde valor explicativo. Al fin y al cabo, la crítica moderada anti-chavista depende de la tesis que Chávez gobernó de forma sui generis, no como la izquierda más centrista y liberal.

Es evidente que la corrupción política en Venezuela llegó a niveles estratosféricos. Pero la corrupción también se disparó en Brasil, el escándalo de Lava Jato (el pago de sobornos y la malversación de fondos de la petrolera estatal Petrobras) se centró en políticos del PT (y del derechista PMDB).

La corrupción política y la crisis económica han generado protestas y resistencia de parte de la población venezolana y la reacción del Gobierno, tal como siempre predijo Petkoff, ha sido violenta. Pero Petkoff fue más preciso en sus advertencias acerca del devenir autoritario del chavismo, dijo que las “instituciones del Estado [llegarían a estar] bajo control absoluto del presidente [y habría una] tendencia a la judicialización de la política”. Muchos dijeron que la decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de sustituir las funciones de la Asamblea Nacional (controlada por la oposición después de las últimas elecciones parlamentarias) le da la razón a Petkoff. Se ha alegado que en Venezuela hay un Poder Judicial controlado por el Ejecutivo y usado para la persecución política, por ende, la comunidad internacional ha sancionado al presidente del TSJ, Maikel Moreno.

Sin embargo, este uso del Poder Judicial para la persecución política es algo que indudablemente se ve en Brasil. De hecho, la investigación del Lava Jato, a cargo del juez Sergio Moro, ha tenido una clara parcialidad. Para evitar que Lula participara en las elecciones presidenciales (siendo claro favorito para ganar), se adelantó su juicio.  La mayor evidencia de esta persecución judicial es el nombramiento de Moro como ministro de justicia en el Gobierno de Bolsonaro, esto luego de haber sido instrumental en su victoria electoral (sacando del camino a Lula).

Entonces, analizando el diagnóstico común de la triple crisis que están sufriendo Brasil y Venezuela (la corrupción, la recesión y el autoritarismo), queda en evidencia la incoherencia de la explicación de Petkoff y su alternativo del pragmatismo progresista. No es suficiente para la nueva izquierda descartar el riesgo de una deriva en autoritarismo, acechando la carga de la culpa en las supuestas deformaciones de la estrategia ‘extremista’ o ‘anti-democrático’ de Chávez. Al fin y al cabo el proyecto moderado y radicalmente democrático de Lula terminó en lo mismo. Pero entonces, queda la duda, ¿cómo explicamos el fracaso bolivariano y cómo podemos evitar repetirlo?

Acá argumentaremos que los elementos autoritarios, crecientemente evidentes en el eje bolivariano, no fueron siempre presentes ni causantes de la crisis, sino elementos novedosos y consecuencias de esta crisis, cuyos orígenes se remontan a errores específicos de políticas públicas. Los cantos de sirena del centro neoliberal prometen que una izquierda más “moderada” terminaría mejor, pero nuestro análisis sugiere que no es así. Los problemas bolivarianos no son producto de una falta de moderación, sino de una falencia en el diseño económico.

Una explicación alternativa: el “liberalismo bolivariano” sigue más a Mill que a Marx

Muchos criticaron la estrategia de Chávez por su excesiva concentración de poderes en la persona del presidente y por la manera en que llevó a cabo su programa de transformaciones (con alta velocidad y conflictividad). Lula hizo todo lo contrario, su gobierno nunca buscó cambiar la constitución brasileña para concentrar el poder en la Presidencia, más bien, trató de tejer alianzas dentro de un muy poderoso Congreso y evitó conflictos con el Poder Judicial.

Si uno analiza sus programas de políticas públicas, el elemento principal que tienen en común las estrategias de transformación de Chávez y Lula es la priorización de la distribución sobre la producción. Suena irónico, pero la posición bolivariana está mucho más cerca del famoso filósofo y economista liberal J.S. Mill que de Karl Marx. Mill argumenta que el Estado puede redistribuir los bienes y servicios producidos en un territorio determinado según las preferencias de los ciudadanos, sin que eso afecte la producción de dichos bienes y servicios. Así, para Mill: “Las leyes y las condiciones de la producción de la riqueza tienen el carácter de verdades físicas. No tienen nada de opcional ni de arbitraria. No es así con la distribución de la riqueza. Cuando los bienes ya existen entonces la humanidad puede hacer lo que quiere con ellos. Pueden entregárselos a quiénes quieren bajo los términos que quieren”.

En contraste, Marx argumenta que las condiciones sociales que determina la producción de los bienes y servicios sí limitan la posibilidad de redistribución. Si los que controlan los medios de producción no reciben una parte suficiente del producto total, pueden hacer que no haya más bienes y servicios para distribuir. Las clases sociales que producen y las que organizan la producción y la inversión para hacer crecer el producto total, tienen cada una el poder para limitar las posibilidades de redistribución de un Estado democrático. Ahora, en el contexto de una economía globalizada, estos límites productivos a la redistribución son aún más severos. Si la producción de bienes y servicios ocurre en otro país, y éstos tienen que ser importados, entonces la capacidad de redistribución depende de la capacidad nacional de producir exportaciones para financiar dichas importaciones.

Esa fue la situación de Venezuela y Brasil: las divisas (dólares) ganadas por la exportación nacional fueron el limite fundamental para los programas sociales que implementaron Chávez y Lula. Tanto la economía venezolana como la brasileña dependen de la exportación de recursos naturales y las fluctuaciones de sus precios explican el auge y caída de los gobiernos bolivarianos. En otros términos, los bolivarianos fracasaron por las razones que Marx nos da para criticar las políticas (neo)liberales.

Entre 2004 y 2008, el precio de petróleo (históricamente,más de tres cuartos de la canasta exportadora venezolana) subió de 40 dólares hasta alcanzar casi los 150 por barril. En 2009, a raíz de la crisis financiera mundial, bajó el precio del barril, empezó a oscilar entre $100 y $125 (2009–2014). Aquéllos fueron los mejores tiempos de la revolución bolivariana, en los que, a través de sus famosas “misiones”, Chávez logró que estas rentas se usaran para mejorar el nivel de vida de los más pobres del país. Pero el Estado de bienestar que Chávez había tratado de institucionalizar empezó a tener problemas en 2014, con el colapso del precio del crudo.Hoy, un barril se cotiza alrededor de 35-65 dólares, no se ha visto precios tan bajos desde el mismo 2004. Con ingresos más escasos, financiar un Estado de bienestar generoso es mucho más difícil.

grafico venezuela

Brasil pasó por la misma trayectoria, inicialmente muy positiva y luego desfavorable. Las exportaciones brasileñas más importantes son hierro, soja, azúcar y petróleo. El súper ciclo de commodities dio un impulso a los precios de todos estos productos. Comenzaron su auge a finales de 2004, manteniéndose en niveles históricamente altos hasta 2011 en el caso del hierro, la soja y el azúcar y hasta 2014 en el del petróleo. En esos años, el crecimiento brasileño fue alto y el Gobierno logró curar algunas de las heridas sociales causadas por la alta desigualdad y pobreza del país.

Con la desaceleración de la economía china y el aumento en la tasa de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos, el contexto mundial se tornó mucho más complejo para la economía brasileña y el PT entró en crisis. Con precios más bajos para sus principales exportaciones, el país no podía importar la misma cantidad de bienes, así que los ingresos de los pobres sufrieron. A pesar de exportar cantidades enormes de petróleo, Brasil es un importador neto de ese recurso, así que la baja de precio lo afectó más que nada porque la inversión en ese sector cayó un 6% desde 2014. Después de años de alto crecimiento y de una reducción constante de los niveles de pobreza, el crecimiento se esfumó y la pobreza empezó a regresar. Además, al igual que en Venezuela, la calidad de la democracia empezó a degradarse con escándalos de corrupción y prácticas autoritarias de las instituciones del Estado.

grafico venezuela

No se puede desestimar lo efímero que fue el éxito de estos gobiernos aduciendo la volatilidad del sistema capitalista o la embestida del imperialismo estadounidense. Sin duda, las dos cosas fueron claves en su fracaso, pero la izquierda bolivariana ya había puesto estos dos peligros en el corazón de su diagnóstico, así que se suponía que debieron diseñar estrategias de políticas públicas para neutralizarlos. De hecho, tanto Chávez como Lula tenían estrategias de diversificación productiva para reducir la dependencia de la venta de recursos naturales a países imperialistas como EE.UU., para financiar así los ingresos de los más pobres.

El fracaso de estas estrategias nos trae al punto inicial de este texto: el problema del pragmatismo progresista. Petkoff sostenía que la gran falencia de la izquierda venezolana fue la falta de moderación, una incapacidad de consensuar sus políticas públicas con el centro para asegurar su buena implementación. Supuestamente, había un falso dilema entre tener políticas económicas transformadoras y tener una alianza con el centro. Sin embargo, el fracaso de las políticas de diversificación productiva en Venezuela y en Brasil demuestra que el dilema es real. A pesar de sus retóricas contrastantes (una más radical, otra más moderada), en términos de su actuar en el poder los dos gobiernos se vieron enfrentados con el mismo problema. Tuvieron que escoger entre implementar bien las políticas de diversificación o perder el pacto gobernante con el centro empresarial pragmático. Los dos optaron por la primera opción con los resultados a la vista.

La historia de este dilema real, y el fracaso de las políticas de diversificación producto de los límites de la alianza política con el centro,es compleja. En la segunda parte de la serie ¿Por qué fracasan los chavistas? analizamos estos puntos en detalle, y así esbozamos una estrategia política alternativa, para poder superar el modelo neoliberal de forma sustentable económicamente, socialmente y ambientalmente.


Doctor en Ciencia Política, Magíster en Desarrollo Económico, Universidad de Cambridge