Cada año en Chile, sólo el segundo semestre, contamos con cuatro fiestas tradicionales que celebramos masivamente, Fiestas Patrias, Halloween, Navidad y Año Nuevo, todas tienen en común el alto consumo de alimentos y de cotillón, situación positiva desde la perspectiva económicamente de la industria. Sin embargo, en la realidad ambiental actual, nos encontramos con que la alta generación de residuos relacionados al desperdicio de alimentos, envases y embalajes y por supuesto al famoso cotillón, lo que resulta un problema mayor.

La celebración del Año Nuevo en la Alameda para recibir el 2019, dejó la misma cantidad de residuos que el año pasado según datos oficiales, 35 toneladas generadas por alrededor de 400 mil personas, pese a que este año vimos con bastante fuerza una campaña ciudadana que invitaba a Chile a celebrar sin cotillón, a la que se sumó el Ministerio de Medio Ambiente y algunos Municipios, incluyendo a Las Condes que por primera vez no regaló confeti. Entonces, ¿será que la campaña no funcionó?.

Lo cierto, es que vivimos en una cultura desechable, un modelo social y económico lineal basado en extraer recursos, usarlos y desecharlos. No por nada Chile es el segundo país de la OCDE que más residuos envía a relleno sanitario, según la evaluación de desempeño ambiental de 2016, donde el residuo es solo la punta del iceberg del problema. La huella de nuestro consumo es una sumatoria de impactos ambientales y sociales, donde todo lo que consumimos significa gasto de energía, agua, materias primas, transportes, generación de emisiones y más residuos, aumentando el calentamiento global, la degradación de los ecosistemas y el deterioro de la calidad de vida de las personas.

En el 2017, con AdC Circular, lanzamos en redes sociales la campaña #AñoNuevoSinCotillon, y este  2018 nos sumamos a #ChileSinCotillon, aclarando que no estamos en contra de su uso, sino de su naturaleza desechable, instando a la ciudadanía a celebrar utilizando cotillón reutilizable, pues nos dimos cuenta, después de la experiencia del año pasado de la importancia de educar sobre los impactos y huellas de manera sistémica. Necesitamos entender que el problema no es la celebración, ni el cotillón en sí, sino nuestros estilos de vida, debemos dejar de pensar de manera lineal y transitar al cambio de paradigma que nos llevará a transformar nuestra sociedad hacia una más saludable que disfruta y celebra de manera consciente, corresponsable y en armonía con los ecosistemas, y eso se logra con educación constante y no sólo con una campaña aislada. Transitar hacia una Economía Circular es uno de los mayores desafíos para crear una sociedad sostenible, lo que requiere de la participación, coordinación y gestión de todos los actores del sistema.


Presidenta Asociación de Consumidores Sustentables de Chile AdC Circular.