Es bien cara de raja Cecilia Pérez cuando sale a condenar a Marisela Santibáñez con la misma fuerza con que salió a defender a Camila Flores al declararse pinochetista. Hace el ridículo y no le importa, porque aquí no se está defendiendo una postura ética y democrática, se está simplemente defendiendo a un sector político y atacando a otro, como juego de cabros chicos. Claro, las palabras de Marisela Santibañez “son inaceptables”, “agreden a los demócratas”; pero el homenaje de su diputada al más grande dictador en la historia del continente se aplaude, se agradece, porque en el gobierno “vemos la diferencia como una virtud”, porque “cuando uno cree en la diversidad no puede existir incomodidad”.

Señora ¿Usted se está riendo de nosotros? ¿La reivindicación del asesinato de un senador en democracia es horrorosa, cruel y despiadada, pero la alegoría al hombre que mató a tres mil chilenos, que desapareció a mil jóvenes, mujeres y embarazadas es parte de la belleza de la diversidad? ¿No se le cae la cara de vergüenza al sustentar tal indigno postulado intelectual? No, no puede venir usted a dictar cátedra de valores, de democracia, de decencia, de humanidad, cuando con una mano apunta a los desubicados de izquierda y con la otra acaricia a los desubicados de derecha que no se vanaglorian de un crimen específico, sino de un sistema que torturó, metió ratas en vaginas, electrocutó a menores de edad e hizo explotar en mil pedazos las carnes y huesos de ciudadanos chilenos con bombas activadas desde el Palacio de La Moneda.

Usted, señora Cecilia Pérez, también debería pedir disculpas, como lo ha hecho la diputada Santibáñez, como lo ha hecho el diputado Boric. Debe pedir disculpas a la memoria de la mamá de Miguel Nash, al hijo de Lumi Videla, al esposo de Reinalda Pereira, a los deudos del sacerdote Antonio Llidó ¿O no cree que volvió a clavar un puñal en esos corazones cuando cataloga como “valor a la diversidad” la declaración orgullosa del pinochetismo? Cada vez que Flores dice que es valiente por decirse pinochetista, y cada vez que usted en lugar de condenarla la respeta, le está volviendo a generar daño a quienes se quedaron huérfanos y viudos, solos, por obra de su “diversidad”. Sáquese la venda de los ojos. Todos lo podemos hacer. No se trata de ser de izquierda o de derecha. En cualquier régimen puede haber crímenes y los debemos condenar. Todos podemos aprender a valorar el sentido del respeto a una familia doliente. Todos podemos detenernos a corregir y decir está mal valorar una burla sobre un homicidio. Pero usted, autoridad del Estado, no lo ha hecho, y con sus actos sigue validando la violación de derechos humanos cuando va dirigida a un sector político, aunque en sus declaraciones diga lo contrario. Y no le importa. Revise sus palabras y pida también perdón a Chile por la violencia de sus palabras.

Es bien cara de raja también Sebastián Piñera, y perdóneme que se lo diga así señor Presidente, con estas palabras vulgares, es que no hay otras más adecuadas. Cómo no va a ser cara de raja condenar, por un lado, a la diputada Marisela diciendo que sus dichos “hablan tan mal de una diputada”, pero por otro lado nombrar como “gobierno militar” a la dictadura de Pinochet. ¿Se da cuenta del daño histórico que está haciendo? Un festival de caras de rajas fue el que usted encabezó el último once de septiembre, cuando dirigió una sentida ceremonia en La Moneda para terminar diciendo que el “gobierno militar”, y el fin de la democracia -ni siquiera se atrevió a mencionar la palabra Golpe- fue culpa de una enfermedad que se venía incubando, y no de la tropa de criminales militares y civiles que cuando se trata de Jaime Guzmán ponen el grito en el cielo. Vea el documental de Víctor Jara en Netflix, señor Presidente, vea los cráneos agujereados de los jóvenes amontonados en el suelo, y dígame que ese gobierno militar no fue una dictadura. Habla tan mal de un Presidente.

No puede ser tan cara de raja la UDI completa, encabezada por Jacqueline Van Ryselberghe, quien califica de “impresentables” las palabras de la diputada Santibañez, pero hace días decía que reivindicaba lo bueno del “gobierno militar”, porque “nada es blanco o negro”. O sea, señora senadora ¿Se puede ser admiradora de la mitad de un demonio, de la mitad de un dictadura, porque el lado oscuro es menos importante que lo obrado en lo económico? O sea, según su línea ¿Uno podría estar de acuerdo con la mitad del crimen de Jaime Guzmán, validándolo como un heroico acto de ajusticiamiento, pero condenar la otra mitad, porque no se puede matar a un senador en democracia? decídase, porque entre líneas es esto lo que no está diciendo. Las condenas son o no son. Las estrictas definiciones democráticas que proclama, también.No puede ser tan cara de raja, usted y sus bancadas, como para mandar a imprimir afiches condenatorios contra Boric y Santibañez cuando les tocan al caído de los suyos, pero hacerse los lesos olímpicamente una vida entera ante la presencia del diputado Urrutia y su carnaval de burlas y humillaciones. Y lo tienen al lado, y no le dicen nada. Al lado lo tenían cuando trató a los torturados como terroristas, y ustedes no hicieron nada. Caras de raja. Impresentables.

Que no venga Chile Vamos a acusar a la izquierda de subirse al carro de la democracia cuando les conviene, si ustedes mismos han obrado todo este último año, y ahora mismo, subiéndose a ese mismo carro mientras les prenden fuegos artificiales a los homenajes de su sector a quienes degollaron, violaron y lanzaron al mar a niños y ancianos. Claro, porque los militares criminales que mataron a sus enemigos zurdos tienen luces y sombras, pero los rivales de ultra izquierda que les asesinaron a uno de ustedes tienen solo sombras. Paren el escándalo. Hablemos en serio. No pueden ser tan caras de raja