Este fin de semana en el suplemento “Vida Actual” de El Mercurio se publicó una entrevista a la socialité chilena Mary Rose Mac-Gill enfocada principalmente en su vida familiar y la solidaridad de los chilenos.

Chile es un país de una solidaridad extraordinaria y eso se debe -y lo quiero dejar bien en claro- a las mujeres de las clases sociales altas. Lo vi en mi mamá, que siempre estaba ayudando en la Protectora de la Infancia o en Santa Teresita (…) Quiero dejar constancia, firmemente, de que la solidaridad de las mujeres chilenas de clase alta es espectacular. Y eso no existía en otros países del entorno. La mujer chilena de alta sociedad ha sido siempre una mujer de lujo”, comentó.

Ante estas declaraciones, el periodista Daniel Matamala le respondió argumentando que “miles de mujeres chilenas cocinaban en ollas comunes y organizaban el cuidado de los niños, enfermos y ancianos de sus comunidades. Identificar solidaridad con la clase alta sólo muestra ignorancia sobre nuestro país”.

Pero esta no fue la única declaración polémica de Mac-Gill, puesto que ante la pregunta sobre si los hijos dejan de serlo alguna vez, contestó que: “Absolutamente no. Sean como sean. Por eso yo no soy partidaria de una mujer presidente, cualquiera que sea su espectro político”.

Porque entre un hijo que acaba de tener un accidente feroz y una coyuntura muy tensa en el Congreso, la mujer se irá a ver a su hijo. Es lo lógico. Prefiero que sean hombres los presidentes. En otros cargos importantes las mujeres pueden hacer grandes cosas. Me dirán ¿Y Margaret Thatcher ? Es única. ¿Golda Meir? Única. ¿Angela Merkel? Única también. Estamos hablando de las grandes-grandes, no de las buenas”, agregó.