La cara llena de risa. Una cara que nadie olvida. Para muchos La negra Ester fue la primera y única obra de teatro que vieron en su vida. Quién no lloró con ella. Por eso la gente la saluda en la calle, con cariño. La misma gente que despidió a Andrés Pérez el 2002. Rosa Ramírez gesticula y devuelve el teatro a su sentido primigenio, de emoción y cuerpo, de arte popular.

Prefiere hablar del presente más que del pasado porque el Gran Circo Teatro sigue existiendo y enfrentando problemas, incluso ahora que cuentan hace 10 años con una sede propia en comodato, la casona de República 301, donde se acaba de cerrar la temporada de Las Vacas. La obra se ha presentado a la intemperie. Es verano, no importa, después verán qué hacen más adelante cuando venga el frío. “Hemos sufrido bastante persecución e indolencia de parte de la municipalidad; la última gracia fue que bajáramos la carpa”, dice Rosa.

El sueño de un espacio propio

Performance de despedida, Bodegas teatrales de Matucana, Gran Circo Teatro

El 2001 parecía ser un año auspicioso para el Gran Circo Teatro, de alguna manera lo fue porque estrenaron La Huida, la última obra de Pérez, protagonizada y dirigida por él. Ese enero las Bodegas Teatrales de Matucana, espacio cedido en comodato por dos meses a la compañía con posibilidad de ampliarse por varios años, se estrenaban como una de las sedes del Festival de Teatro a Mil. Pocos meses después el lugar se inauguraría con otro nombre, Matucana 100, bajo la gestión de un entonces joven y desconocido funcionario: Ernesto Ottone, que posteriormente se convertiría en el primer Ministro de Cultura del país durante el segundo gobierno de Bachelet. Los miembros del Circo Teatro habían trabajado a mil, incluso con planos arquitectónicos y un proyecto para hacer realidad el sueño de Pérez de que los artistas administraran sus propios espacios culturales. Pero perdieron. 

Cuando a nosotros nos echaron de Matucana número 100, con Andrés con un dolor profundo en su corazón, República 301 estaba ya abandonada, si nos hubieran dicho vénganse para acá, tú hubieras visto que de alguna manera había la intención de proteger a los artistas populares, pero no pos, nos echaron, nos echaron a la calle, por estar en un espacio que nadie había mirado. Nosotros estábamos trabajando porque somos obreros del teatro, no me puedo quedar en la casa divagando con la empleada que me trae el juguito helado. La vida de los trabajadores del arte tiene una urgencia que el poder no conoce”, dice a propósito Rosa Ramírez.

Un año después de la expulsión Andrés Pérez fallece. En ese entonces Rodrigo Hidalgo era colaborador de la revista El Periodista y como tal publicó una nota donde contaba cómo el creador del Gran Circo Teatro había buscado un espacio estable hasta dar con Matucana 100, poniendo todas sus energías en el lugar. Hidalgo contó que Luisa Durán prefirió dejar a cargo a un joven recién llegado de Europa con una maestría en gestión y políticas culturales, antes que dar la oportunidad a Pérez de cumplir su sueño de crear un espacio administrado por los propios artistas, lo que no cayó muy bien al futuro ministro. “A Ottone nunca le pregunté cómo fue que él terminó designado director de Matucana 100, no tenía por qué ni me interesaba hacerlo, yo estaba haciendo un periodismo opinante atrincherado”, relata. “El editor Miguel Paz me dijo: me está llamando Ottone exigiendo un resarcimiento. Dijo que iba a hablar con Martorell y que cerrarían filas conmigo. Después me llamó directamente la jefa de prensa de Ottone. Habían llamado a El Periodista y dijeron que era el colmo que un sujeto haga esas prácticas periodísticas amparado en ese medio, y ahí les dicen que me cortaran, según supe después por Miguel Paz. Weón, me dijo, esta gente está emputecida. Lo sé, le dije, porque también me llamaron a mí. La mina me dijo, weón, tú cachai que es súper poco ético lo que hiciste, porque publicai una versión sin contrastar fuentes, no le dai ninguna posibilidad a Ottone de haberte dicho su versión. Bueno, le dije, lo siento, no está en mi red de contactos Ottone y en cambio sí estaba Andrés… No me podían echar porque no estaba contratado”.

30 años de circo y teatro

El final fue triste y prácticamente le costó la vida a Pérez, pero no detuvo a la compañía que había fundado, pese a que los apoyos han escaseado. “Llegar a los 30 años del Gran Circo Teatro es un acto heroico –dice Rosa–. No nos hemos guardado nunca. Porque somos obreros de esto, porque no hay nadie que nos diga, chiquillos les vamos a dar una pasantía para que se vayan a la playa, miren el mar. Sería bonito. El año que Andrés murió nos ganamos dos Fondart. Y otro dos años después. Y el 2016 ganamos una circulación hacia el sur. Yo siento que en Chile el arte que está en vitrina sigue siendo súper elitista. Está lleno de comunidades teatrales que hacen teatro en las poblaciones, en los barrios, súper buen teatro, pero esas compañías no tienen la prestancia, la difusión que tienen los monopolios culturales”.

Performance de despedida, Bodegas teatrales de Matucana, Gran Circo Teatro

“Le tengo un profundo aprecio a la Carmen Romero. Lo que Carmen hace yo siento que está muy bien, solo que estamos en películas distintas. Nos separan miradas con respecto al arte. Voy a hablar por mí, para que no castiguen a mi compañía: Nunca he sido complaciente con el poder político, ni de la Concertación, ni de la señora Bachelet, ni del Pato Aylwin, ni qué decir de Ricardo Lagos. Matucana 100 lo perdimos gracias a la señora Lucía… Luisa –siempre me confundo; las viejas se parecen tanto (risas)–. A la Luisa Durán. No están por ayudar a buscar las soluciones para los trabajadores, ellos están en la película de la acumulación del poder. Gracias a eso perdí al Andrés Pérez. El no ser complaciente con eso me aleja. Lo que yo hago es un tremendo aporte también, y por qué no tengo la misma resonancia, por qué no se nos apoya. Mi reclamo no es contra los que están bien, es contra el desprecio hacia nosotros que tenemos otra mirada”.

Performance de despedida, Bodegas teatrales de Matucana, Gran Circo Teatro

Los apitutados de siempre

“Nos sacamos la mugre por llevar La negra Ester a todos los sectores porque el arte debe llegar a todos los sectores. Yo creo en la inteligencia del ser humano. Donde yo desligo al Pérez es de este presente. Yo no sé en qué estaría él. Y lo conocí harto, él me eligió para que yo lo acompañara en sus últimos días de vida, porque éramos cercanos, porque éramos amigos, porque teníamos un hijo en común, porque amábamos las mismas cosas, teníamos las mismas obsesiones”.

“Siempre va a haber personajes al servicio de… Él (Ottone) dice que es actor. Qué bueno. También estuvo la Paulina Urrutia que también fue actriz, con la cual no avanzamos mucho. ¿Qué me pasa con él? Que cuando haga una gestión con las 300 lucas que nosotros funcionamos me lo voy a tomar en serio. No cuando haga esas gestiones multimillonarias en Matucana 100, en la Universidad de Chile, ahora no sé dónde anda metido, pero no creo que esté de obrero en ninguna parte. Cuando ellos trabajen como trabajamos nosotros puede que me lo tome en serio. Mientras sea un burgués acomodado, apitutado, no me lo puedo tomar en serio. Es un oportunista más”.

Desde que perdieron el espacio Rosa no ha vuelto al lugar donde soñaron una comunidad teatral. Antes de irse, hicieron una performance tipo protesta ante la prensa como despedida, tomaron sus bártulos y volvieron a la calle, a itinerar sin sede fija hasta que les cedieron la casona de República. “Tendrán que pasar siete generaciones para que yo vuelva a poner un pie en Matucana 100”, dice la actriz sin perder su sonrisa.

 


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