Es absurdo ese afán tan chilensis de querer ser el “más” de los máses, el mejor de los mejores. Acá hasta los poetas se pelean por un trono invisible, el del “poeta principal”. Es para la risa, que siempre es mejor que el llanto.

Principal según la RAE es la persona o cosa que “tiene el primer lugar en estimación o importancia y se antepone y prefiere a otras”; “Dicho de una persona: Que es la primera en un negocio o en cuya cabeza está”; “Esencial o fundamental, por oposición a accesorio”. Es decir, con esta figurilla absurda del “poeta principal”, no  basta con la estimación o la importancia per se, sino que desean la preferencia respecto de un otro. Necesitan anteponerse a alguien.

En la definición misma de lo principal, está el desechar y menospreciar a los otros, creerles accesorios, para ser los esenciales, los primeros, los fundamentales. Ha sido y es una cosa tremendamente masculina.

Lo pienso porque me quedó dando vueltas la entrevista que dio el poeta Raúl Zurita sobre Nicanor Parra, en la cual de refilón tiró a partir a su “amigo” difunto. Con esos “amigos” quien quiere enemigos, pensé al leer. Luego, naturalmente salió en su defensa Colombina, la hija del antipoeta, con una lógica un poco similar “de pegar patadas”, metafóricas claro, pero patadas a fin de cuentas.

Simplemente es para quedarse atónita. El capitalismo patriarcal le ha hecho mucho daño a las letras, con este asunto de la competencia, que se extrapola a esto del “poeta principal”. Es algo tremendamente masculino, en el sentido de esa masculinidad tradicional, añeja, por suerte en decadencia.

No me imagino a la gran Violeta Parra, disputándole el supuesto trono a la difunta Gabriela Mistral, ofendiéndola de refilón en algún medio. Ni a la Gabriela creyéndose sentada en uno, desde el cual mirar para abajo, pese a los inmensos (aunque tardíos) reconocimientos.

Ninguna de las dos es prescindible. No porque exista una tremenda Gabriela, será menos la inmensa Violeta, y viceversa. Y no porque existan estas dos maestras, serán accesorias las poetas Teresa Wills Montt o Winétt de Rokha. Lo mismo, decir de las obras de los poeta en cuestión; no es prescindible en la literatura de este pedazo de tierra perdida en el culo del mundo, ni Parra ni Zurita, por haberles precedido De Rokha o Huidobro o Mistral o Violeta o Neruda.

Cada quien tendrá en el fondo de su corazoncito literario a sus favoritos y favoritas, nada más que en base a sus obras y leyendas; y es sabido que afortunada y naturalmente no todas estas preferencias coinciden con el canon ni con la cantidad de dinero que invierten en difusión las fundaciones legadas por el difunto poeta, o la cantidad de laureles que haya o no obtenido en vida. Ese íntimo y honesto sentimiento que nos liga a las obras no se compra ni se vende. Es la dulce revancha de las y los incomprendidos de su tiempo, de las y los excluídos de las antologías prematuras y del mundillo literario de los vivos (en todas sus acepciones).

El “poeta principal” es un invento absurdo de los poetos machos… nada que vaya a perdurar en las nuevas lógicas emergentes. Porque si el mundo ha de pervivir, será porque la mentalidad evolucione hacia la colaboración en vez de la competencia, desde un patriarcado capitalista a un feminismo revolucionario; y si no es así, pues está condenado a morir por sobrexplotación abusiva de los recursos (de todo tipo, humanos y naturales), y no creo que los grandes capitalistas que en Marte pudieran sobrevivir a la catástrofe medioambiental que están generando, recuerden a ningún poeta, pues la poesía no es amiga de ese tipo de gente. Así que déjense de pelambres absurdos y pseudoguerrillas, que los enemigos no están entre poetas, y el poeta principal está en franca decadencia.


Poeta, abogada y editora