A casi un mes de iniciar el año escolar 2019, reflexionamos sobre el anuncio del Ministerio de Educación sobre la creación de la asignatura de “Lengua y Cultura de Pueblos Originarios” que realizó a comienzos del segundo semestre del año anterior y para aquellxs que consideramos relevante la promoción de la educación inclusiva y de la diversidad en una sociedad cada vez más pluralista, el tema no nos deja indiferentes.

Según se ha dado a conocer, esta asignatura será impartida con ejes, tales como: tradición oral; territorialidad; cosmovisión y técnicas y artes ancestrales. Lo interesante de desarrollar estos tópicos en la temprana  escolaridad es que permite situar a lxs estudiantes en un ambiente de educación intercultural, valorando, según las propias palabras del Mineduc, “la interculturalidad como una interacción mutua en que necesitamos apreciarnos y comprendernos como personas de culturas diversas”.

Desde una panorámica nacional, el implemento de esta medida se traduce en una mejora en la calidad de la educación otorgada a todos lxs estudiantes, pero con especial influjo para aquellos que pertenecen a una cultura originaria: no sólo respecto al apoyo institucional en pos de conservar las lenguas y las culturas de cada pueblo –paralelo a la forma tradicional de traspasar estos conocimientos- sino que también en cuanto a la naturalidad con que lxs estudiantes podrán practicar sus costumbres propias y su lengua en el resguardo de un ambiente que debiera conocer, comprender y reforzar el valor  incalculable de tal libertad. Sin embargo, esta implementación debiera contemplar la siguiente consideración: enmarcar la instancia a sólo una asignatura y no al sistema educacional completo supone un riesgo: puede ser que fuera de la misma asignatura no se produzcan grandes cambios en cuanto a la inclusión.

La comprensión de las diferentes culturas y su natural interacción debe pensarse transversalmente y no limitarse a una instancia, en donde lxs estudiantes tengan un aprendizaje vivencial y no quede sólo en lo anecdótico de una clase aislada.

Para esto, la totalidad del funcionamiento de los establecimientos deberá construirse bajo una mirada intercultural, es decir, desde la generación de lineamientos de capacitación para la formación de todxs lxs integrantes de la comunidad educativa hasta la disposición de los espacios e infraestructura.

Asimismo, esta nueva política nos lleva a remirar la Educación Superior y su contexto, el cual es bastante diferente: muchxs de lxs estudiantes pertenecientes a algún pueblo originario presentan bastantes desafíos al intentar comprender y adaptarse a la cultura universitaria, la cual es distinta a la que conocen y la cual generalmente está pensada para estudiantes que forman parte de la cultura dominante (estudiantes chilenxs).

Creemos que a futuro debieran generarse directrices en la línea de esta política en Educación Superior. En este nivel, sólo muy pocas instituciones en Chile han creado intencionalmente espacios que promuevan la agrupación y el reconocimiento de lxs estudiantes pertenecientes a algún pueblo originario, sin duda que es necesario una mayor promoción de formación de grupos y asociaciones de estudiantes de diversos pueblos originarios y profesorxs que generen conversaciones y discusiones respecto de sus culturas y cómo éstas se desarrollan en el ambiente educacional. Lograrlo permitirá seguir avanzando en la calidad y equidad.

Sitio web: www.sfisaief.cl


Por Noemí Huenumán Antimir, Francisca Segovia González y Andrea Flanagan Bórquez. Las autoras son integrantes del Proyecto AEIF “Apoyando a Estudiantes Indígenas de Primera Generación”, dirigido por la Escuela de Psicología de la Universidad de Valparaíso.