Si uno busca en YouTube “huelga trabajadores tottus buin 2018” apenas salen cuatro o cinco videos (todos grabados de forma casera por algún trabajador), más alguno que se las da de periodista y entrevista a los dirigentes. Si uno pone atención a los videos sin tomar en cuenta el contexto, lo que se puede ver es básicamente una especie de carnaval tipo competencia de alianzas, donde solo hay un color disputando lugar: el verde.

Retrotrayendo las semanas que han pasado desde el fin de la huelga en el Tottus de Buin –el local de la cadena número uno en ventas a nivel nacional y en la comuna– hay varias escenas y lecciones importantes de la movilización que es importante no olvidar.

La primera lección a destacar fue lo que más comentaron los buinenses y paininos en los grupos de Facebook de Buin y alrededores: la nula cobertura periodística de los llamados “canales a su servicio”. Trabajadores educados y conmovidos por los reportajes de TVN, Mega y Chilevisión ahora se daban cuenta de lo aterradoramente indiferente, injusto y arbitrario del poder mediático. Es más, se daban cuenta de la evidente asimetría de poder entre una gran empresa como el holding Falabella contra un sindicato de una comuna rural de la Región Metropolitana. Pero eso nunca fue novedoso, pues la primera huelga histórica del supermercado hace más de nueve años también sufrió la misma indiferencia mediática. Muchos vecinos de la comuna mandaron una tonelada de mensajes a estos canales y ninguno respondió siquiera. Quienes cubrieron la noticia e hicieron eco a las demandas de los trabajadores fueron algunos concejales de la comuna mediante redes sociales, los vecinos, el canal de la municipalidad y el alcalde UDI Miguel Araya como mediador del conflicto, quien intentaba no quedar mal ni con los trabajadores ni los empresarios (que ha sido su forma de administrar la comuna).

La segunda lección importante vendría a ser la unidad asegurada bajo un mecanismo que presione a los trabajadores a llegar hasta las últimas consecuencias. Eso se logró, pues las tres semanas de huelga fueron un récord para el sindicato, que apostaba incluso por ir más allá, después de las primeras dos semanas muertas y de la insólita reunión a la que convocaron solo al secretario del sindicato en el Starbucks del Mall Plaza Oeste, a la que respondió con un contundente “¡no!”, arguyendo que la huelga era en Buin y ahí se tenían que reunir y que además la huelga no era una idea de él, sino de toda una organización. Luego de muchas reuniones y de la poca intención de diálogo de parte de la empresa, se propuso una oferta al sindicato que los trabajadores terminaron votando a favor por escaso margen. Nuevamente poco y nada se consiguió, entre ello el ajuste de sueldo, el bono de locomoción y poco más. Lo insólito es que el mes de trabajo perdido se les descontará a los trabajadores durante los siguientes meses de remuneraciones en un plazo extenso para que “no se sienta”.

Aprendizajes más, aprendizajes menos. La última vez que fui a darme una vuelta al supermercado los panaderos me contaron que todo había vuelto a la normalidad, “como si no hubiera pasado nada”. Un total de 236 de 250 trabajadores estuvieron en huelga, casi la totalidad de personal que mueve al local. De ninguna manera las cosas siguen “como si no hubiera pasado nada”. Alguna lección que se me escapa deben haber aprendido de esto.        

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