Recientemente hemos conocido la creación de un nuevo partido, al interior del Frente Amplio, resultado de la fusión entre Izquierda Autónoma y Poder. Forma parte del proceso de reducción de diversidad interna por parte del conglomerado de cara a próximas contiendas electorales. El nombre elegido para este experimento es “Comunes”.  Lo que podría parecer una buena noticia para aquellos que desde hace varios años reivindicamos el uso político de “lo común” esto nos produce, sin embargo, inquietud. Hemos visto muchas banderas y pocas ideas acerca de lo común en este parto político. Hemos buscado en el ciberespacio, pero no hemos encontrado contenidos ideológicos que expliquen la elección del nombre.

Eligieron un sustantivo, lo que implica todavía una cierta potencia política de la denominación. Boaventura de Souza Santos nos advertía de la pérdida de los “sustantivos críticos” por parte de las izquierdas, resignadas a adjetivar sustantivos, propios o ajenos. Más los últimos que los primeros. Democracia “radical”, democracia “participativa” democracia “deliberativa, revolución “democrática”, desarrollo “sustentable” son algunos de ellos.

A pesar de que es posible utilizar algunas de estas adjetivaciones en un sentido emancipador, de Souza santos nos señala que “al refugiarse en los adjetivos, la teoría crítica cree en el uso creativo de lo que yo llamaría franquicia conceptual”. Las adjetivaciones corren el peligro de jugar en el territorio conceptual del oponente dado que enmarcan los “debates y propuestas en un horizonte de posibilidades que inicialmente no es el suyo”.

La elección de un sustantivo, es una buena cosa, pero uno como “común” es necesario sostenerlo teórica y prácticamente; hay que ser digno portador de este nombre, poseedor de una rica tradición de reflexiones y prácticas.

Enunciemos algunos de sus contenidos:

  1. Lo común lo es siempre de lo diverso. Lo común es el conjunto intersección entre identidades distintas que deben interactuar en contextos de la mayor igualdad posible. La interacción debe darse entre los iguales y, al mismo tiempo, diferentes Las jerarquías excesivas matan lo común.
  2. En esa intersección, de geometría variable, quedan incorporadas las afinidades entre las identidades y sus procesos de identificación. Pero lo común es un orden ni homogéneo ni hegemónico. En lo común no hay subsunción de la parte al todo: las identidades participantes mantienen rasgos, variables, de sus singularidades dentro del conjunto. La lógica de lo común es opuesta a la lógica de la hegemonía.
  3. Sólo un conjunto común permite el pluralismo. Un conjunto hegemonizado por alguno de sus componentes no.
  4. Lo común es “federable”. Podemos entender a la federación como un mecanismo tanto para expresar comunes como para construirlos. Lo común y lo federativo provienen de acuerdos, pactos, contratos etc. que implican tanto derechos como obligaciones recíprocas. Pero, como en lo común, lo federal permite también un rango amplio para la expresión identitaria de las singularidades que, pese a su inclusión en un conjunto, no quedan subsumidas en él.
  5. El despliegue federativo prefiere la comunicación (horizontal) periferia-periferia, más que la comunicación (vertical) centro-periferia y, en un proceso de inclusión progresiva, la creación de “comunes de comunes”. Estos son articulaciones cada vez más complejas, pero nunca universales, ni unánimes, ni totalitarias, ni hegemónicas entre entidades conectadas por relaciones de respeto.
  6. Un “común de comunes” es un concepto que describe un proceso abstracto de ensamblaje de vínculos entre igualdades y diferencias dentro de una lógica no jerarquizada. Los “comunes de comunes” no implican la subsunción de las partes al todo sino relaciones conjuntivas (esto y aquello) y contingentes (pueden o no ocurrir) entre entidades singulares que mantienen su autonomía.
  7. En su articulación máxima, en un campo organizativo determinado, un común de comunes, se acerca al concepto de totalidad, pero: a) es construido desde abajo; b) es tendencial, nunca se cierra definitivamente; c) puede ser des-construido y hacer visibles sus componentes identitarios de partida.
  8. Lo común no es nunca definitivo. Es más bien un “estado” de lo organizativo, de lo cognitivo, de lo sensible entre sujetos. Un “estar” más que un “ser”. Estamos en común, ponemos en común, participamos de lo común… O un “estar siendo”: una actualización permanente de potencias individuales y colectivas.
  9. Las unidades negociantes en los espacios de lo común deben poseer riqueza identitaria. Mientras más diferencias de este tipo, no jerarquizadas, mayor será la riqueza del común producido. Y, a la inversa, la riqueza común debe actuar sobre las individualidades enriqueciéndolas. Hasta ahora, el FA ha mostrado poca diferencia identitaria interna sustantiva, pero mucha distancia expresiva de superficie.
  10. Lo común es potencia y fuerza, es una capacidad de los seres, pero al mismo tiempo es débil y precario. Las fuerzas de individualización y universalización presionan siempre para disolverlo. Llevarlo hacia las diferencias infinitas o hacia las homogeneidades únicas.
  11. Lo común no es consenso, ni mucho menos unanimidad, por lo tanto, no se basa en un acto de exclusión, como quiere Mouffe para la hegemonía. Lo común es una totalidad ni uniforme ni totalitaria que no elude el antagonismo y el conflicto, pero los considera efecto del despliegue de las identidades y su resistencia a los intentos hegemónicos de otros.
  12. Lo común entendido como forma de actividad política es una manera de manejar las diferencias y las desigualdades en las sociedades humanas. La lucha de lo común es contra la jerarquización de las diferencias. Nosotros/ellos es una diferenciación; amigo/enemigo es una jerarquización.
  13. Proponer y defender lo común no implica una visión “buenista” de la sociedad ajena los conflictos, sino entender a los conflictos como efecto de las negociaciones para construir comunes. Frente a las unanimidades autoritarias, fascistas o populistas, de izquierda o de derecha, lo común ofrece la posibilidad de un orden pluralista no hegemónico.
  14. El antagonismo o el conflicto no son puntos de partida axiomáticos, sino, posibles puntos de llegada en el despliegue contingente de las identidades en proceso de construcción de comunes. La legitimidad del otro es respetada mientras no ponga en juego mi identidad, mientras respete lo común, que es la condición de posibilidad de mi existencia y la de mis otros afines.
  15. Lo común es siempre producción diversificada de lo nuevo, no generación jerarquizada de lo dado. Es producción no re-produccción. Lo común, dicen Laval y Dardot, sobre todo en momentos de desamparo y convulsión social es una práctica instituyente que engendra “nuevas instituciones, nuevas obras, nuevas acciones, nuevas prácticas”. Involucra a todas las esferas de la sociedad no solamente a la actividad política en “en el sentido parlamentario y partidario del término ni tampoco únicamente a las actividades económicas”