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Comuneros mapuche terminan huelga de hambre tras acuerdo con el gobierno

Comuneros mapuche terminan huelga de hambre tras acuerdo con el gobierno

Durante este viernes finalizó la huelga de hambre que cuatro comuneros mapuche realizaban hace 46 días en la cárcel de Angol, tras alcanzar un acuerdo con las autoridades del gobierno y de las carteras de Salud y Justicia. La manifestación era conformada por dos hombres imputados y otros dos condenados. Al respecto, el vocero Freddy […]

mapucheDurante este viernes finalizó la huelga de hambre que cuatro comuneros mapuche realizaban hace 46 días en la cárcel de Angol, tras alcanzar un acuerdo con las autoridades del gobierno y de las carteras de Salud y Justicia.

La manifestación era conformada por dos hombres imputados y otros dos condenados. Al respecto, el vocero Freddy Marileo señaló a Radio BioBio que el trato consiste en trasladar a Luis Marileo y Cristian Melinao al Centro de Estudio y Trabajo (CET) de Angol, en menos de 20 días.

En tanto, los acusados Claudio Huentecol y Miguel Toro permanecerán en la cárcel de Angol, pero pidieron mejorar el sistema de visitas en el penal y, en el caso de ser condenados, que los trasladen al CET de Angol al igual que a sus compañeros.

Sin embargo, Marileo recordó que “estamos en alerta para este caso continuar con la movilización, todavía, hasta el momento, no hemos tomado el acuerdo concreto, cuando los peñis estén dentro del CET o ya se hayan cumplido todos los petitorios vamos a estar en conformidad en eso”.

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REDES| “Es ignorante y patético”: Hacen pebre a Carlos Larraín por afirmar que “los mapuches son argentinos”

REDES| “Es ignorante y patético”: Hacen pebre a Carlos Larraín por afirmar que “los mapuches son argentinos”

El ex senador sostuvo en el programa de TVN, “Estado Nacional”, que los mapuche “cruzaron la cordillera 40 años antes que los españoles”.

En menos de 5 minutos Carlos Larraín realizó una de sus intervenciones más polémicas del último tiempo. El ex senador afirmó en el programa de TVN, “Estado Nacional”, que el pueblo mapuche es “argentino” en medio de una discusión sobre la crisis que vive La Araucanía tras el asesinato de Camilo Catrillanca.

Larraín encendió la pradera al hacer un análisis “histórico” del conflicto y sostuvo con total seguridad que “los mapuches llegaron unos 40 años antes que los españoles”.

Además de esto, el militante de Renovación Nacional llamó a negociar con la gente pacífica después de mencionar que en el territorio mapuche hay “tarzanes con pistolas“.

La única persona del panel que encaró a Larraín tras sus polémicas declaraciones fue Kena Lorenzini, quien le recalcó que el territorio mapuche fue dividido entre los Estados de Chile y Argentina.

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Aracely Leuquén: El discurso de la ideología del progreso aplicado a lo mapuche

Aracely Leuquén: El discurso de la ideología del progreso aplicado a lo mapuche

El contraste entre lo blanco y lo negro que propone la derecha, sitúa a los mapuche entre dos lugares en constante roce, entre lo tradicional y lo moderno o evolucionado, lo indígena y lo chileno, lugares que responden a ideas que quieren que asumamos bajo su sistema de no reconocimiento de autonomía sobre nuestra identidad. De acuerdo a esta última idea, el contraste entre lo blanco y lo negro, lo chileno y lo indígena, responden a una ficción propuesta por la derecha hegemónica, la cual nos sugiere que las tradiciones simbolizan el estancamiento de una cultura y que para evitar esto habría que “evolucionar”, “progresar” hacia una identidad civilizada, chilena.

A mediados de año, la agrupación mapuche Rakiduantum de Coyhaique emplazó a la diputada mapuche por la región de Aysén miembro de RN (Renovación Nacional), Aracely Leuquén, para que deje la bancada indígena de la Cámara baja, explicando que su presencia y opinión respecto a estos temas, no los representaba. Así mismo, Leuquén, lo corroboró cuando, siendo parte de la discusión de la reforma constitucional de equidad de género, rechazó junto su bloque de derecha la indicación que apuntaba a cautelar los conocimientos ancestrales de las mujeres de pueblos originarios, votando en contra de esta iniciativa.

Luego de revisar las declaraciones que entregó al diario La Tercera, las que serán desglosadas en los siguientes ítems, se proponen los conceptos de progreso y evolución como un recorrido constante en su discurso, aquella ideología del progreso que quieren aplicar algunos a nuestro pueblo mapuche.

“Nuyado no representa al mundo mapuche”, sino que a la izquierda. Una irrupción en un momento en que la derecha, el oficialismo, no tiene voceros de esa etnia en pleno conflicto.

La derecha en nuestro país se ha negado, históricamente, a no reconocer las identidades indígenas. En 1979, la Dictadura decretó la liquidación de los títulos de merced por títulos de propiedad privada. Esto perjudicó la organización de las comunidades indígenas, permitiendo aún más la ocupación de La Araucanía, que también buscaba destruir los tejidos sociales en torno a la organización política y cultural de los pueblos. También, esto permitió un sinfín de plantaciones forestales, principalmente de pino y eucalipto, que dejó graves consecuencias extractivistas generando el deterioro de las plantaciones de especies autóctonas, destruyendo también el ecosistema del Wallmapu, así como la posibilidad de recuperar las tierras usurpadas bajo los títulos de merced. Sin ir más lejos, es el mismo dictador Pinochet, quien en un discurso en Villarrica en aquel año se refirió al tema: “Hoy ya no existen mapuche, porque somos todos chilenos”, unificando la identidad nacional y haciéndola una identidad estable, como si todos los sujetos que conformamos la ficción que es el territorio chileno viviésemos bajo un hilo conductor tanto de prácticas culturales como cosmológicas, realizando una homogeneización de las identidades, aplastando con su aparato colonial todo lo que no forme parte de esta hegemonía funcional al mercado neoliberal y sus prácticas latifundistas.

“Se me discrimina en la Cámara porque no soy una mujer que se disfraza de mapuche”.

Ella supone que las vestimentas tradicionales mapuche como el kupam, makuñ, trarilongko, tupu, ikülla entre otras, son funcionales para esta “caricatura” del mapuche, instaurados desde los gobiernos de la Concertación, utilizando la multiculturalidad como parte de la sociedad chilena, pero nunca reconociendo al mapuche como sujeto de derecho, de voz y autonomía para su identidad. Pareciera que nuestra cosmovisión es simplemente exótica y conveniente para un grupo en particular que está al poder, solo cuando nos pueden instrumentalizar en sus campañas políticas, en sus instituciones, ocupando la cuota indígena, pero invalidándonos de toda opinión crítica acerca de la conformación de esta idea absurda y utópica de nación.

“Opinar distinto de lo que opina la izquierda en el conflicto mapuche es importante para muchas comunidades indígenas que tienen temor a decir lo que piensan, y que se sienten absolutamente representadas por mí”. Hay un tema pendiente de mi sector con el mundo indígena.

Ante este punto, Leuquén supone que los mapuche estamos en constante alineación con la izquierda. Mas, nosotros entendemos que hay una demanda histórica, que no parte en los años 90, que incluso los gobiernos de la eterna transición no han reconocido y, sin ir más lejos, en el año 1971, durante el gobierno de Allende se proclamó la primera ley indígena, la cual equiparaba de manera insuficiente al mapuche con un campesino, pero que abrió puentes para reconocer la identidad racial mapuche como una alternativa a lo chileno. En ese sentido, tanto la izquierda como la derecha, tienen una deuda y responsabilidad históricas con respecto a nuestro pueblo, ninguno de los gobiernos ha estado a la altura de reconocer una diferencia tanto cultural como cosmológica presente dentro de lo mapuche. Cuando la diputada asegura representar a personas de grupos mapuches que piensan tal cual como ella lo hace, lo hace desde agenciamientos políticos de representación de una comunidad que no ha sido visible o que no ha querido respaldar sus dichos.

“Me han criticado, pero no me arrepiento en lo absoluto. Cuando digo esto, me hago cargo de la caricatura que existe de los pueblos originarios. Si hay un sector político que no lo quiere entender, es problema de ellos. Pero me hago cargo de una caricatura. Acá hay muchos descendientes de etnia mapuche, huilliche -en fin, de origen étnico- que han evolucionado, avanzado y progresado respecto a cómo se desarrolla la sociedad en que vivimos. Al parecer a algunos nos gustaría seguir viviendo en rucas, utilizando el mapundungún, vestuario étnico, y la verdad es que siento que las comunidades indígenas tienen que evolucionar. Somos parte de Chile. Cuando yo digo eso me hago cargo de una caricatura”.

Tal vez a algunas personas que enuncian lo mapuche desde su lugar, les falta integrar conocimientos del rakiduam[1] mapuche. Hay una idea de progreso y evolución en el discurso aplicado por la derecha, que nos quiere decir que somos incivilizados. Hay un dejo despectivo en torno a la misma caricatura que se aplica instrumentalizando a Leuquén, como ser en ascenso para la cultura mapuche, pero que no ha aplicado ninguna de las prácticas del küme moñgen[2], ni menos de su convicción para atacar el racismo que hemos sufrido en el territorio chileno, quienes nos hemos asumido desde un lugar político como mapuche.

Hay una idea sesgada, de desarraigo, que supone que las nociones de progreso, aplicadas por la izquierda en los 70, las cuales son instrumentalizadas por los gobiernos de derecha hasta hoy, de querer hacer parte a los sujetos que no se reconocen en este sistema colonial y neoliberal, situándolos en el borde, en una periferia que necesita asistencia patronal para su evolución y para llegar a aquellos lugares brillantes del progreso, progreso que basa su fin en asimilar la identidades mapuche como parte de lo chileno, como parte de esta civilización, como parte de este increíble modelo del progreso y avance para nuestra cultura. También, sigue permanentemente vigente una noción arribista, para quienes asumen que vivir una cosmovisión mapuche es símbolo de retraso, de no estar actualizados con el mundo moderno, no permitiendo la coexistencia de creencias previas a la conformación de estos estados-naciones.

La cosmogonía mapuche, según la visión política instaurada por el poder, sería sinónimo de pobreza, inferioridad y también de atraso. Aquellas nociones surgen como instrumentos para la colonización y el racismo, los que han coartado a quienes provienen de un origen mapuche y les han impedido habitar la posibilidad de encontrar un lugar en su conformación como pueblo autónomo. Sin criticar la identidad que Leuquén asume sobre lo mapuche -puesto que cada quien puede enunciar su identidad de acuerdo a lo que cree- no es posible agenciarse la representación de comunidades y poblaciones ficticias en su totalidad. El progreso no se puede medir bajo aquel sistema racista y colonial basado en la asistencia social, ya que todas aquellas ideas están profundamente replicadas por un ojo que quiere reconocer blancura donde no la hay, y que quiere establecer espacios europeizados en realidades que no son las correspondientes, en este caso, los pueblos que habitan Latinoamérica explotados por la mano Europea y blanca.

El contraste entre lo blanco y lo negro que propone la derecha, sitúa a los mapuche entre dos lugares en constante roce, entre lo tradicional y lo moderno o evolucionado, lo indígena y lo chileno, lugares que responden a ideas que quieren que asumamos bajo su sistema de no reconocimiento de autonomía sobre nuestra identidad. De acuerdo a esta última idea, el contraste entre lo blanco y lo negro, lo chileno y lo indígena, responden a una ficción propuesta por la derecha hegemónica, la cual nos sugiere que las tradiciones simbolizan el estancamiento de una cultura y que para evitar esto habría que “evolucionar”, “progresar” hacia una identidad civilizada, chilena. Por consiguiente, lo que realmente se propone es dejar atrás la identidad indígena y asumir una nueva identidad, alejada de todo reconocimiento a nuestros pueblos originarios, y que nos niega a nosotros situarnos dentro de aquella identidad para así representarnos como sujetos nuevos, higiénicos y pacificados, como indígenas purificados.

Para terminar, me quedo con palabras que he escuchado de varios sabios y antiguos:

“No todo quién se diga mapuche, es gente.”

[1] Pensamiento.

[2] Buen vivir.

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Violencia, opresión y deshumanización, ¡Hasta cuándo!

Violencia, opresión y deshumanización, ¡Hasta cuándo!

Qué duda cabe, siguiendo a Marx, que la sociedad capitalista es una de las causantes de la deshumanización moderna. Pero más allá de eso, el hecho es que en Chile suceden cosas graves, sin que la tensión institucional que se genera en la agenda pública sea suficiente para combatir la inercia. Me refiero, por ejemplo, a la naturalización de situaciones graves como el apuñalamiento de mujeres en marchas pacíficas; como el otorgamiento de libertadas a genocidas; como los montajes asociados a la Operación Huracán; como el asesinato cobarde de mapuches; como las declaraciones del Comandante en Jefe del Ejército, quien, muy suelto de cuerpo afirma que defenderán con “dientes y muelas” su privilegiado sistema previsional. Todo esto, mientras el “poder civil” juega a ser un espectador más. A eso hay que decir, ¡basta!

La puesta en marcha del Comando Jungla -que no es una invención como el gobierno nos quiere hacer creer; sino una realidad escalofriante- junto con el cobarde asesinato de Camilo Catrillanca, nos obliga a revisar y reflexionar acerca del país deshumanizado en el que nos hemos ido convirtiendo.

Un ejemplo de esta deshumanización está en que como sociedad hemos normalizado la violencia estatal contra las comunidades mapuches, transformándola en algo así como la única alternativa racional a la hora de “pacificar” la Araucanía.

También como sociedad hemos ido normalizando, por la vía de la aceptación pasiva, la evidente y rastrera complicidad de los principales medios de comunicación. Estos medios que han ido construyendo con el tiempo -pues para generar realidad, el paso del tiempo es un activo primordial- una falsa realidad e imagen del pueblo mapuche, con el único y expreso objetivo de criminalizar sus demandas. ¿Por qué? O mejor ¿para qué? Pues para proteger intereses privados (forestales principalmente). Intereses de personas que se apropiaron -con la complicidad, aprobación y ayuda del Estado Chileno- de tierras que ancestralmente le han pertenecido al pueblo mapuche. El asunto entonces tiene un foco económico- político, ligado a la propiedad de las tierras. Lo anterior, en terminología marxista, podría enfocarse desde la mirada de la acumulación originaria.

Como sea, nuestra sociedad ha observado con demasiada pasividad como un grupo pequeño de personas ha despojado de sus tierras al pueblo mapuche, con la obvia complicidad (activa o pasiva, según el gusto del lector) de la clase política que ha concentrado el poder desde el término de la dictadura cívico militar.

Esto es así, pues la clase política, transversalmente -como un ejemplo vergonzoso de la falacia conocida como “política de los acuerdos” y con matices que solo alcanzan a ser eso, matices-, no ha estado a la altura de la envergadura del conflicto, al solo ofrecer como única medida de acción, la militarización de la zona y la opresión de todo un pueblo.

Nadie dice que la resolución del problema es algo simple; algo que pueda resolverse de la noche a la mañana. De hecho, el punto es ese: Un problema de esta envergadura requiere soluciones a la altura, más ligadas a la política que a la criminalización.

En suma, el Estado ha hecho grandes esfuerzos por hacernos creer que los terroristas son los mapuches, cuando la realidad es exactamente la contraria: El Estado es que se ha convertido en terrorista, ocupando el monopolio de la fuerza para seguir atropellando a un pueblo que solo está pidiendo lo que se le ha arrebatado: sus tierras ancestrales.

Y en este escenario, me inquieta pensar cuál será la reacción de la izquierda, y la reacción de la ciudadanía en general.

De la izquierda, me inquieta saber primero que todo, si habrá reacción. Pero me refiero a una reacción de verdad. Con propuestas, convicciones políticas, una estrategia realista y definiciones sin ambigüedades (para eso hay que tener el coraje de enfrentar a los poderes económicos ligados a las empresas forestales). Me parece que el actual escenario genera una buena oportunidad para que la izquierda mire hacia atrás, analice cómo ha actuado -y por qué-, sin eludir absolutamente ninguna responsabilidad.

Y de la ciudadanía también me inquieta saber si va a ver reacción -para lo cual se requiere primero, tomar conciencia-, o si más bien, continuará al alza una tendencia de alienación en cuanto a los graves problemas políticos y sociales que nos aquejan como sociedad.

Qué duda cabe, siguiendo a Marx, que la sociedad capitalista es una de las causantes de la deshumanización moderna. Pero más allá de eso, el hecho es que en Chile suceden cosas graves, sin que la tensión institucional que se genera en la agenda pública sea suficiente para combatir la inercia. Me refiero por ejemplo a la naturalización de situaciones graves como el apuñalamiento de mujeres en marchas pacíficas; como el otorgamiento de libertadas a genocidas; como los montajes asociados a la Operación Huracán; como el asesinato cobarde de mapuches; como las declaraciones del Comandante en Jefe del Ejército, quien, muy suelto de cuerpo afirma que defenderán con “dientes y muelas” su privilegiado sistema previsional. Todo esto, mientras el “poder civil” juega a ser un espectador más. A eso hay que decir, ¡basta!

En fin. Todo esto parece normalizarse cada vez más, y nuestra débil democracia parece no estar dando el ancho. Por eso me inquieta saber hasta cuándo la ciudadanía estará dispuesta a tolerar esta barbarie en la que estamos inmersos. Porque ayer fue Matías Catrileo. Hoy, Camilo Catrillanca. Mañana podrían ser tus hijos, tú o yo, los que sean asesinados por un disparo en la cabeza, simplemente por querer defender nuestros justos y legítimos derechos.

Ante esto, la única reacción posible es salir a la calle, hacer esfuerzos por generar conciencia en los barrios y exigir cambios. Porque no sabemos hasta cuándo la democracia soportará los embates de la impunidad, el populismo, la corrupción y la violencia.

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Informe devela el rol de Israel en la militarización del Wallmapu

Informe devela el rol de Israel en la militarización del Wallmapu

Las fuerzas armadas en el sur de Chile han recibido entrenamiento, tecnología y armamento militar israelí. También se ha denunciado que en el último tiempo ha existido un contrato con la empresa israelí “BlueBird Aero System”, y que hubo intensiones de comprar drones para vigilancia durante este año, pero que no se ha concretado.

Si hoy Israel es el 4to país exportador de armas a nivel mundial es porque tiene un importante “soporte militar para subsistir mediante la ocupación, colonización y apartheid en Palestina”, sostiene Saaid Jamis, participante de la Campaña BDS desde el Sur y parte del equipo investigador del informe titulado “El militarismo israelí en América Latina”. Además, el activista sostiene que como el Estado de Israel “es una fuerza ocupante – una fuerza militar que necesita una constante inversión en investigación y desarrollo de armas- exporta al mundo ese mismo desarrollo militar, de control y seguridad”.

El activista argentino Germán Romano, del Periódico Virginia Bolten y de BDS Argentina, visualiza que “la región latinoamericana exporta productos primarios a Israel y luego adquiere productos industrializados, como tecnología y máquinas de matar, siendo un flujo económico de primerización de nuestras economías con la consiguiente forma colonialista de relación comercial”.

En el informe se detalla que a partir de 1967 el régimen sionista comienza a tener injerencia en el comercio de las armas en Latinoamérica y en Chile a partir de 1974, precisamente durante el régimen de Pinochet, convirtiéndose en 1976 en su principal proveedor.

El informe detalla que Israel vendió misiles, radares, armas ligeras, naves aéreas, navales y tecnología de “bombas de racimo” a la dictadura chilena. Esta información salió a la luz gracias a cables de la embajada de los Estados Unidos en Chile. Pero también porque existe una solicitud que realizaron víctimas de la dictadura chilena el año 2016 para que Israel desclasificara unos 19 mil cables relacionados con este intercambio militar. Hasta la fecha esto no se ha efectuado “develando la complicidad de Israel en las violaciones a los derechos humanos en Chile”, sostiene el documento.

La Fuerza Aérea de Chile contó con el apoyo de Israel, tanto en insumos técnicos como con asesorías de expertos y hubo abiertas intenciones durante la dictadura chilena de profundizar la relación militar entre ambos países, pues hubo pronunciamientos públicos al respecto por parte de funcionarios israelíes. En ese marco en 1978, Chile recibió al Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Militares israelíes, General Mordechai Gur, quien promovía específicamente sistemas de misiles y tecnología. En 1984, visitó el país el entonces Ministro de Comunicaciones de Israel, quien afirmó que habían tergiversado en los medios al régimen militar chileno, tal como le ocurría a Israel con el tema de los “terroristas palestinos”.

Democracia armada

Germán Romano, del Periódico Virginia Bolten y de BDS Argentina, explica que existen dos etapas de compras masivas de armas a Israel en Latinoamérica. La primera, ocurre durante las últimas dictaduras militares, y una segunda etapa que se da en períodos de democracia en países como Chile, México, Colombia y Brasil.

En Chile, si bien la compra de armas se desaceleró considerablemente a fines de la dictadura cívico-militar, no cesó por completo. Es más, a partir del año 2000 se reactiva la compra de material bélico a Israel. De hecho, entre los años 2000 y 2004, “Chile compró 200 misiles aire-aire y 1000 misiles antitanque, junto con sistemas de radar”, sostiene el informe.

También, la Armada de Chile compró las lanchas misileras “Angamos”, “Chipana” e “Iquique”, y las patrulleras “Hudson”, “Machado”, “Salinas” y “Díaz”. Además, se intercambiaron métodos de entrenamiento y cooperación mutua. La “Angamos” se hizo conocida cuando participó del ataque que la armada chilena hizo a los pescadores de Mehuín cuando protestaban en rechazo al ducto de la Celulosa Arauco.

Para el caso chileno también se menciona la presencia de gases lacrimógenos, globos de seguridad, y drones que permiten que haya estrategias de control en la región de la Araucanía, además de técnicas de entrenamiento a Carabineros y contratos con Gendarmería, los que suponen la venta de grilletes para los presos, entre otros elementos para la represión.

En el informe se detalla que Gendarmería ha sido entrenado por la Mossad (servicio de inteligencia israelí) específicamente en sus técnicas de tortura. Actualmente hay un contrato vigente de tobilleras electrónicas

Militarización en la Araucanía

En el informe se relaciona el proceso de colonización territorial de la Araucanía -el denominado conflicto mapuche con lo que viven las poblaciones beduinas palestinas del desierto del Naqab, pues existe una directa responsabilidad de Israel en la militarización en el Wallmapu. De hecho, en las aldeas de Atir y Al-Aragib, ha habido un proceso de robo de tierra con la excusa de la reforestación, algo similar a lo que ocurre con el discurso de las forestales en complicidad con el Estado chileno, quienes producto de la implantación de monocultivos de pinos y eucaliptus, han ido quitándole al pueblo mapuche su territorio ancestral.

Las fuerzas armadas en el sur de Chile han recibido entrenamiento, tecnología y armamento militar israelí. También se ha denunciado que en el último tiempo ha existido un contrato con la empresa israelí “BlueBird Aero System”, y que hubo intensiones de comprar drones para vigilancia durante este año, pero que no se ha concretado.

El informe narra un episodio de octubre de 2011 en el que el entonces Ministro de Defensa chileno, Andrés Allamand, compró drones Hermes a la compañía Elbit Systems arguyendo que se necesitaban para la lucha contra el narcotráfico en la frontera con Perú y Bolivia. Esto lo hizo tras reunirse con los ejecutivos de la empresa durante un viaje diplomático a Noruega e Israel.

Un mes antes, en septiembre del mismo año, Allamand también se había reunido con el ex Ministro de Defensa del Estado de Israel, Ehud Barak, en un encuentro marcado por “un diálogo hermético, sin información oficial y al margen de los medios”, documenta el informe.

Finalmente, en abril de 2013 el Ejército de Chile compró “mini” drones para el espionaje por un monto de $3 millones de dólares conocidos como SpyLite a la empresa privada israelí “BlueBird Aero Systems”.

El informe también menciona la aplicación de la Ley 18.314, conocida como “Ley Antiterrorista”, la cual ha sido “utilizada sistemáticamente para criminalizar dirigentes mapuche, que son luego absueltos” sin juicio. Esto se equipara con lo que vive la mayoría de los prisioneros políticos palestinos que están bajo la figura de la “Detención administrativa” en las cárceles israelíes sin cargos ni juicios.

“Las balas son las mismas”

Debemos asumir que “las balas que asesinan a palestinas y palestinos son las mismas que se usan para reprimir en nuestros territorios”, dice Germán Romano, y agrega que se debe entender que “si pierde Palestina, perdemos todas y todos porque la lucha es la misma, es contra los colonialismos, las ocupaciones, los regímenes de apartheid, el militarismo y las formas de este sistema”.

La complicidad de Israel en la violación a los derechos humanos en los países latinoamericanos se puede constatar en la comercialización de los productos de la empresa Elbit, que es “la principal empresa del complejo industrial belicista israelí”, y que promociona sus productos con la característica de que son “probados en campo, es decir básicamente asesinando al pueblo palestino”, dice Romano.

Aquí existe “una violación a los derechos humanos de “doble vía”, donde no solamente se ve afectada Palestina con esta relación comercial con Israel, sino también el pueblo chileno y el pueblo mapuche, específicamente”, comenta Saaid Jamis. Por eso se debe fomentar la solidaridad en la lucha de los pueblos por su autodeterminación, y para que “se deje de reprimir y encarcelar a los pueblos en lucha contra la opresión, contra el colonialismo, los genocidios y los regímenes de segregación racial”, sostiene el activista.

Con este informe, la idea es que la ciudadanía esté al tanto de lo que ocurre y active campañas desde su lugar o quehacer profesional: “Si es artista, que impulse el boicot cultural, si es estudiante o académico que trabaje con el boicot académico, si es empresario que promueva el boicot empresarial”, explica Jamis, y agrega que Israel “no solo viola de forma muy evidente los derechos humanos en Palestina, sino que existe una clara complicidad militar con lo que ocurre en otras partes del mundo”.

El informe se puede descargar aquí

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