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Caso Guzmán: La travesía de Marie Emmanuelle Verhoeven por recuperar su identidad Caso Guzmán: La travesía de Marie Emmanuelle Verhoeven por recuperar su identidad

Caso Guzmán: La travesía de Marie Emmanuelle Verhoeven por recuperar su identidad

Por / 16.08.2017 Investigación y datos: Pablo Álvarez Y.

Por más de dos décadas la ciudadana francesa ha vivido bajo la sombra de un personaje que acusa ser fruto de la imaginación: la "Comandante Ana", jefa de inteligencia del FPMR para el año en que se asesinó al senador Jaime Guzmán. Una historia que hoy tiene un nuevo epílogo, luego de que la India -tras tenerla recluida dos años- decidiera rechazar su extradición a Chile y liberarla. Desde ahí, denuncia en exclusiva a El Desconcierto las irregularidades de su caso. El ministro en visita Mario Carroza prácticamente descarta la posibilidad de traerla a Chile y, como no se había visto en todo el proceso, ambos muestran disposición para cerrar de una vez por todas el asunto con una conversación en Francia.

Escoltada por personal de seguridad y con la tensión propia de quien lleva años esperando una resolución, la ciudadana francesa Marie Emmanuelle Verhoeven llegó el 26 de julio a las 10 de la mañana a la Corte de Patiala, en Delhi.

Habían pasado dos años y medio desde que fuera detenida en Sunauli, un pueblo en la frontera entre Nepal y la India, luego de que el Estado de Chile reiniciara el proceso de extradición en su contra. Un año y medio lo pasó en la cárcel de Tihar -el complejo de prisiones más grande de Asia del Sur-, sin que mediara en ese periodo un proceso de investigación, y desde hace un año se encontraba en libertad bajo fianza, tiempo en el que denunció haber tenido vigilancia constante de parte de desconocidos y llamados anónimos.

Ya no creía que llegaría el día en que estuviera en la Corte para la resolución de su caso. Pero ahí estaba.

A las 10:20 llegó el procurador supremo, Rajeev Sharma. En su poder tenía la orden del Ministerio de Relaciones Exteriores que determinaba su futuro. Sin embargo, la incertidumbre duraría un poco más, pues el procurador solicitó unas horas para firmarla.

Pasadas las 11, Verhoeven recibió un llamado. Del otro lado estaba el parlamentario indio Subramanian Swamy, quien preguntaba si estaba todo bien y si enviaba a su equipo jurídico a la audiencia. Ambos se habían conocido hacía meses, cuando el caso estaba estancado y ella había perdido la esperanza de su liberación. La ayuda política de Swamy resultaría clave para destrabar el proceso y también su advertencia: “Si has perdido la voluntad de pelear, no puedo ayudarte. No te puedo prometer una solución temprana”.

A las 12:30 volvió el procurador. Traía firmada la orden de liberación del Ministerio de Relaciones Exteriores de la India. En uno de sus puntos, establecía que la misma solicitud ya había sido desestimada por Alemania en 2014. En otro, que la embajada francesa había solicitado considerar los problemas de salud de Verhoeven y que el tema se resolviera bilateralmente entre Francia y Chile.

Con el documento, la jueza decretó el término del proceso de extradición; ordenó sacar a la francesa del registro de criminalidad (Look Out Circular) y determinó que podía volver a Francia. Solo restaba la recuperación de los documentos.

No lograba dimensionar lo que estaba sucediendo. Solo lo hizo a las 15 horas, cuando le devolvieron su pasaporte.

“A esa hora yo recuperé mi identidad”, asegura Marie Emmanuelle Verhoeven en conversación con El Desconcierto. La identidad que medios de comunicación le habían dado en los últimos años era la de “Comandante Ana”, presunta jefa de inteligencia del Frente Patriótico Manuel Rodríguez para el año ’91, que habría tenido un rol determinante en el asesinato del senador Jaime Guzmán. Un personaje que ella asegura que es de ficción.

“Es la victoria del derecho sobre las presiones políticas. Durante 30 meses hemos denunciado la ilegalidad del procedimiento y el carácter político de la petición de extradición”, señala su abogada francesa Clémence Witt.

Chile no se rendiría en su intención de extraditarla, ya que al día siguiente presentó un requerimiento en la High Court de Delhi, en el que decía que la decisión no podía ser tomada unilateralmente por la India. Sin embargo, para Verhoeven el tema ya había pasado a ser un conflicto entre Estados. Destapó una botella de champagne para celebrar.

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Cuando en diciembre de 2016 Marie Emmanuelle Verhoeven dio a El Desconcierto la primera entrevista que ha concedido a un medio chileno, aseguró que su caso era una “mentira histórica” y que desafiaba a cualquier persona a encontrar a la “Comandante Ana”.

Además relató que el 1 de abril de 1991 estaba en una peluquería cuando oyó la noticia de que habían asesinado a Jaime Guzmán. En un principio no lo creyó, ya que esa fecha es el Día de los Inocentes en Europa.

“Luego yo estaba con mi compañero y nos fuimos a la casa. Mi hijo se acuerda que pusimos las noticias y ahí nos dimos cuenta de que no era una broma, que era verdad. Francamente no puedo mentir, yo no lloré ni he conocido a nadie que haya llorado, es así. Guzmán era amado por su gente, pero también fue una persona que tuvo un papel importante en la dictadura.

—¿Y cómo vio el hecho de que lo hubiesen asesinado?
—Condeno el asesinato, porque transformó a Guzmán en un mártir. Eso pasa en muchos casos de dictadura, se producen venganzas. Fue un asesinato político”.

 

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Funeral de Jaime Guzmán. (Archivo Fortín Mapocho)

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No fue hasta su tercera declaración en el proceso de Jaime Guzmán, en abril de 1996, cuando el ex comisario Jorge Barraza nombró por primera vez a M. E. Verhoeven, y no fue sino hasta la quinta -a fojas 550 del Tomo VI- cuando asegura que ella le habría confesado ser “la famosa Comandante Ana, encargada nacional de inteligencia del FPMR, y la sexta integrante de dicho movimiento terrorista”.

Además, según esa declaración, ella le habría entregado los nombres de los otros cinco miembros de la cúpula: Sergio Galvarino Apablaza (“Salvador”), Iván Figueroa Araneda (“Gregorio”), Juan Gutiérrez Fischmann (“El Chele”), Mauricio Hernández Norambuena (“Ramiro”) y Enrique Villanueva Molina (“Eduardo”).

Uno de los abogados que ha tenido que estudiar exhaustivamente el proceso es Roberto Celedón, quien defendió a Villanueva Molina. El ex frentista siempre sostuvo que dejó la organización en 1989, pero el testimonio que la supuesta Comandante Ana le habría dado a Barraza fue utilizado como fundamento para su condena.

Por lo mismo, Celedón ha revisado el archivo en busca de toda referencia sobre Verhoeven. “El único que señala que ella formó parte de la dirección es Jorge Barraza. Es solo el testimonio de ese sujeto, que con posteridad se supo que formó parte de la DINA y que está procesado por homicidio. El mismo Frente Patriótico ha negado la militancia de ella. Incluso Enrique Villanueva ha dicho que nunca ha habido encargados de inteligencia en el Frente. Son mentiras graves”, dijo en el artículo pasado a El Desconcierto.

Villanueva Molina no es el único de esa lista que ha desconocido a la supuesta comandante. En su libro “Un paso al Frente”, Mauricio Hernández Norambuena solo hace mención a una francesa que habría colaborado con la policía e intentado tenderle una trampa en la cárcel de San Miguel.

Argumentos que no son suficientes para la UDI. “Lo que queda en el libro de un terrorista, un miembro del FPMR, la verdad es que me tiene bastante sin cuidado. Yo también puedo escribir un libro poniendo lo que quiero. Aquí no hay una persecución política, es una persecución judicial”, dice a El Desconcierto el diputado Issa Kort, quien ha estado a cargo de las gestiones de su partido en torno al caso Guzmán.

A medida del avance del proceso, la maraña se fue enredando en torno a la francesa. Subalternos de Barraza la identifican como colaboradora de la policía, el ex comisario publica una sórdida conversación de contenido sexual que habría tenido con ella, la empieza a relacionar con la fuga de los frentistas de la Cárcel de Alta Seguridad y se investiga cómo habría sacado a su hijo del país. Todos eventos que habrían ocurrido años después del asesinato del senador.

“El caso Guzmán es un cahuín. Cuando leí el archivo era todo una basura. ¿Dónde está la Comandante Ana ahí?”, dice Verhoeven. Además agrega: “¿Cómo pude haber dado esos nombres de gente que jamás he conocido? A los únicos frentistas que conocí fue a Ricardo Palma y a (Hernández) Norambuena sencillamente porque trabajé en la cárcel de San Miguel”.

El personaje ha mutado también en diferentes formas al pasar por los medios. Un ejemplo es el diario La Segunda, que en 2007 publicó una noticia titulada “Más de $2 millones pagó la institución (Gendarmería) a belga que ayudó a fuga de cuatro frentistas”. Además de acompañar la nota con una foto de una mujer encapuchada, hablaba de ella como asesora de Claudio Martínez, ex director de Gendarmería.

Verhoeven es francesa, no belga. La mujer encapuchada de la foto, como se reveló tiempo después, en realidad corresponde a Mariela Vargas, vocera del Frente hasta finales de los ’80 y pareja de Enrique Villanueva Molina. En cuanto a la asesoría de Claudio Martínez, él mismo dice en conversación con El Desconcierto que nunca lo fue, sino que todo funcionario a honorarios aparecía de ese modo en los registros.

Respecto a la colaboración con la fuga, Martínez asegura: “Ella nunca entró a la Cárcel de Alta Seguridad ni tampoco trabajaba en Gendarmería en todo el periodo en que esta cárcel funciona. Menos durante la fuga del helicóptero. Se ha instalado, y la UDI lo ha instalado, como que ella fue parte de Gendarmería y habría colaborado con esta fuga. Esto es lo que se llama la posverdad”.

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Foto de Mariela Vargas que en distintos medios y en la carpeta investigativa fue difundida como si fuese de Verhoeven.

Lo que sí aparece documentado es lo siguiente: Verhoeven llegó a Chile el 11 de abril de 1985 con su marido en ese entonces, Ítalo Retamal y en 1986 entró a trabajar al colegio La Girouette y al año siguiente obtuvo su permiso de permanencia definitiva por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores. También constan sus contratos en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y sus labores en Gendarmería en los años ’93 y ’94, donde fue asignada a la Cárcel de San Miguel como psicóloga y le tocó interactuar con Mauricio Hernández Norambuena y Ricardo Palma Salamanca, el pistolero que junto a Raúl Escobar Poblete -Comandante Emilio- disparó contra Guzmán.

Su paso ahí fue breve. Martínez asegura que solo permaneció en la institución hasta enero o febrero del ’94, y que no le renovó el contrato tras recibir una advertencia de su escolta de que Verhoeven habría sido informante de la Policía de Investigaciones.

La francesa niega haber sido una informante: “Si hubiese sido colaboradora de la policía, ¿por qué me buscarían después?”. Respecto a la “Comandante Ana”, asegura que con todo lo que se dice de ella pareciera ser una especie de personaje de cómic.

El Estado de Chile justamente empezó a buscar la extradición de ese personaje.

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El intento de extradición a Marie Emmanuelle Verhoeven desde la India constituye el segundo revés para el Estado de Chile.

El primero fue en 2014 cuando fue detenida en Hamburgo, Alemania. El Estado chileno no tardó en pasar una solicitud de extradición por la Corte Suprema chilena, que se aprobó con dos votos disidentes: el de Milton Juica y el de Haroldo Brito.

Ambos alertaron que, al no existir tratado de extradición entre Alemania y Chile, se exigirían “presunciones fundadas para estimar que el inculpado ha tenido participación en el delito como autor, cómplice o encubridor”. Una condición que, a juicio de los disidentes, con los antecedentes aportados no se cumplía. También constataron que les llamaba la atención lo ilegítimo del proceso, ya que la orden de captura de Chile había sido posterior a la detención de Verhoeven.

La Corte alemana, en la misma línea de los juristas de minoría chilenos, consideró ilegal la extradición, argumentando: “Los documentos que se encuentran actualmente en el expediente -después de varias solicitudes de información adicionales enviadas al Estado solicitante- no justifican inequívocamente que se cumplen todas las condiciones para la extradición”.

Luego agrega el documento: “Se prohíbe a las autoridades alemanas extraditar a un acusado cuando la condena en juego en el Estado requirente parece particularmente grave y, en todo caso, desproporcionada”.

Casi calcados son los antecedentes del proceso de la francesa un año después en la India.

Fue detenida el 16 de febrero de 2015 en Sunauli, pueblo de frontera entre Nepal y la India, en un procedimiento que luego sería declarado ilegal y sin jurisdicción por la High Court de Delhi.

La solicitud de extradición volvió a aprobarse en la Corte Suprema, esta vez con un solo voto disidente del juez Carlos Cerda, quien habló de la inexistencia de tratado de extradición entre ambos países y puso en duda la contundencia de las pruebas referidas al caso: una declaración de Palma Salamanca (“no se ha adjuntado al pedido de extradición declaración alguna del referido Palma en la que, de cualquier manera, inculpe a Verhoeven de haber participado de forma alguna del homicidio del senador Guzmán”) y números de la revista El Rodriguista (“nada puede encontrarse en ellos que autorice blandirlos como avales de la pretensión en estudio”).

También se refiere a las acusaciones de Barraza: “Obviamente las intervenciones de Barraza –piedra angular del enjuiciamiento– no pueden, razonablemente, ser tenidas como elemento de prueba ni indicio de la culpabilidad de Verhoeven, por algo publicó su libro ‘Tributo a Nuestra Patria o Razón de Estado’ en el que hace públicos tales pareceres personales”.

La gran diferencia entre el proceso alemán y el de la India fue que en el segundo caso ni siquiera se investigaron los antecedentes antes de poner a Verhoeven en prisión preventiva en la cárcel de Tihar. Una medida que, a pesar de ser “preventiva” y que la legislación india contempla que no debe durar más de 60 días, terminó durando un año y medio.

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Los 16 meses en la cárcel de Tihar

Temperaturas sobre los 40 grados en verano, celdas que llegan a albergar a 45 prisioneras -con un solo baño para todas ellas-, la ausencia de mesas o sillas para comer y una sobrepoblación que, según datos oficiales del Ministerio del Interior de la India, a finales de 2015 llegaba a 579 mujeres para una cárcel con una capacidad de 400.

Ese era el escenario que vivía Marie Emmanuelle Verhoeven día a día en la cárcel número 6 de Tihar. Ella lo define como la película “Midnight Express”. Se refugió en el yoga, en la meditación y en la escritura.

Sin embargo, también le tocó vivir episodios como cuando una tarde, mientras descansaba en los patios de la cárcel, una mujer se le acercó furiosa.

—¡Eres una puta mujer blanca y te voy a joder!

Entre los gritos, la reclusa empezó a tirarle agua. Trataron de frenarla pero continuó gritando. Finalmente golpeó a la francesa en la cara y la empujó. Otras prisioneras llamaron a Margaret, una prisionera que era mucho mayor en estatura y fuerza que la agresora, y fue quien finalmente se puso enfrente de Verhoeven y detuvo los ataques.

En un informe que redactó desde la prisión al gobierno de la India, sobre las condiciones de la cárcel de mujeres de Tihar, Verhoeven escribió: “Muchos sufrimientos innecesarios son infligidos por mujeres a otras mujeres. Las condiciones existentes de alojamiento, comida, estrés permanente, gritos, conflictos violentos, ausencia de personal calificado en el departamento de bienestar, repetitivas dificultades para problemas muy simples, reglas cambiantes y abusivas, personal que se muestra a las prisioneras como muy duro y no integrado, doctores que no las entienden ni muestran interés, pueden explicar sin duda el estado de frágil mentalidad de las detenidas. ¿Dónde encontrarán, por ejemplo, el famoso tutor que les mostrará el camino a la resilencia?”.

No era lo único que escribía. Durante su confinamiento se perdió episodios importantes, como la muerte de su padre o el nacimiento de su nieta. Sin poder conocerla, le escribió una carta en la que decía:

“Tú y yo todavía no nos hemos encontrado.

Naciste poco después del inicio de esta historia increíble. Esta historia de falsificadores e ilusionistas. Un escenario improbable que, día tras día, se convierte en una red de araña para los libretistas enredados en los hilos de sus mentiras.

Esta historia es tuya también ahora”.

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La tardanza en su libertad provisional es una de las cosas que hizo reflexionar a Verhoeven sobre las irregularidades de su caso. Su mayor impacto fue cuando, luego de que el 21 de septiembre de 2015 la High Court de Delhi había declarado ilegal tanto su arresto en febrero como la orden del gobierno de la India de una investigación magisterial respecto al caso, fuera arrestada nuevamente al día siguiente gracias a las gestiones de la embajada de Chile en ese país, que había pedido esto vía nota verbal.

“Una nota verbal, que no es un acto judicial sino un documento diplómatico. Las autoridades accedieron a esto a pesar del derecho”, dice Clémence Witt, abogada de Verhoeven.

La orden de arresto estaba cursada por la “Agency of UOI (Union of India)”, una entidad que, según consultó Verhoeven y su equipo posteriormente a la policía, no existe.

La libertad provisional recién llegó el 2 de julio de 2016, tras un año y medio de prisión.

Uno de los actores clave para la extradición de Verhoeven, el ministro Mario Carroza, asegura a El Desconcierto: “Me parece excesivo el hecho de que ella se haya mantenido tanto tiempo privada de libertad, ella pudo haber declarado y eso a lo mejor hubiese dejado un espacio para tomar una decisión distinta, pero esta negativa y esta situación de extradición permanente significó que ella estuviese privada de libertad por un tiempo mayor al que se supone que hubiese estado, por ejemplo, aquí en Chile, en caso de prisión preventiva”.

[Lee la entrevista de El Desconcierto: “Juez Mario Carroza frente a extradición de Verhoeven: ‘Creo que eso no va a ocurrir'”]

Verhoeven señala que si ella estuvo tanto tiempo en prisión fue por las diversas notas verbales que Chile envió para ampliar su reclusión. Respecto del no declarar, dice que siempre ha tenido disposición para hacerlo, que estuvo durante años en Francia y nunca se ha escondido. En 2014 su defensa le pidió al Ministerio de Justicia francés constatar si había registro de alguna solicitud de asistencia judicial internacional respecto al caso, y la respuesta fue negativa.

Su salida de la prisión física daría paso a la prisión psicológica. Llamados de gente que se hacía pasar por periodista, autos que tenían puntos de vigilancia en su residencia y gente que se hacía pasar por su ex marido en la comisaría son algunas de las cosas que la francesa denuncia haber visto.

Además, como relata en la queja que interpuso a la policía india, sufrió el robo de su celular durante una audiencia del 2 de diciembre de 2016. Luego de esa sesión, pasaría un tiempo antes de que volviera a la Corte.

Cuando su caso estaba trabado, llegó la ayuda del parlamentario y ex ministro indio Subramanian Swamy, quien relata a El Desconcierto lo que fueron sus gestiones sobre el caso: “Interactué en mi calidad de miembro del Parlamento con la oficina del Primer Ministro y con el ministro de Relaciones Exteriores. Apunté que la Corte Suprema de Alemania ya había rechazado una solicitud de extradición similar por parte de Chile y que, por tanto, ¿por qué deberíamos ayudar a Chile? Que el gobierno francés lidie directamente con ellos. Ambos se mostraron convencidos y el papeleo para retirar la extradición fue ordenado”.

“La embajada chilena está obsesionada con Marie Emmanuelle Verhoeven”, agrega Swamy.

El diputado UDI Issa Kort asegura que la francesa miente respecto a las supuestas presiones de su partido y de la embajada chilena a funcionarios indios, y que solo han actuado en coordinación con el Estado de Chile. Además, relata el episodio de cómo fue cuando viajó a Nueva Delhi a supervisar el proceso: “Fue en una audiencia donde nosotros estábamos sentados muy respetuosamente. De hecho yo, siempre con terno y corbata, o sea, trabajando. A ella nunca la trajeron ni engrillada ni nada. Logré estar con ella a un metro de distancia, donde yo la miré. Ella me miró, pero nunca fue capaz de decirme nada, ni siquiera dirigirme la palabra. Fueron dos las oportunidades que tuve de verla a ella cara a cara”.

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El parlamentario también plantea dudas sobre cómo la francesa financió su defensa: “Yo no descarto que Marie Emmanuelle Verhoeven siga siendo apoyada por grupos terroristas. No me explico de dónde saca los recursos para estar dispuesta a pagar un millón de euros aproximadamente que podría haber costado su defensa, porque no fue el defensor penal público de la India el que la defendió, sino un estudio de abogados”.

Sin embargo, la defensa india de Verhoeven asegura que no cobró una sola rupia por la defensa. En cuanto a la defensa francesa, Isabelle Villanova -quien conoció a Verhoeven en 2014 y que, luego de enterarse de su caso en la India, ha dirigido un grupo en su apoyo desde Francia-, dice a El Desconcierto que fue ese grupo el que empezó a contactar gente y reunir los fondos para financiarla.

A pesar de los dichos de Kort, la ciudadana francesa está convencida de que su caso ha habido presiones ilegítimas. Así lo denuncia en conversación con El Desconcierto: “En mi caso hubo gente muy corrupta. No respetaron la soberanía de otro país y perdí mucho tiempo de mi vida por todo esto”.

—¿Cómo surgieron estas sospechas y en qué se fundamentan?
—Después de octubre de 2015 -luego del episodio de la liberación fallida- nos pusimos a pensar, y entendemos que lo primero muy importante es que en un principio Chile y la India no tenían un tratado de extradición. Cocinaron un tratado después de mi arresto y voilá. Cuando eres capaz de hacer eso es porque tienes alguna gente involucrada a niveles más altos. Luego empezamos a ver protocolos y leyes que no se respetaban. Entendimos que era todo una gran fabricación, porque no tenían posibilidad de la extradición, el caso está vacío. Yo soy francesa y ya una corte en Alemania dijo que esto era ilegal. Después de eso, solo les queda la corrupción.

—¿En qué sentido?
—Es que la cuestión fundamental acá es cómo pueden perseguir a gente haciendo falsas acusaciones, usando archivos que no valen nada, falsos papeles, falsas acusaciones, métodos sucios, con dinero, intimidación y corrupción con otros países.

—¿Qué otros episodios de hostigamientos de esa índole recuerdas?
—A fines de septiembre me dieron permiso para salir de Delhi a una sesión budista en Himalaya. Un policía viajó conmigo para protegerme. Cuando llegué al monasterio mi celular empezó a sonar muchas veces. En un momento tomé el llamado y me dijeron que era un amigo tibetano. Le pasé el teléfono a un tibetano y colgaron. Después del teaching se me acercó un tipo a decirme que tenía que checkearme. Empecé a subir la voz, no al punto de gritar, pero diciendo “¡quién eres!”. Él era joven y me pasó una carta que decía que Chile había enviado una nota verbal, porque esa es su especialidad, pidiendo vigilarme. Le dije que se fuera lejos de mí y que dejaría la constancia en la policía. Ahí desapareció. Mi defensa presentó una denuncia por interferencia ilegal en el procedimiento judicial y hostigamientos. Todo ha sido muy sucio.

—Ahora en libertad, ¿cómo recuerdas los días de espera a tu resolución?
—En un momento solo había un problema de timing. Tenía que esperar. Pero después de que cada semana te dicen que esto “está terminando”, pero ves que no termina. Ahí empiezas a pensar que no acabará nunca. Sobre todo porque soy demasiado pequeña para luchar contra peces grandes que son una mafia, son corruptos.

—En ese intertanto, uno de los autores materiales del asesinato de Guzmán, el “Comandante Emilio”, fue encontrado en México. ¿Cómo viste ese episodio?
—No tengo gran cosa que decir al respecto porque no lo conozco, ni siquiera he leído las noticias. Me parece que era de la primera parte de la investigación. Yo he dicho que no tengo nada que ver con el caso Guzmán, pero solo puedo dar mi opinión de la reapertura del caso, que es una farsa desde el principio hasta el final.

El Desconcierto se intentó comunicar con el embajador de Chile en la India, Andrés Barbé, para consultarle sobre este caso. Sin embargo, se excusó argumentando que la Dirección de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Relaciones Exteriores contaba con todos los antecedentes. También se enviaron consultas a ese departamento, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

***

El personal de seguridad no se despegó de ella sino hasta que se cerraron las puertas del avión que la llevaría de vuelta a Francia.

“Soy una mujer muy común. He vivido cosas extraordinarias, pero yo no soy extraordinaria, tengo una vida simple y me gustan las cosas simples. Todo esto fue como una película, pero ahora se acabó”, dice Verhoeven.

De regreso a su país, se juntó primero con solo algunas personas, ya que quiso tomarse un tiempo antes de reunir a todos sus seres queridos en una misma ocasión. “Ahora al fin todos ellos pueden dormir tranquilos”, dice.

Una de las primeras personas que fue a visitar fue a su maestro tibetano.

—¿Qué queda para mí ahora? —le preguntó.

—Después de todo lo que has pasado, ¿a qué le temes? Todo será más simple ahora, estoy seguro.

Otra de las personas con las que se reunió fue Isabelle Villanova. “Se le ve bastante bien para alguien que estuvo 16 meses en la cárcel. Está feliz de estar de vuelta en Francia. No demasiado emocionada, muy tranquila. Ella habló de los últimos momentos, de las amenazas que recibía. Dijo que estaba tan acostumbrada a ese tipo de caos que ya era normal, natural”, asegura su amiga.

Por su parte, Verhoeven dice que ahora iniciará un contraataque denunciando lo que le tocó vivir en la India. Parece poco probable que vaya a dejar Francia, ya que la legislación de ese país no contempla extraditar a personas de su propia nacionalidad.

“Lo que me parece que no va a ocurrir es la extradición”, asegura el ministro Mario Carroza en conversación con El Desconcierto, y luego agrega: “Yo no tengo inconvenientes que declare en Francia. Para mí no es el tema dónde declare, para mí el tema es que declare”. (Ver entrevista aparte).

Ante esto, Verhoeven dice no tener inconvenientes: “Si me quieren, ¡estoy lista! Estoy muy contenta y quiero aclarar esto. Y si él quiere viajar a Francia y pagar el café no hay problema. Pero yo misma tengo muchas cosas que preguntar”.

Mientras habla, la acompaña el regalo que le dieron cuando regresó a Francia: un cachorrito negro que lleva como nombre Kaïvalya, que en sánscrito significa “Liberación”.

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