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El testimonio de un campeón que le ganó a todo El testimonio de un campeón que le ganó a todo /Boxeadores.cl

El testimonio de un campeón que le ganó a todo

Por / 20.05.2017 Investigación y datos: Vanessa Vargas Rojas Fotografía: Club México / Antonio Ávila

Juan Pablo Meza experimentó una especie de conversión al conocer el boxeo: el deporte y la fe lo alejaron de vicios y malas andanzas para mostrarle otro camino posible. Hoy se levanta de madrugada como recolector de basura y sus tardes continúan en el ring, peleando duro, como le enseñó la vida. "Quizás faltan algunos detalles técnicos, pero eso se compensa con el hecho de que soy valiente", dice a la espera de su debut profesional.

Juan Pablo Meza se convirtió en campeón nacional de boxeo en la categoría 56 kilos, en el XXXI Campeonato Nacional de Boxeo Élite realizado en Arica, en septiembre del año pasado. Antes de eso, el joven que trabaja como recolector de basura tuvo que recorrer un camino largo y complejo, donde las oportunidades son esquivas y sólo llegan por casualidad.

En enero de este año recibió $1.800 como premio por ser campeón nacional. Una humillación que se extendió a otros competidores del área y que refleja el pago de Chile a sus deportistas, especialmente si no juegan fútbol. Tampoco fue convocado a representar al país en el nuevo ciclo olímpico rumbo a Tokio 2020, pero no se queja. Esos golpes ya no lo tumban. Hoy tiene un objetivo claro: debutar este año en el profesionalismo y pelear y pelear hasta convertirse en campeón mundial.

Desde su casa en Conchalí, donde vive con un sobrino y su mamá, Meza describe el vuelco radical que dio su vida al encontrarse con el boxeo y la fe.

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El 01/03/02 tatuado en la piel

Yo era bastante desordenado antes de boxear. Andaba leseando, robando, haciendo travesuras, pero igual como niño en realidad. Yo tenía malas juntas, quería ser como mis amigos más grandes y andaba metido en cosas. El problema es que yo era muy decidido, entonces si hubiese seguido ese mismo camino quizás ahora no estaría aquí o estaría preso.

Conocí a Dios y conocí el deporte y ahora ya estoy enfocado y llevo casi cinco años entrenando. Entré al Club México el 1 del 3 del 2002, de hecho lo tengo hasta tatuado, porque marcó mi vida. Para algunos la rehabilitación es un hogar, para mí es el boxeo. Es como una familia.

Fue un poco chistoso cómo conocí el boxeo. Yo era flaite y con un compañero, que también es boxeador y campeón, trabajamos juntos en la basura. Fuimos un día a la peluquería y ahí había un joven que se estaba cortando el pelo y hablaba de peleas y cosas. A mí me pareció cuenteao, como uno dice, entonces le pregunté por qué hablaba tanto de peleas. Él me respondió que era boxeador y le dije ‘ya po, por qué no me llevai’, pero con la idea de querer pegarle, porque me cayó mal. Fuimos y yo tenía el pensamiento de asaltarlo. Pero llegó en bicicleta y dije ‘qué le voy a robar la bici’ y al final fuimos con el Yerko. Llegamos ahí, queda cerca de mi casa. Me hicieron pelear con él y ahí conocí al Tío Willy, que me recomendó el Club México.

En mi primera pelea no duré ni cinco minutos. Me hicieron hacer sparring y me sacó sangre de nariz. Me estaba lavando la cara, miro por el espejo y estaba mi compañero detrás, sangrando. Me dice: ‘hermano, me pegaron’, jaja. Ahí empezamos a entrenar, yo me motivé y dije ahora le voy a pegar, porque yo era alterado. Mi primera motivación fue esa, pero después me empezó a gustar el boxeo de verdad.

De primera no lo hacía seriamente. Igual me volaba y fumaba cigarros pero me cansaba más que los demás. Empecé a dejarlas de a poco y me fui convirtiendo a Cristo, lo que cambió mi vida al cien. Ahí el Tío Willy me hizo el contacto y llegué al Club México. Allá hice mi primera pelea, tuve mi primer saco y todo. Acá entrenábamos en una cancha de baby y cuando llovía nos íbamos al patio de su casa.

Una mezcla entre el boxeo y Dios

Mira, la verdad, yo así como talento no era tanto lo que tenía, pero sí era valiente. Siempre he sido valiente, aguerrido, se puede decir. Porque uno tiene calle, uno es distinto en ese sentido. Claramente me costaba harto al principio, de hecho mi primera pelea la perdí. Me puse muy nervioso y después me motivé y la otra la gané por nocaut a los 15 segundos. Ahí empecé mi carrera.

Yo siempre he sido de una mente súper competitiva, de ser el mejor en lo que haga. Como creo en Dios, sé que con él puedo hacerlo todo. Yo tenía esa convicción y sabía que él tenía un propósito para mí y quizás era el boxeo. Que con el boxeo puedo llegar a gente y a jóvenes, para hablarles de Cristo, y así se dio todo en realidad. Una mezcla entre el boxeo y Dios que me inspiraron. Siempre quise ser campeón nacional y mi entrenador Miguel, me dijo ‘bajémos a 56 kilos’, así que hice una dieta muy dura, me preparé a full y salió todo bien. Salí campeón.

Para mí era una opción buena estar en la selección, pero no fui llamado. Eso es controversial, porque a varios campeones no los llamaron. No sé si será un tema de la federación, si está arreglado, no entiendo. En mi campeonato adulto, yo soy campeón de los 56 kilos y no me llamaron. Al de 60 kilos tampoco lo llamaron. No sé, la verdad. El ciclo olímpico es más lejano por mi edad, ya tengo 25 años. El 23 de mayo cumplo 26, entonces es más factible pasar al campo profesional e ir por cinturones.

Hay campeones mundiales que son geniales y todo, pero mi referente es mi entrenador, Miguel “Aguja” González. Yo puedo ver su sacrificio, lo tengo en frente. Él es campeón sudamericano y va número 6 del mundo y es una inspiración. A veces llega a ser pesado y dan ganas de pegarle, jaja, pero eso me ayuda bastante. Es la persona que más admiro en el boxeo. Él es quien me enseñó todo lo que sé.

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Club México es una cuna de campeones

Tengo dos compañeras que también son campeonas nacionales: Victoria Quevedo y Marcela Romero. Son buenísimas. Las mujeres son súper aguerridas, sorprenden, ellas hacen sparring con nosotros. Cuando suben al ring con otras mujeres no es nada. Me siento orgulloso cuando ellas pelean.

Me dieron $1.800 pesos y no fui el único, le pasó a todos los campeones de boxeo. Uno recibió 5 mil, fue el que recibió más. Otros no recibieron nada. Yo ni siquiera pude sacarlos porque no tenía el mínimo. Incluso dije, ‘ya, por último lo saco para cargar la tarjeta’, porque no tenía pa’ cargarla. Y no lo pude ni sacar po, imagínate. Esto claramente es un sacrificio, yo tomo 6 micros diarias. Ahora que soy más conocido me han apoyado bastante. El 31 firmo contrato con la empresa Veolia Chile, ellos me van a apoyar con mercadería y personal training. Para mí es una ayuda genial.

Estoy motivado. Salí cinco minutos no más en la tele y recibí varios mensajes, harto apoyo. Uno se siente bien, mi mamá estaba orgullosa. Para ir al campeonato no tenía zapatillas y cuando salí campeón, subí unas fotos de unas zapatillas que me gustaban a mi Facebook, pero porque me gustaban no más. Mis vecinos empezaron a hacer una campaña, juntaron la plata y me compraron las zapatillas. Imagínate el cariño que sentí. Yo, que me estaba perdiendo y que a mis propios amigos no los dejaban juntarse conmigo porque era desordenado. Ahora todos se sienten orgullosos de mí y puedo ser ejemplo para otros jóvenes.

Este año pretendo debutar como profesional. Aún no tengo fechas sí, porque soy autocrítico y siento que aún me faltan detalles, mejorar algunas cosas. Pero estamos cerca del debut, hay que trabajar duro. Como boxeador me considero inteligente, me adapto al peleador que tenga al frente. Ya tengo varias peleas amateur, así que tengo bastante experiencia. Sé tomar buenas decisiones y ser obediente con mi entrenador. Quizás faltan algunos detalles técnicos, pero eso igual se compensa con el hecho de que soy valiente. Periodistas deportivos me comentaban que mis peleas son entretenidas, le dan un espectáculo a la gente. Yo creo que por eso no soy del gusto del entrenador del boxeo olímpico, mi boxeo no es de marcar puntos, es más de buscar el nocaut.

El Club México es una cuna de campeones, de ahí han salido los mejores boxeadores, como Cruzat y varios otros. Somos una familia, aunque suene raro, somos muy unidos. Eso es genial, porque no hay envidia entre nosotros, estamos todos tratando de seguir el mismo sueño. Nos queremos bastante y nos apoyamos. El nivel que hay es buenísimo, vamos haciendo sparring y ya tenemos varios campeones nacionales. Todos gracias a nuestro entrenador, que es súper exigente. Yo a veces tengo poca paciencia, no me gusta que me reten mucho, pero ahí estamos.

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Esa sensación en el ring cuando te levantan la mano…

Ahora recién llegué de la peguita. En la mañana estaba muerto de frío, te lo juro, y ayer estaba todo mojado, cuando llueve es difícil para nosotros en la calle. Es una pega muy complicada y allá en Las Condes estaba casi nevando. Las bolsas, todas con agua y el agua congelada, con escarcha. Teníamos las manos heladas. Yo me mentalizo de esta forma: me levanto a las 5 de la mañana y para mí es como ir a entrenar. Lo hago motivado porque tengo el apoyo de mis compañeros y me quieren harto. Nos motivamos entre todos, aparte andamos leseando e igual en la basura lo pasamos bien.

Después llego a la casa, como algo liviano y me voy al gimnasio. Hoy me toca pesas, hago mi primer entrenamiento hasta las 2, luego vuelvo a almorzar y ahí me voy al gimnasio hasta las 8. Después de eso me voy a la Iglesia, me acuesto pasado las 10. Es pesá la pega, pero trae resultados. Y es gratificante, después de tanto esfuerzo, saber que lo lograste. Esa sensación en el ring cuando te levantan la mano… tenís que ser boxeador para sentir eso.

Yo creo que deberían apoyar, más que al boxeo, a todo el deporte. Hay deportistas como Tomás González de los que no se sabe nada en todo el año hasta los Juegos Olímpicos, que es el único momento en que lo aplauden y celebran. Luego se olvidan de él. Yo voy a una tienda a comprarme zapatillas de boxeo y no hay, miro para el lado y está lleno de zapatos de fútbol. Es fome para nosotros. Tengo que mandar a pedir afuera y es caro, además yo mantengo la casa. Con el sueldo que tengo hay que pagar luz, agua y otras cosas.

El gobierno debería apoyar a los deportistas. Algunos trabajamos, otros estudian y además entrenan. En otros países pueden dedicarse completamente al deporte, nos mandan a competir con ellos y más encima exigen medallas. A veces estás entrenando y recuerdas que hay que pagar cuentas. Si me levantara solo a entrenar para tener triunfos para Chile, sería muy diferente y así en todos los deportes. Saca a jóvenes de la drogadicción, pero el gobierno no se da cuenta de eso. Un minuto más en el gimnasio es uno menos en la calle y es verdad.

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