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La operación secreta de la Marea Roja que permitió que 8 mil chilenos coparan el Monumental de River La operación secreta de la Marea Roja que permitió que 8 mil chilenos coparan el Monumental de River

La operación secreta de la Marea Roja que permitió que 8 mil chilenos coparan el Monumental de River

Por / 17.03.2017 Investigación y datos: Sebastián Flores

Ante el negociado de la ANFP y la AFA con empresas turísticas, la hinchada oficial de la selección ideó un plan alternativo que permitió que los chilenos consiguieran entradas más baratas -algunos entraron gratis- y triplicaran la capacidad que originalmente se le otorgó. El Desconcierto viajó con la Marea Roja en el periplo en que la barra nacional, pese a la derrota en la cancha, rugió mucho más fuerte que su par argentina.

El bandejón de la Avenida Juana Manso, en el corazón mismo del exclusivo barrio de Puerto Madero, rebosa de alegría. Desde los periodistas deportivos despachando en directo hasta los encargados de la coordinación, no hay nadie que esté de mal ánimo. Los “cachái” y los “hueón” se escuchan a cada paso. Son las 15 horas del jueves 23 de marzo.

En un gran círculo, como si fuera una asamblea universitaria, habla Mario Moreno. Lo escuchan atentamente, saben que él es el coordinador de todo esto y, por lo mismo, nadie pone en duda sus instrucciones: estar en los buses a las 16 horas, no causar alboroto, ayudar a cualquier chileno que lo necesite y tener la decencia de no revender entradas más caras de lo que costaron. La idea es que todos ingresen al estadio, la idea es que sea la mayor cantidad de gente posible.

Mario Moreno es el “Chapulín”, el líder de la Marea Roja. Lleva 20 años -desde las eliminatorias a Francia 1998- siguiendo a la selección a todos lados y hace rato que es casi una celebridad. Los medios lo buscan para entrevistarlo y los hinchas para sacarse fotos con él o simplemente para preguntarle qué hacer. Él, además, es uno de los responsables de llevar a buen puerto esta operación.

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El Chapulín y los chilenos dispuestos a burlar el tope de 2.800 entradas que dispuso la AFA

Misión entradas

La discreción es parte fundamental de la estrategia. Lo primero que se le solicitó a lo integrantes del grupo fue que no difundieran ni filtraran nada en la prensa ni en redes sociales, so pena de ser expulsados y funados. Aún faltan tres semanas para el partido, por lo que el plan debe ser minucioso y bajo estricto secreto.

Hace unos días atrás, en las postrimerías del mes de febrero, la ANFP informó que la Asociación de Futbol Argentino (AFA) dispuso 2.800 entradas para la hinchada visitante en el sector Centenario Alto. También informó que esa cifra, que en principio es poca, aumentó en un 100% en comparación a las 1.400 que ofreció la AFA antes de negociar con la federación chilena.

Sin embargo, del total de entradas definidas para los chilenos, la AFA entregó 1.600 a operadores turísticos que los vendían en paquetes de $800 mil que ofrecían pasaje, estadía y traslado. El resto de los tickets, los 1.200 restantes, serían entregados a sponsors de la Roja y se pondrían en prioridad para compras que realizara gente ligada a la ANFP, es decir, clubes, jugadores, ex futbolistas, técnicos y dirigentes.

Mensaje en el grupo

"Es importante no difundir en redes sociales, sin prensa, funaremos a los irresponsables que lo den a conocer. Es nuestra única opción de entrar al Monumental de Núñez. Dependemos de la discreción de ustedes"

- Mensaje en el grupo "Misión entradas"

El margen para ver al equipo de Pizzi sin pagar el exorbitante combo de las empresas turísticas era de cero entradas. En esos días, la misma Marea Roja, tras reunirse con el Consulado de Chile en Buenos Aires, informó que había un registro de 2.860 hinchas con vuelos comprados y que no tenían entradas.

Es en ese momento, mientras los medios cubrían el negociado de las empresas turísticas, es que nace “Misión entradas”, el grupo de WhatsApp que tiene como fin coordinar la operación Argentina-Chile.

El grupo rápidamente sumó a varias personas, quienes fueron siendo agregados por amigos o conocidos que querían ir a ver a la selección y no tenían cómo. De ese modo, y liderados por el Chapulín, se les introducía al espacio con el siguiente texto:

“Plan de acción: es importante no difundir en redes sociales, sin prensa, funaremos a los irresponsables que lo den a conocer. Es nuestra única opción de entrar al Monumental de Núñez. Dependemos de la discreción de ustedes. La Marea Roja llama a comprar la localidad Centenario Alto, que siempre fue nuestro lugar en Argentina las últimas 5 clasificatorias, desde el día 6 de marzo por la página Ticketek, con pago tarjeta de crédito y creando usuarios vía correo electrónico. Para los que tienen amigos argentinos, existirá una preventa del 1 al 5 de marzo, para los que tengan tarjeta naranja, un medio de pago utilizado al otro lado de la cordillera”.

La estrategia, a medida que fueron pasando los días, cambió a la siguiente: cuando esté habilitada la compra de tickets, los chilenos debían comprar la mayor cantidad de entradas posibles, para cualquier localidad, sea desde su país o mediante algún amigo que estuviera en Argentina.

Bajo este método, la Marea Roja logró comprar 2 mil entradas no sólo del sector asignado para la visita, sino también para parte de la barra argentina. La idea es que esas entradas sean revendidas a precio de costo por los chilenos para otros que quisieran ir a ver el partido y, finalmente, llevar a cabo el plan maestro.

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A las 18:15 se encaminaron los buses rumbo al barrio de Nuñez

La marea rumbo a River

Una hilera de 3o microbuses se emplazan en Manuela Sáenz, la calle de Puerto Madero donde comienza el Parque Mujeres Argentinas. El transporte, coordinado por Mario Moreno para llevar a todos los chilenos al Estadio Monumental, tiene un costo de $100 argentinos (unos $4 mil chilenos) y será una larga caravana que enfilará hacia el barrio alto bonaerense. La misión: llegar en masa y hacer que todos sean ingresados a dos de las tres bandejas del sector Centenario Alto. Son las 17:30 horas.

En Argentina no está prohibido beber alcohol en la vía pública, por lo que un par de comerciantes de la zona se instalan a vender botellas de Quilmes de a litro. Algunos chilenos, algo desesperados, aún preguntan por entradas y otros las ofrecen en reventa a precios más altos. Cuando eso sucede, el resto de los hinchas denuncia el hecho.

“Hermano, esto es sin lucrar, no seái egoista. La idea es que nos ayudemos entre todos, así que vende la entrada al costo o vira”, dice un porteño con la polera de Wanderers que viajó junto a sus amigos desde Valparaíso para apoyar a Alexis, Gary y compañía.

Los hinchas comienza a subir a las micros. La mayoría no tiene entrada para el sector visita -algunos ni siquiera tienen entrada-, pero nadie duda en que todos podrán ingresar a Centenario Alto. El Chapulín les recordaba sus gestiones a quienes aún no lo sabían: que ya había coordinación con la gente de la AFA para evitar alboroto y que cualquier chileno, tenga el sector que tenga, sería ingresado a la zona visitante.

Los buses arrancan a las 18:15 rumbo al barrio de Núñez. En el interior de ellos la gente va carreteando: alcohol, marihuana, algarabía y cánticos. Es la hora peak de un día laboral y la caravana chilena avanza en medio de la congestión vehicular de quienes regresan a su hogar. Los hinchas, desde las ventanas, les recuerdan a todo transeunte o chofer que se cruce en el camino las dos Copa América que Chile obtuvo a expensas de Argentina.

Al fondo del bus N°11 va un joven con look reggaetonero. Es de Arica, tiene 22 años y vendió su auto para seguir a la Roja. Viaja solo y está borracho, por lo que antes que partiera la micro se baja e invita una ronda de cervezas para todo el bus, todos lo aplauden y piden que le den marihuana gratis. Está eufórico, grita por la ventana un machista y misógino “les culiamos a la Pampita” y todo el mundo se lo festeja.

Tras casi una hora de viaje, los buses se detienen en la esquina de Avenida Libertador con Avenida Congreso, a unas cuatro cuadras del Monumental. Al bajarse, un santiaguino intenta provocar a un argentino que va pasando por la vereda rumbo al estadio, pero al instante varios compatriotas lo agarran y le dicen que no sea ahueonao.

En la vereda ya no son tan bravos como cuando estaban en los buses. Las camisetas albicelestes son mayoría y la Marea Roja ahora va calladita, sabiendo que en un eventual enfrentamiento saldría mal parada. Por primera vez los chilenos se sienten visitantes. Son las 19:15 horas.

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La Marea Roja, impaciente, empieza a cantar: "Abran el portón a la hinchada del campeón"

El último control

Son cuatro cordones de seguridad que deben sortear antes de llegar al estadio. La policía federal ordena avanzar por la calle Dr. Victorino de la Plaza y ahí los detienen para revisarlos antes de pasar el primer control. Son muchos chilenos y muy pocos oficiales, por lo que los hacen entrar rápido, revisándolos a la pasada y sin pedirles las entradas.

En el segundo cordón es lo mismo, pero se demoran más en dejar pasar a los primeros. La Marea Roja, impaciente, empieza a cantar “abran el portón a la hinchada del campeón” y pasan. Los chilenos se recomiendan entre ellos andar con la entrada y el carnet en la mano, pero nuevamente a la policía le interesa más que no haya alboroto que el hecho que efectivamente porten un ticket.

A la tercera sí piden la entrada, pero muy por encima. Algunos explican que se les perdió y los hacen pasar igual. Tras ese control se accede a Avenida Alcorta y aparece por fin, imponente, el Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti. En ese punto muchos celebraron haberla hecho: aparecían los periodistas deportivos de Cooperativa, ADN Radio, Mega y TVN preguntando lo típico: “¿de qué parte vienen ustedes?”, “¿cuánto sale Chile hoy?” y “a ver, hagamos un ce-hache-i”. Uno de ellos, fuera de cámara y micrófono, agrega: “¿A quién le falta entrada? Tengo una para regalarle al que no tenga”.

Antes de entrar a Centenario Alto hay un último control. Ahí sí que piden la entrada y los guardias del estadio se niegan a dejar pasar a quienes no la tengan. Los chilenos que logran ingresar comienzan a interceder para que los otros ingresen, les dicen que son sus amigos, sus hermanos o quien sea. Un hincha de Temuco, al que el guardia olvidó cortarle la entrada, le arroja la suya a un joven desesperado al que no dejaban ingresar y que, gracias a ese gesto solidario, la hizo. Al final de la escalera, la cancha de River Plate.

“Son locales y no alientan”

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De las 70 mil personas controladas, al menos 8 mil son chilenos. Suena la canción oficial de la FIFA y ambos equipos saltan a la cancha. Desde Centenario Alto vuelan serpentinas que la coordinación de la Marea Roja entregó para que arrojaran cuando saliera el equipo. Claudio Bravo se acerca a tomar posición al arco poniente y saluda con un aplauso a la barra chilena. Gonzalo Jara y Gary Medel hacen lo mismo. Son las 20:30 horas, el minuto del comienzo del partido.

Mario Moreno, el Chapulín, sigue coordinando los alientos. Aunque el himno chileno no se escuchó nada -fue tapado a pifias por los argentinos- al comenzar las acciones se escucha clarito el ya neoclásico cántico que nació en la final de la Copa América 2015: “Messi no tiene los huevos que tiene Gary Medel”. También pasa el “dale bicampeón” que nació tras obtener la Copa América 2016.

Hasta el inexistente penal que el árbitro Sandro Ricci sancionó a favor del local, la barra chilena era una fiesta. Los argentinos, trémulos, con suerte se animaban con un “Argentina, Argentina”. Pero el penal, transformado en gol por Lionel Messi, provocó un rugido inmenso que dejó callada a la Marea Roja. Aquí comenzó el partido aparte en las tribunas.

Argentina desaparece totalmente de la cancha, es un equipo sin mediocampo y no logra juntar tres pases seguidos. Chile toma posesión del juego, pero no logra generarse ocasiones claras para empatar. A los locales no les gusta para nada el juego de su equipo y están callados como si no fueran argentinos.

Fue ahí cuando un pequeño murmullo creció entre medio de los 8 mil chilenos. Messi no la podía ni tocar y el estadio quedó, por un pequeño instante, absorto en un silencio que permitía escuchar los gritos de los técnicos dando instrucciones. “Ohh son una vergüenza, son locales y no alientan”, sonó varias veces. Sonó tan fuerte y claro que apenas terminó el encuentro todos los análisis de la prensa local hicieron eco de aquellos insolentes versos.

Alexis pegó en el travesaño un tiro libre y el Nico Castillo casi la tuvo en la jugada siguiente. La pelota nunca pudo entrar. Al final terminaría 1-0, el destino de la injusta derrota estaba más o menos sellado. Pero la Marea Roja se dio dos gustitos. Uno, doblegar el negociado de las entradas y triplicar la asistencia chilena a base de puro ñeque y viveza. Y dos, pese a perder, superar ampliamente a la hinchada del equipo N°1 del Ranking FIFA. Ganamos, perdimos, igual nos divertimos.

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