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¿Qué hay detrás de la propuesta de reconocimiento facial contra los evasores del Transantiago? ¿Qué hay detrás de la propuesta de reconocimiento facial contra los evasores del Transantiago? FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

¿Qué hay detrás de la propuesta de reconocimiento facial contra los evasores del Transantiago?

Por / 30.05.2017

Un anuncio que no está confirmado -y reforzado por la propia empresa que podría beneficiarse- fue lanzado a la opinión pública la semana pasada: Una propuesta de identificar biométricamente a quienes no paguen su pasaje en el Transantiago. Intereses comerciales y políticos mediante, la iniciativa afectaría fuertemente la protección a la privacidad y libertad de desplazamiento de millones de usuarios.

Desde que asumió el cargo de ministra de Transportes, Paola Tapia ha acelerado el ritmo de las apariciones en prensa de la cartera. Contraria al bajo perfil de su antecesor, el PPD Andrés Gómez Lobo, la ministra Tapia inició su gestión el 14 de marzo pasado señalando que su meta sería bajar la tasa de evasión del Transantiago a menos del 30%.

El último anuncio en esa línea llegó hace una semana, cuando se reveló que el área de Fiscalización evaluaba la implementación de cámaras equipadas con software de reconocimiento facial. Hasta el momento la única oferta sobre la mesa es la de Citymóvil S.A., cuyo gerente, Álvaro Iriarte, ha tenido varias audiencias con la Subsecretaría de Transportes para promocionar sus productos, según el registro del lobby.

El software ofrecido es el de la brasileña Empresa 1, Sigom Vision. Citymóvil es su representante en Chile y ya cuentan con dos pilotos que han pasado inadvertidos ante la opinión pública por ser operados por privados de escasa cobertura. El Transantiago, sin embargo, es otro cuento, y los datos personales de sus más de 6 millones de usuarios podrían estar en juego.

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La ministra de Transportes, Paola Tapia. FOTO: FRANCISCO CASTILLO D./AGENCIAUNO

Un anuncio con más dudas que certezas

El 2007 Vianauta S.A., una sociedad de propiedad mayoritaria de ingenieros civiles de la Universidad Católica, cambió de nombre a Citymóvil S.A. El dueño mayoritario es Fernández & De Cea Ingenieros Ltda, empresa de los ingenieros José Fernandez Larrañaga y Joaquín de Cea.

Fernández & De Cea Ingenieros son unos viejos conocidos en el ministerio de Transportes. Entre 2003 y 2006 se adjudicaron $1.600 millones fiscales para buena parte de los estudios previos del Transantiago. A su cargo estuvieron el diseño de la malla de recorridos del fallido plan y las proyecciones de la modernización del transporte público.

Uno de los problemas identificados luego, en la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados que se instauró a consecuencia de la desastrosa implementación del Transantiago, fue que uno de los insumos utilizados por la oficina estaba desactualizado: la última encuesta Origen-Destino disponible a la fecha, que databa del 2001.

Hasta el día de hoy hay una polémica sin zanjar entre Fernández & De Cea Ingenieros y el ex ministro de Transportes Sergio Espejo. Según ellos aseguran, luego de la fatídica puesta en marcha del sistema recomendaron subir la flota a 5.600 buses, mientras que el entorno del DC ha asegurado a Cíper que siguió una recomendación de la oficina que indicaba 5.100.

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Juan Antonio Guzmán Molinari. Foto: Poderopedia.

Hoy en día Citymóvil S.A. participa de la propiedad de Big Services SpA, vinculada a otro nombre conocido en el mundo del transporte: Juan Antonio Guzmán Molinari. Militante de la UDI, Guzmán fue ministro de Educación de Augusto Pinochet en su último período, entre 1987 y 1989. Además de la notoriedad cuando asumió como presidente del directorio de SQM luego de la renuncia de Julio Ponce Lerou ante el escándalo de las cascadas, en 2015, Guzmán Molinari ha recorrido los directorios de la Universidad Andrés Bello, CFR Recalcine o Scotiabank.

En cuanto a transportes, Guzmán Molinari fue parte del directorio de Sonda, la empresa de Andrés Navarro a cargo del fallido software de gestión de los recorridos del Transantiago. También fue presidente del directorio de la empresa operadora del sistema de transportes Express por más de cuatro años.

Consultado el Ministerio de Transportes sobre cómo llegó la propuesta de reconocimiento facial como medida en medio de la “guerra contra la evasión” de la ministra Paola Tapia, respondieron a El Desconcierto queestamos analizando las distintas alternativas de avances tecnológicos que las empresas nos presenten y que estén dentro del marco correspondiente, las cuales están siendo revisadas en detalle”.

Aún en medio de la ofensiva de la ministra Paola Tapia por combatir la evasión, la gran duda es por qué se anuncia en un medio de alcance nacional una medida que está en estudio, toda vez que se incluye al posible proveedor cuando aún no se ha licitado siquiera.

Los problemas del reconocimiento facial aplicado masivamente

Según Citymóvil S.A. ya están implementando dos pilotos. Uno es el aplicado a la línea de buses de la empresa Base Naval, que recorre desde el sector de los Lirios en Concepción hasta el centro de Talcahuano. Allí, el software Sigom Vision fiscaliza que quienes validen su pasaje usando una Tarjeta Nacional Estudiantil (TNE) sean efectivamente los estudiantes titulares de ella.

A eso se suma Valparaíso, donde la empresa afirma que iniciará un piloto, también con una línea privada y alcanzando una flota de 20 buses. Los dos planes pilotos expresan a nivel micro uno de los conflictos que tendría esta tecnología de implementarse en el Transantiago: el paso de una tarjeta Bip! anónima a una personalizada, lo que según el Ministerio de Transportes se está estudiando para el 2019.

Según Paz Pena, investigadora en tecnología y derechos humanos y miembro de la ONG brasileña Coding Rights, una Bip! asociada a la identidad, y, además, fiscalizada biométricamente, trae varios problemas asociados.

“El más importante creo que es la evidente pérdida del anonimato en nuestros desplazamientos, el que es un elemento fundante de una sociedad libre y democrática pero también de nuestra naturaleza humana. Hoy tenemos un sistema de seudo-anonimato: se registran nuestros movimientos a través de la Bip! pero no está asociado a una identificación. Lo que ocurriría es que cada vez que nos subamos al transporte público y validemos la tarjeta, nuestra identificación biométrica se asociará con nuestros desplazamientos”, explica.

En palabras de Pena, con la identificación biométrica se puede obtener un mapa exacto de nuestras rutas, rutinas y movimientos no rutinarios. “Este tipo de identificación masiva de personas genera un efecto de vigilancia que tiene consecuencias largamente estudiadas sobre el resto de nuestros derechos. La sensación de exposición pública, de perder el control sobre nuestra información, puede llevar a autocensurarnos, a limitar nuestros movimientos, nuestros compromisos políticos, y un largo etcétera”, critica la investigadora.

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La misma existencia de planes piloto de aplicación asociados a la Tarjeta Nacional Estudiantil plantea algunas preguntas, como quién administra la sensible base de datos de los estudiantes de Bio Bio susceptibles de usar la línea Base Naval entre Concepción y Talcahuano, si esa base de datos compuesta mayoritariamente por menores de edad está a buen resguardo y si se ha informado al público sobre esta medida.

El Desconcierto intentó obtener esta información de Citymóvil al teléfono y mediante el envío de un cuestionario, sin obtener respuesta. Además, consultó al Ministerio de Transportes sobre posibles cruces con la Ley de Datos Personales, a lo que la cartera respondió que es una materia de análisis.

“El tráfico de bases de datos con información de consumidores online es un tremendo mercado desregulado, que se agrava al no existir un registro obligatorio de los responsables de esas bases”, declaró la semana pasada el profesor Renato Jijena, del Centro de Estudios de Derecho Informático (CEDI) de la Universidad de Chile. No cabe duda de que los datos de origen y destino de millones de chilenos podrían ser una gallina de los huevos de oro para empresas como las de publicidad y comunicaciones.

Las dudas son qué organismo almacenaría estos datos, bajo qué estándares y por cuánto tiempo. Esto, ya que al uso comercial se puede añadir el posible uso político de los datos. “Si podemos tener el mapa preciso de desplazamiento de personas en Santiago, esta base de datos podría ser utilizada por distintos actores para vigilar a quienes buscan, por ejemplo, participar de actividades políticas en la ciudad o cualquier otra actividad protegida por la libre expresión”, explica Paz Pena.  

La posible implementación de reconocimiento facial en el Transantiago involucra la creación de al menos dos bases de datos con los datos biométricos de millones de chilenos: la de todos los usuarios de Bip! y la de los evasores. Se trata de una medida totalmente desproporcionada. Las millones de personas que pagan diariamente el Transantiago y que son una abrumadora mayoría son castigadas con la entrega de sus datos personales y su pérdida de libertad y privacidad”, señala la experta de la ONG brasileña Coding Rights.  

El reconocimiento facial no es un sistema infalible

Mandíbula, distancia media entre los ojos, largo de la nariz. Según explica en los documentos de presentación Empresa 1, de la cual Citymóvil S.A. es representante en Chile, su software Sigom Vision identifica aquellos puntos que caracterizan cada rostro, generando un código único que, en adelante, identificará al usuario.

El siguiente paso es asociar ese código único a una tarjeta Bip!. Luego, cuando una persona pase su tarjeta por el validador de la micro, la cámara provista por la empresa se activará y asociará el rostro a su tarjeta. Esa misma imagen es comparada automáticamente con la que aparece en la tarjeta de pago del usuario, vinculando así una cara y el correspondiente pago realizado; si no hay pago, pasará a un registro de personas que no pagan. Esa base de datos será enviada a las empresas de transportes y a la autoridad para las multas correspondientes, además de bloquear inmediatamente la tarjeta.

El problema de los bloqueos y reportes automáticos es que, contrario a lo que indican las empresas en sus comunicados promocionales y cuñas de relaciones públicas, los sistemas de identificación biométrica no son infalibles. Existen distintos factores que pueden inducir a la cámara a errar en la identificación de los “puntos del rostro”: ángulos, diferencias de luz, contraste entre los colores de fondo de la fotografía y el registro real, entre otras.

A nivel mundial los cuestionamientos los ha liderado el Senado de Estados Unidos. Las conclusiones del comité de investigación liderado por el senador republicano Jason Chaffetz, aplicadas al programa “Next Generation Identification” del FBI, señalan que los algoritmos de identificación de rostros fallaron en el 15% de los casos. Y, además, la identificación fallaba más a menudo con las personas de piel oscura o negra, sobre todo con las mujeres.

Senador Elijah Cummins luego del informe sobre reconocimiento facial en EE.UU

“Si eres negro, estás más propenso a ser sujeto de esta tecnología y esta tecnología tiende más a equivocarse contigo"

- Senador Elijah Cummins luego del informe sobre reconocimiento facial en EE.UU

Otra fuerte crítica la emitió la Universidad de Georgetown, también en Estados Unidos, cuyo estudio dictaminó que la frecuente falla cuando de personas negras se trata aumenta el número de personas inocentes siendo indebida e innecesariamente detenidas, fortaleciendo el conocido racismo del sistema judicial estadounidense.

Así, la posibilidad de que se genere una tasa similar de “falsos positivos”-es decir, usuarios que han pagado su pasaje registrados como evasores y con multas o tarjetas bloqueadas– genera un fuerte flanco en contra de la implementación del reconocimiento facial para los usuarios de la tarjeta Bip!, toda vez que por ley es el Administrador Financiero del Transantiago (AFT) quien recauda los montos cargados a las tarjetas que no se ocupan.

A esto se suma el peligro de posibles hackeos al sistema, un horizonte no muy lejano si se toma en cuenta el reciente ataque mundial del virus Wannacry. Que nuestra biometría sea hackeada no es menor: uno puede cambiar la contraseña de un servicio cuantas veces sea hackeado, pero en este caso es muy difícil que podamos hacernos un implante de cara”, advierte Paz Pena.  

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