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Diálogo político-teatral con Danilo Llanos, director de la obra “Error”

Por: Andrés Pereira Covarrubias / Publicado: 08.04.2016
Diálogo político-teatral con Danilo Llanos, director de la obra “Error” error /
La compañía Teatro La Peste, nacida al alero de la desaparecida escuela porteña “La Matriz”, lleva más de quince años de persistente trabajo de creación teatral y de resistente política cultural materializada y territorializada en la ciudad de Valparaíso. Actualmente están presentando la obra de teatro, “Error” -una versión propia de “Psicosis 4.48”, de la dramaturga y directora inglesa Sarah Kane-, en la sala de teatro que atraviesa el río Mapocho, Teatro del Puente, en Santiago.

La compañía Teatro La Peste, nacida al alero de la desaparecida escuela porteña “La Matriz”, lleva más de quince años de persistente trabajo de creación teatral y de resistente política cultural materializada y territorializada en la ciudad de Valparaíso. Teniendo más de diez montajes en su cuerpo colectivo y, desde el verano del 2004, también encarnando la producción del ya clásico “Encuentro de Teatro Porteño Independiente”, Teatro La Peste se ha consolidado como un grupo artístico paradigmático en el incombustible movimiento escénico del país. Actualmente, y hasta fin de mes, presentan su último estreno, “Error” -una versión propia de “Psicosis 4.48”, de la dramaturga y directora inglesa Sarah Kane-, en la sala de teatro que atraviesa el río Mapocho, Teatro del Puente, en Santiago. Conversamos brevemente con Danilo Llanos, director de la obra y miembro del colectivo, sobre algunos puntos problemáticos que creo se suscitan a partir de este nuevo trabajo.

A.P.: Me interesa iniciar este pequeño diálogo con una imagen cruel que plantea “Error” desde el diseño teatral, y que se genera desde la propuesta del piso cubierto de vidrios rotos sobre el cual se desarrolla tensamente la acción dramática. Esta imagen me remitió inmediatamente -por asociación libre- a la performance “La cueca sola” de las Yeguas del Apocalipsis (1989), que en los albores de la chilena transición pactada a lo que se denominó democracia, encaraba con esa acción una problemática contextual de memoria y marginalidad urgente de visibilizar ante la “alegría” por venir. Considerando que “Error”, por su parte, es una interpretación local de la oscuridad que atraviesa esa escritura original de Sarah Kane, ¿sobre qué vidrios rotos hoy se estaría parando la obra? Es decir, ¿cuál es el diagnóstico del contexto social del que parten como compañía y que sirve de motor para querer realizar este ejercicio?

D.L.: Hay un estado latente de catástrofe en la cotidianidad de la ciudad. Somos de Valparaíso, una ciudad miserable en el sentido literal de la palabra. Muy pobre.  Desde ese contexto intentamos establecer ese signo abrumador que ofrece la ciudad como espacio que te empuja hacia una marginalidad radical. El gesto estético que describes -los vidrios-, es un contenedor que se presenta como una exacerbación y/o repetición de un signo que cita un contexto peligroso, sucio y violento. En ese sentido, “Error” despliega un dispositivo que funciona como contenedor provocador y subversivo que alberga una relación de dos cuerpos que en su composición estructural transitan por situaciones catastróficas permanentes y fatales. Si pudiéramos sintetizar el contexto en el que “Error” se sitúa como acto subversivo de creación, es el espacio en donde ya no hay lugar para el amor, la rabia y el escape; solo hay espacio para la desesperanza y la muerte. Desde esa pulsión estético-discursiva la imagen de los vidrios viene a dar cuenta de ese estado. Evidenciar la absoluta fatalidad y brutalidad de un tiempo en el que ya no hay vuelta atrás. Eso -como motor- es un síntoma tremendamente contemporáneo en tanto problemática y coyuntura social.

A.P.: La obra pese a ser una relectura y reescritura que toma cierta distancia de la obra original de Kane -en términos geográficos y de dimensiones de la experiencia subjetiva-, se inscribe de todos modos en la línea estética inaugurada -junto con otros autores- en la Inglaterra de los noventa, y que tuvo sus ecos en el circuito nacional durante los dosmil; me estoy refiriendo al teatro in-yer-face, el que, tributario del teatro de la crueldad artaudiano, llega a inquietar la apatía y atmósfera “consensual” de la sociedad neoliberal de fin de siglo, con una violencia tanto temática como escenificada de modo explícito, descarnado y perturbador para el público. Cuál es, a tu juicio, la posibilidad de esa perturbación hoy desde el teatro, y cuál crees que sería la necesidad de recuperar este tipo de radicalidad planteada desde los recursos teatrales, considerando un contexto proliferante de imágenes y experiencias donde el horror -ya quizás sin necesidad de la denuncia del arte- aparece de modo radical, explícito y descarnado, y sirve además como insumo para la máquina de dominación.

D.L.: Me pasa que hay cuestiones que se deben plantear sin el más absoluto eufemismo. El arte, creo ya no se sostiene desde “la metáfora sobre la metáfora, sobre la metáfora de la metáfora (…)”. Eso es paja. A veces puede resultar estimulante y hasta efectivo. Me parece bien. Pero tiene que ver con los universos y relatos que quieras desplegar apelando a la idea de que el arte y el teatro en nuestro caso, debe sí o sí, generar preguntas y nunca respuestas. Y ojalá estas preguntas sean cada vez más coyunturales.

En el proceso de “Error” tomamos una decisión: la de ser radicales y no tener ninguna concesión con nosotros mismos ni con la estructura total de la pieza. Quisimos profundizar en una violencia que nos estremecía. Ese encuentro nos hizo sentido. El tema nos consternaba y podríamos haberlo eludido, sin embargo,  y fue por ese mismo motivo -la frecuencia con que se elude- es que nos propusimos empujar esa violencia hasta habitarla en su realidad más brutal. Entendimos que instalar una mirada descarnada en torno a una situación que está absolutamente al margen es una posibilidad de, al menos restregarla en las caras para que aquello genere en el espectador culpa, odio, miedo, asco, rabia, lo que sea, pero bajo ningún punto de vista se genere una ápice de esperanza. Al revés, imágenes como las que planteamos en “Error” provocan una profunda decepción hacia una ciudad que aplasta y desecha lo que no le sirve. Tampoco se trata de, comillas, representar la realidad sino que establecer un doble de ésta. Poner en tensión esas imágenes, llevarlas al límite de sus posibilidades en el espacio de la representación y, desde ahí hacer aparecer su doble. Que en el fondo será una nueva realidad. Una ficción que pone en crisis aquella que sirvió como cita preliminar.  Allí se funda la teatralidad de “Error”. El encuentro entre lo que ese real y la teatralidad que se expande desde ese contenedor sígnico.

A.P.: Ustedes vienen realizando un trabajo teatral comprometido desde hace más de quince años en la ciudad de Valparaíso, que en términos de políticas culturales y lógicas de legitimación artística, configuradas de modo centralizado en este país, hace tremendamente admirable y valiosa la persistencia pese a todo de su producción artística, y probablemente además ha significado cierto condicionamiento de sus opciones estilísticas como compañía. En este sentido, ¿qué significado estético y político adquiere para uds. mostrar esta obra en una sala del circuito teatral capitalino como es Teatro del Puente, que tiene una determinada línea curatorial y que en definitiva representa inevitablemente cierta dinámica del poder de legitimación artística?  

D.L.: A nosotros nos interesa mostrar nuestro trabajo en todos los lugares que se pueda. Si es el Teatro del Puente, bien. Si es un colegio o una junta de vecinos, bien también. Evidentemente estar en Santiago otorga una visibilización mayor que además permite llegar a otros públicos. Interesante ese fenómeno. Buscamos que nuestro trabajo se ponga en crisis y ponerlo frente a públicos que tal vez “no conocemos” es un ejercicio altamente estimulante y eso se puede dar no solo en el puente sino que en cualquier espacio nuevo al que vayamos con nuestro trabajos.

Volviendo a tu pregunta: venir a Santiago, al puente es un gran esfuerzo para nosotros, en lo económico, lo humano, etcétera. Sin embargo, lo entendemos como un ejercicio necesario desde el punto de vista de la circulación del trabajo. Con 15 años de trayectoria, siendo hoy por hoy una de las compañías más prolíficas y constantes de la quinta región, con redes a nivel nacional e internacional, nos parece que estar en el puente y en Santiago es un paso obvio –pero ojo que ya hemos estado antes con dos montajes: I Love Valpo y Mediagua. No es tema para nosotros eso de “el teatro de Santiago, lo centralista, que el teatro de valpo, ese chovinismo charcha y fome”, eso nos da lata y nos parece una discusión estéril y vacía. Uno hace teatro donde sea y punto. ¡Cállate y trabaja!  Algunos dirán: “ah claro, quieren entrar al circuito oficial del teatro santiaguino”. Nos importa una raja que digan eso. Si estamos en el puente es porque nos invitaron. Postulamos y nos invitaron. Si estamos en una junta de vecinos, es porque nos invitaron o porque nosotros quisimos ir. Ambas instancias tienen la misma potencia para nosotros. Estaremos en Santiago y estaremos en todos los lugares que queramos, porque como ha sido una de las premisas de Teatro La Peste, nosotros vamos a hacer siempre lo que queramos.

A.P.: Mi pregunta apuntaba tal vez más a conocer tu opinión sobre la política cultural en Chile hoy y sobre las lógicas implícitas que la determinan; y en ese sentido a saber cómo se sitúa en esa trama la propuesta estética -que también es política- de Teatro La Peste.

D.L.: Las políticas culturales en chile buscan consolidar algo que se ha denominado “Industrias Creativas”. Esa categoría, la de sostener el arte como un mecanismo industrial, establecer un “modo de producción” y ponerte a hacer arte como fabricante de vienesas y que eso sea garantía de “auto sustentabilidad” nos parece una triste mierda. Nuestra mirada está en el mundo independiente; ¿Qué es eso? Es hacer lo que queramos sin depender de nadie. Sí, postulamos a FONDART. Sí, lo ganamos recientemente, lo hemos ganado varias veces y vamos a seguir postulando, ¿qué tanto?  Que la independencia radique o se defina según si postulas o no a un FONDART por ejemplo, nos parece una discusión muy reducida. Creo que la discusión en torno este tema es más profunda. Tiene que ver con que entre otras cosas no hay politicas culturales. Lo que si existen, ene, muchos, caleta, son una montonera de eventos de mierda y programas de mierda, en donde te pagan una plata de mierda y tienes que poner el logo del gobierno de mierda y sacarte una foto con el ministro de mierda…y pura mierda. Esa hueá no es política cultural, esa hueá es challa.

Hoy, con 15 años de trayectoria, hacemos lo que queremos y ese es nuestro goce. Que las políticas culturales se sigan consolidando hacia la industria, mientras, nosotros y otros compañeros que están en la misma, seguiremos haciendo solo una cosa: trabajar.

En el sentido estético, nuestro trabajo se vuelca hacia la creación según el procedimiento que requiera cada ejercicio, cada deseo, cada obsesión. En ese sentido nos alejamos cada vez más de la industria cultural. No caemos en fórmulas ni metodologías. Lo nuestro son los procedimientos dinámicos que responden a un dinamismo líquido de acción que opera según lo que la creación exija y no lo que imponga una determinada forma de hacer las cosas. Nuestro hacer político es anterior a la obra. Finalmente el ejercicio artístico en tanto procedimiento diario de acción es lo que sitúa la mirada política respecto al quehacer cultural. La obra, las obras son consecuencia de lo que se construye con la mirada.

Ficha técnica de “Error”

Dirección: Danilo Llanos Quezada

Elenco: Katherine López Soto – Christian Riquelme Guerrero

Universo Sonoro: Nagasaki

Dispositivo Escénico: Danilo Llanos

Iluminación: Humberto Cerda

Producción: Gabriela Arancibia

Difusión: Daniel Labbé

Asesoría Teórica: María Graciela Yáñez

Hasta el 24 de abril 2016

Viernes, sábado y domingo a las 20 hrs.

Valores: $6.000 entrada general, $4.000 tercera edad y $3.000 estudiantes

PREVENTA en línea: $3.000 (hasta el 25 de marzo)

Boletería del teatro abierta 1 hora antes de cada función.

Teatro del Puente, Parque Forestal sin número, entre puentes Pio Nono y Purísima. Metro estación Baquedano. Teléfono 56-2-27324883

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