Hace un par de días, el FMI recortó las proyecciones de crecimiento económico para Chile, situándolo en solo 1,5% para este 2016. Entonces vino el guión repetido: el gobierno defendiéndose de “regular” las reformas ante la baja de crecimiento económico -el ya clásico “realismo sin renuncia” de Michelle Bachelet-, la derecha acusando a la Nueva Mayoría de ser la única y exclusiva causa de la desaceleración, etc.

En conversación con eldesconcierto.cl, el economista de la Fundación Sol Marco Kremerman repasa lo poco sustentable que son ambos argumentos y vincula la agenda represiva del gobierno (agenda corta, ley mordaza, ley anti terrorista) como parte de la misma estrategia de mandarle señales al empresariado.

– ¿Qué te parece la justificación que se da desde el gobierno para el “frenazo” a las reformas, apelando a la baja de crecimiento económico?

Es un mal argumento porque en el fondo no puede ser que la posibilidad de tener un país un poco más serio, más democrático, más justo, tenga que depender del crecimiento económico. Es como que en una familia un papá le dijera a su hijo que le va a dar o no almuerzo dependiendo si le van a pagar su salario un mes determinado. Y eso tiene que ver con muchas discusiones que se están llevando a cabo, como la reforma laboral o el salario mínimo, donde se establece el mismo argumento de que no se podrían hacer ajustes porque estamos pasando por momentos del ciclo económico que no son adecuados. Pero cualquier noción básica de economía dice que un salario, para que una persona pueda subsistir sin que tenga que endeudarse, no debería ser condición del ciclo económico. Lo que debería estar condicionado al ciclo económico es cuando tu ya alcanzas ciertos estándares de decencia para todas las personas y desde ahí avanzar a estándares más elevados. Eso sí debería estar condicionado al ciclo, considerando que Chile no es un país que tiene mil dólares de PIB per cápita, sino que ya sobrepasa los 20 mil per cápita.

– Desde la derecha acusan que la causa de la desaceleración sería por el clima provocado por las reformas del gobierno. ¿Qué tan real puede ser eso?

Esos no son argumentos válidos, son estrategias políticas para que los cambios potenciales no se implementen. De hecho esos cambios, algunos titulares podrían haber sido interesantes, pero las bajadas de las reformas son bastante modestas, algunas derechamente contradictorias, como la reforma laboral. El mal resultado de la economía nacional se debe principalmente a factores externos, hay una crisis importante que no ha desaparecido, del año 2008 y que sigue golpeando a muchas economías en el mundo. Y también hay un agotamiento en la estrategia de desarrollo chileno que no tiene mucha sustancia. Se basa en exportar materias primas sin valor agregado y por fortuna de quienes han gobernado, hemos tenido precios de los commodoties como el cobre bastante alto, que ha permitido tener ingresos fiscales importantes y hacer como si nada estuviera pasando, generando tasas de crecimiento promedio más altas que las que tenemos hoy día. Pero el gran problema lo tenemos ahora, cuando el ciclo se está retirando, o estamos en fase negativa y nos damos cuenta de que la matriz productiva de Chile de hoy es la misma que hace 30 años. No se ha hecho nada en términos de generar un país que tenga un proyecto para mediano largo plazo.

– Y está el tema del crecimiento económico de por sí también es cuestionable…

Claro, también es importante ese mantra del crecimiento económico como un fin en sí mismo. Sin duda podría ser mucho más interesante un Chile creciendo al 3%, con buenos salarios, de manera sustentable, sin dañar al medio ambiente, sin compra de leyes por parte de los grupos económicos, sin la relación de dinero-política, que hacerlo al 4% de manera falsa, dependiendo de altos precios del cobre. Aquí no se trata solo de crecer, sino cómo se crece. Se podría crecer un poco menos pero de manera más robusta y más democrática, fortaleciendo a los sindicatos, pueden ser mejores noticias que el pan para hoy, hambre para mañana que es lo que ha sucedido en el último tiempo.

– El frenazo a las reformas, junto a otras señales hacia el empresariado de parte del gobierno, han ido en paralelo a otro tipo de proyectos que también hablan de estabilidad pero desde un punto de vista de la seguridad, en términos de represión: Agenda corta, ley mordaza, ley anti terrorista. ¿Se podría hacer una asociación entre ambas?

Justamente ese tipo de proyectos es un reflejo de lo que hay detrás. Cuando uno ve que una de las causas principales de la desaceleración son factores externos, los factores internos que también han existido han tenido que ver con disminución de inversión por parte de algunos empresarios. No de utilidades porque sectores como la banca, las AFP, las Isapres, el retail siguen teniendo utilidades como si fuese un año bullante de la economía. Lo que aquí han hecho muchos empresarios es quitar la pata del acelerador, entender que la inversión también tiene que ver con poder. Yo invierto cuando las reglas del juego son las que yo quiero. Y como yo tengo un poder importante porque el dinero es un fiel reflejo del poder, cuando veo que las cosas van por otro camino hago una especie de huelga del capital, para que no se hagan esos cambios. Este tipo de reformas que van por el lado de la seguridad ciudadana o por restringir la investigación de los mismos periodistas para hacer más difícil la pega y que no se conozcan ciertas cosas, finalmente es como decir: Lo que tenemos que hacer para reactivar la economía es dejar tranquilos a los dueños del capital, es dejar tranquilos a los grupos económicos. Que es el viejo argumento de siempre, vale decir, quitarles todas las piedras del camino para que puedan acumular sin contrapeso, recuperar sus tasas de ganancia y recuperar el Chile que ellos quieren, que han construido y el que tienen sujeto por las riendas. Sí veo una relación importante en este tipo de leyes que lo que hace es bloquear cualquier intento de avance democrático, de personas que generan ciertos niveles de conciencia y que las cosas no son como nos dicen los medios de siempre, como La Tercera, El Mercurio, los partidos y los grupos económicos. Justamente es a través de la movilización, a través de reportajes de investigación que develan ciertas cosas, las personas se dan cuenta de ciertas tendencias que van generándose en la sociedad y ya no van creyendo lo que nos acostumbraron a dar por hecho.

– Hay toda una tendencia internacional de crecimiento económico a la baja. En América Latina, por lo que decías del no cambio de matriz productiva, la baja del precio de las materias primas ha afectado bastante. A nivel global, ¿qué tendencias económicas se pueden ver?

Sucedió algo a nivel mundial, que después de la crisis asiática del 98 y la crisis punto com, vino una especie de gran moderación a nivel mundial, se había prometido que debía revisarse la arquitectura de la economía mundial, debían volver a regularse los mercados financieros y los flujos de capitales. Pero una vez que se controlaron las crisis, nos olvidamos de esa discusión. Las grandes potencias, los organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional se olvidaron de esa discusión, no azarosamente, sino que de manera tendenciosa. Y vino un período para el mundo donde las tasas de crecimiento fueron relativamente razonables. China creció de manera importante y eso ayudó a dinamizar muchas economías a nivel mundial, sobretodo aquellas que dependen de commodoties como en los países de América Latina. Inflaciones controladas, estabilidad sin grandes crisis bancarias, etc. Pero no se hizo ninguna de las regulaciones prometidas. Entonces en 2007, volvemos a tener otro gran reventón por las malas prácticas a nivel mundial, por el predominio de la economía financiera especulativa por sobre la economía real, de los zapatos, de las manzanas, de las necesidades básicas. Estalló la crisis sub-prime en EE.UU. y algunos gobiernos reaccionaron no reduciendo gasto público, incluso lo aumentaron. Duró muy poco y se concentró en salvar a los bancos, a las grandes multinacionales, pero la economía mundial no hizo ninguna de las regulaciones prometidas. Finalmente no hemos salido de esa crisis que se ha mantenido en estos 8 años. Lo que vemos hoy es una consecuencia de lo que no se ha hecho en la economía mundial. La economía financiera especulativa sigue siendo la reina de los flujos económicos en general, de hecho se han exacerbado. Y vemos que la economía está dependiendo de un hilo de los especuladores y en cualquier momento podría venir otra crisis. Los bancos están débiles. Estamos en un momento de fragilidad económica enorme que sin duda debería empujarnos hacia una revisión del capitalismo y su fase actual. Hoy las tasas de crecimiento están a la baja, se genera inestabilidad, desempleos que no se reducen, sobretodo en Europa, y esa inestabilidad finalmente se transmite a países como Chile.