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Álbum de Chile: retazos de nuestra identidad

Por: Paulo Andrés Carreras Martínez | Publicado: 03.07.2016
Álbum de Chile: retazos de nuestra identidad banner_album-011 |
La exposición que cuenta con más de 250 obras en el Parque Cultural de Valparaíso, realiza una simbiosis entre lo visual y lo narrativo, donde la fotografía como documento queda al servicio de una historia, una narración que plasma un discurso político y social.

Una de las acepciones que entrega la Real Academia de la Lengua Española de la palabra retazo apunta a definirla como un trozo o fragmento de algo, de un razonamiento o discurso.

Nada más acertada dicha definición para referirme en estas líneas, a la Exposición fotográfica «Álbum de Chile» que por estos días se presenta en el Parque Cultural de Valparaíso (Ex Cárcel). Me remito a hablar de trozos o pedazos, pues la muestra siguiendo los patrones estéticos del formato álbum instala en sus paredes de color blanco, diversas imágenes de la historia pasada y reciente de nuestro país, su geografía, gente, tradiciones religiosas y folklóricas, costumbres, la modernidad. Un desfile de fotografías que al igual que las diversas técnicas utilizadas en su impresión, homologan la pluralidad de rostros y paisajes que intentan configurar un fragmento o botón de nuestra tan debatible identidad chilena.

La exposición que cuenta con más de 250 obras producto de una selección de la muestra original realizada el mes de enero en El Centro Cultural La Moneda, titulada «Retrato de una Nación» y curada por Gonzalo Leiva, realiza una simbiosis entre lo visual y lo narrativo, donde la fotografía como documento queda al servicio de una historia, una narración que plasma un discurso político y social que por momentos parece cuestionar el mito de nuestro orden republicano, instituciones y héroes, lo que lo oficial ha instalado como «Identidad Nacional».

Chile enfrentado constantemente por el mito y las heridas a través de lo visual. Un mito que apunta siempre el relato de una creación, a lo que fue y ha empezado a ser. Me quiero detener en esta primera parte de la muestra. Me llamó profundamente la atención lo planteado en algunos textos curatoriales de Leiva, el esbozo de ciertas tesis sobre el rol de la fotografía para representar nuestra nación en los primeros años de la República. Preguntas cómo ¿Es Chile un país homogéneo? ¿La bandera nos identifica? o ¿Dónde radica la belleza en Chile? intentan a través de las fotografías que el espectador pueda responder esas preguntas o al menos cuestionar la instalación de ciertos emblemas y tópicos en cuanto ser chileno.

Por otra parte la sección llamada «Identidades individuales y Colectivas» apunta a la relevancia de la fotografía como documento y al retrato familiar en su conjunto e individualidad de sus miembros como otra piedra de nuestra construcción como país. La familia es el núcleo fundamental de la sociedad dicta en su artículo primero nuestra constitución, cabe recordar.

En cuanto a los héroes también hay una intención plausible por cuestionar tal concepto de lo heroico, del busto de la plaza, del billete, tal vez siguiendo la corriente literaria de moda con tintes de nueva novela histórica que de la mano por ejemplo de Jorge Baradit y Rodrigo Lara Serrano quienes han indagado precisamente en la historia no oficial, el lado b de Chile. Coincidencia o no en lo que atañe a los próceres, las imágenes nos ilustran al pueblo chileno trabajador, con vicios y virtudes, el hombre cotidiano que habita este país. ¿Cuáles son los verdaderos héroes chilenos? es la pregunta que a través de rostros curtidos por el esfuerzo y el cansancio del trabajo diario responden las fotografías a mi parecer con claridad.

Por último en cuanto mito, es interesante la relación que se plantea entre «Religiones y Catástrofes». El terremoto, maremoto, aluvión, temporal, las desgracias al parecer identifican nuestra raza, se enarbolan campañas solidarias, cánticos guerreros, loas de auto ayuda, alabanzas al ser chileno. Detrás de cada catástrofe por la inclemencia del tiempo o producto de nuestra geografía surge el mito que el chileno es valiente, solidario, se levanta, no claudica ante la adversidad. La religión cruza esa visión de mundo, lo profano y lo sagrado se mezclan, el ritual, lo folklórico. En los momentos de mayor agobio y desesperanza el hombre debe aferrarse a algo. La Religión es un salvavidas.

En tanto, la herida entendida como lesión, la pena, el daño moral, dejó y sigue dejando cicatrices en nuestra identidad. Ésta recorre el mito y no al revés, hecho coherente en la disposición de esta segunda parte de la exposición, más pequeña y constreñida espacialmente que la anterior.

La represión durante la dictadura militar, las protestas y pugnas sociales y políticas, el progreso destructor de la naturaleza y enemigo de la ecología, la exclusión de las minorías sexuales,la marginación, parecen herir el mito, lacerar como señalaba antes la imagen republicana de una nación que prefiere olvidar por miedo a encontrarse con sus fantasmas. Es por ello que me parece valorable y positiva la intención discursiva a través de las imágenes presentes en la muestra. Hay en ellas una intencionada decisión de hacer reflexionar al espectador y en especial al chileno sobre la construción de nuestro país, los tópicos de pertenencia y las instituciones que articulan el arquetipo del ser chileno y de Chile, claro está. ¿Faltan más imágenes? ¿Sobran? ¿Son las suficientes o son demasiadas? Preguntas que dejo como tarea y discusión a los visitantes.

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