El llamado “techo de cristal”, la brecha salarial, las diferencias contractuales, los efectos que la conciliación familiar produce en la carrera profesional o en la jubilación. Son sólo algunas de las desigualdades que las mujeres sufren en el ámbito laboral.

Más allá de éstas, que son evidentes y que todas conocemos, existen otras situaciones discriminatorias hacia la mujer que pasan mucho más desapercibidas por estar plenamente normalizadas y repetirse en la cotidianidad de las mujeres, más allá del rol y del ámbito profesional en que trabajen. Son los mal llamados “micromachismos”, prácticas de violencia en la vida cotidiana que son tan sutiles que pasan desaparecibidas pero que reflejan y perpetúan el machismo y la desigualdad entre hombres y mujeres.

Ahora, que sea cotidiano o naturalizado no implica que sea “micro”, “pequeño” o poco importante. De la misma forma que no hablamos de “microracismo” o de “microhomofobia”, el prefijo “micro” podría llegar a subestimar el efecto de estas situaciones violentas que vulneran a las mujeres cada día.

Ocho mujeres reconocidas en distintos ámbitos relatan a El Desconcierto sus experiencias de violencia cotidiana para demostrar que, efectivamente, el machismo no entiende de profesiones, rubros ni roles.

1. Nathalie Nicloux, actriz y comediante

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/ Flickr

“Una vez iba en una van de un canal de televisión, grabando fuera de Santiago. Estaba con todo el equipo: productores, técnicos, el elenco. Adelante iba el chofer, una chica de vestuario y el productor general. Era de noche. De repente, chica se da vuelta y dice al productor: ‘Oye, ¿qué onda?’. No pasó nada. Seguimos avanzando. Al rato, le repite: ‘Oye, ¿qué onda?’. Miró para atrás y nos dijo: ‘Este weón me está tocando’. En ese momento, una compañera y yo empezamos a pedir que pararan la van.

Me sorprendió que el chofer no parara y que pasara un rato antes de que lo hiciera. Además, sólo dos mujeres de todas las que había nos pusimos a gritar para que se detuviera. Ninguno de los hombres que estaba en el vehículo -que eran padres, que tienen madres o novias-  pidió al chofer que parara.

Cuando llegamos al hotel, hablamos con la chica y le dijimos si quería hablar de esto. Ella dijo que no porque si no tendría problemas porque él ocupaba un cargo por encima de ella. Eso fue muy triste, pero ahora -con el tiempo- pienso que lo más triste fue que yo tampoco hice nada. No fui a hablar en mi condición de rostro. Creo que fue porque mi condición de mujer también afectaba a mi trabajo, porque yo no era lo suficientemente rica“.

2. Doris González, dirigente social del movimiento por la vivienda Ukamau

/ Boris Yaikin

“A las direcciones del Serviu, que son principalmente hombres, les ha costado mucho validar que una mujer tenga capacidad de enfrentarse a ellos. En muchos casos intentaron no hablar conmigo sin un hombre presente, reclamando que hubiera la presencia de una varón, como para que el trato fuera ‘entre iguales’. Por eso, en los cargos de esta organización por la vivienda se terminaban eligiendo hombres en los cargos de dirección. Hasta que nosotras decidimos hacernos cargo, aunque sufrimos este tipo de cuestionamientos”.

2. Irma Palma, doctora en Psicología y académica de la U. Chile

irma palma

/ U. Chile

“Cuando me separé, a los 40 años, ya trabajaba en la Universidad. Al comienzo no quería hacer público el hecho de que me había separado porque tenía el riesgo de sufrir acoso. Un día, en una comida con mis colegas una de ellas me preguntó cómo estaban mis hijos, estando en la mesa con todo el mundo. Yo respondí que estaban bien, y al ser preguntada expliqué mi nueva situación.

Al día siguiente, un hombre de la universidad comenzó sistemáticamente a saludarme a la oficina. Cuando se iba, se me acercaba al oído y me decía ‘ya sabe, profesora, cuando usted quiera estoy disponible’. Me di cuenta que era sistemático y lo hablé con mi hermana y me dijo que esto pasa a todas las mujeres separadas. Nunca hice la denuncia porque confiaba en mí, en que no cedería, tuviera el efecto que tuviera. Sin embargo, me interrogué como la ausencia de un marido genera tal disponibilidad de los hombres a acosar a las mujeres. Lo dramático de la diferencia entre un estatuto legal y otro. Él era un hombre, mayor que yo y que tenía un rango mayor que yo”.

4. Beatriz Sánchez, periodista y conductora de radio “La Clave”

“Cuando yo trabajaba en ADN era la única voz femenina, dentro de mis compañeros hombres, yo era la única mujer. El director de ese momento, Pablo Aranzaes, me  propuso que, como todos mis compañeros hombres -que entonces eran Alejandro Guillier, Fernando Paulsen y Matías Del Río- hiciera una editorial en el programa, que es una opinión que da el periodista en la portada.  Me dijo que éramos cuatro voces ancla y que yo también tenía que hacerlo.

Aunque en aquel momento me cayó como un saco de plomo, porque era una responsabilidad muy grande, terminó siendo un ejercicio espectacular de buscar opinión y defender un punto de vista.

Cuando ya estaba fuera, el director me contó que había sido todo un tema que yo hiciera editoriales en la radio. No por los temas o el contenido, sino porque era mujer. El directorio, que en aquel momento era Iberoamericana, cuestionó por qué una mujer estaba haciendo editoriales, no les cuadraba que una mujer emitiera su opinión. Supongo que veían a la mujer como acompañante de sus colegas hombres. La sociedad chilena, por un tema cultura, no está acostumbrada a que la mujer emita su opinión, menos si es peleadora. Nos ven unidimensionales, en el rol maternal”.

5. Iona Rothfeld, volante de creación y presidenta Asociación Nacional de Jugadoras de Fútbol Femenino

Iona Rothfeld

“Estábamos compitiendo en los Juegos Olímpicos estudiantiles de la universidad y en un partido fui a buscar la pelota arriba, salté al aire, me empujaron y caí mal. Tuve un esguince cervical y me recomendaron ir a la clínica a revisarme. Me atendió un doctor y me dijo que le contara qué me había pasado. Yo lo hice y él me respondió: ‘Eso le pasa por jugar un deporte que no es para usted’. En ese minuto me quedé helada. Una piensa tantas veces cómo responder ante algo así para no dejarse pasar a llevar. Pero, la verdad, que no me lo esperaba y fue muy rápido.

Me quedé ahí, preguntándome cómo me dijo eso, por qué no le respondí, con una bronca super grande varios días. Esa es una de las que me ha tocado vivir. A las deportistas se nos encasilla en que no nos corresponde el espacio deportivo porque puede ser agresivo y que las mujeres tenemos que ser ‘delicadas’. Yo como jugadora he vivido toda la vida sintiendo la discriminación”.

6. María Teresa Ruiz, astrónoma y académica de la U. Chile

maria teresa ruiz

/ U. Chile

“Cuando tuve a mi hijo, en el año 80, mi salario bajó a la mitad. Fui a hablar con el director del departamento y me explicó que lo que pasaba, que esta vigente hasta el día de hoy, es que el salario de la universidad está compuesto de varias asignaciones distintas, una de ellas la de productividad. Ésta tiene que ver con el número de clases impartidas, la cantidad de papers publicados, etc.

Cuando una tiene un niño, de partida, te obligan a tomar seis semanas de prenatal y después seis meses más de postnatal. Luego igual hay que cuidar al bebé, físicamente estás más débil y tienes que reponerte antes de retomar tu actividad de siempre. En estas circunstancias obviamente yo no he trabajado lo mismo que  en un año cualquiera porque estaba físicamente fuera de la universidad. Cuando le comenté esto al director del departamento me dijo que estas eran las normas de la facultad y después me preguntó: ‘¿No irás a tener otro chiquillo, cierto?’

No hay una sensibilidad al rol impostergable que tenemos las mujeres. No podemos decidir anteponer primero la carrera profesional y después tener hijos porque justo cuando una está lista para aportar en lo profesional, ya se le está pasando el tiempo para ser mamá”.

7. Jacqueline Van Rysselberghe, senadora y presidenta de la UDI

“Cuando ejercí el rol de intendenta, tenía un cargo de autoridad y yo la ejercí. La autoridad ejercida por una mujer es mucho menos tolerada. Me di cuenta de eso. Hay un ambiente mucho más adverso para nosotras. Cosas que en hombres eran bien percibidas, para una mujer no eran toleradas. Por ejemplo, recuerdo que en el Consejo Regional llegué tarde a una reunión con autoridades y con los pescadores, en pleno terremoto. Avisé de que llegaba tarde, pero cuando entré se pararon todos y me dejaron sola”.

8. Lidia Poza, presidenta de la Asociación de Magistradas Chilenas (Machi)

“Este lunes recibimos en nuestros correos personales una invitación de parte del Poder Judicial para conmemorar el Día Internacional de la Mujer con unas fotografías absolutamente estereotipadas y alejadas de la realidad, con mujeres con ropa interior e invitaciones a salones de belleza y a la peluquería. Eso es lo más reciente.

El año pasado, el Poder Judicial hizo un diagnóstico acerca del abuso dentro de la institución. El diez por ciento de los encuestados y encuestadas dijo haber sufrido o presenciado situaciones de abuso con clara connotación sexual: invitaciones, coqueteo, condicionamientos de ascensos, etc. Nosotras consideramos que este porcentaje es altísimo y oculta la punta del iceberg. Aunque la encuesta era anónima, en instituciones de este tipo, dar una opinión así de clara no es tan sencillo.

Recientemente, la Corte Suprema dictó un fallo inédito en términos históricos. Sancionó a un juez por acoso sexual con una pena que considero muy alta en lo disciplinario: la suspensión de funciones por un mes, con goce de medio sueldo. Eso porque se demostró que eran ciertas las acusaciones de abuso sexual de seis subalternas de él”.