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Fernando Atria y el PS: «Estamos en una disputa entre un socialismo anti-neoliberal y uno socialdemócrata»

Por: Alejandro González-Llaguno / Publicado: 12.03.2017
Fernando Atria y el PS: «Estamos en una disputa entre un socialismo anti-neoliberal y uno socialdemócrata» /
"En la situación chilena, la superación del capitalismo pasa forzosamente por la superación del neoliberalismo", sostiene el académico y precandidato presidencial del PS Fernando Atria, abordando las tensiones ideológicas en su partido, las elecciones presidenciales y definiciones programáticas.

La segunda parte de la entrevista con el precandidato presidencial del socialismo chileno, Fernando Atria, presenta reflexiones sobre el tipo de socialismo y propuestas de izquierda que están hoy en disputa.

Hay un debate pendiente e importante; que tiene que ver con una pregunta: ¿qué sentido tiene que el PS siga llamándose Socialista?

Cualquier respuesta que uno de tiene que dar cuenta de dos cosas. En primer lugar, tiene que haber alguna conexión o continuidad entre lo que decían que era el socialismo los socialistas que nos antecedieron y lo que decimos hoy; es decir, tiene que haber alguna línea que una al PS de hoy con González, Grove, Matte, Allende, Ampuero y otros. Si esto no ocurre, el PS de hoy no tendría nada que ver con ese partido, sólo el nombre. La segunda, tiene que ver con que un proyecto político responde a las necesidades de una época concreta. Hoy, los socialistas enfrentan una época distinta a la que enfrentaron los socialistas de otros tiempos. Entonces, hay que tomar en cuenta las dos dimensiones: la continuidad y los desafíos de la experiencia política actual.

En consecuencia, ¿cómo se produce la reconstrucción del socialismo como proyecto político considerando esas dos dimensiones?

En algún momento, el socialismo se pensó como un lugar al cual había que llegar. Sabíamos dónde queríamos ir y dónde estábamos. En ese contexto, por tanto, el debate giraba en torno al camino que se tomaba para llegar a ese lugar. De ahí, la discusión en torno a los instrumentos para alcanzar esa meta.

Pero, hoy no existe ese lugar al cual llegar; esa idea está hecha trizas. Más bien, podemos afirmar que fue una idea derrota.

Efectivamente, hoy no sabemos cómo sería un mundo sin capitalismo. Pero, si sabemos que hay ciertos elementos en el capitalismo neoliberal que nos resultan intolerables. Por ello, más que un  mapa que indica el punto al cual llegar, tenemos una brújula que nos permite saber en qué dirección nos movemos. Eso es, por tanto, lo que necesitamos como socialista hoy: una brújula que nos oriente y nos permita salir del neoliberalismo.

Entonces, ¿la esencia de los socialistas hoy, es ser anti neoliberales; dejando pendiente la cuestión de si son o no anti capitalistas?

En ese sentido, si el socialismo no es anti neoliberal, no es nada. Sin duda, hay varios capitalismos posibles. Pero, cuando se sale del neoliberalismo se llega a una condición distinta y se abren aristas distintas que hay que comenzar a explorar. Lo relevante, por tanto, es saber cuándo se va ganando o perdiendo; cuando se da u paso para atrás o dos para adelante.

Francisco Castillo / Agencia UNO

Pero, ¿cómo se sabe que se va en la dirección correcta si solo hay una brújula que no identifica la meta?

Dos cosas: ampliación de la ciudadanía y profundización democrática. La ampliación ciudadana no sólo es el espacio en el que somos iguales y la libertad esta igualmente distribuida, sino también tiene que ver con una amplia agenda de derechos sociales en educación, transformación de las relaciones laborales, agenda de género, etc.

De ahí, la importancia del debate en torno a la educación como un Derecho. Hacer que la educación deje de ser una mercancía significa que la libertad en términos educacionales no este medida por el tamaño de la billetera de cada familia. Yo soy libre en el mercado según lo que puedo comprar. Por tanto, convertir la educación en un Derecho social, implica, hacer que mi libertad en el ámbito educacional este medida por mi posición de ciudadano, es decir, por mi posición en un espacio en que todos somos iguales. La libertad, cuando no es igual para todos se llama privilegio.

¿Cómo se manifiesta estos dos aspectos en el proyecto socialista?

Para empezar, avanzar en esas dimensiones implica nueva constitución y asamblea constituyente. Después, dado un primer paso, se verá como seguir ampliando la ciudadanía y profundizando la democracia. Por eso, hay que entender la idea socialista como una guía más que como un punto de llegada.

Pero, una sociedad con derechos garantizados puede ser perfectamente capitalista; por tanto, tendríamos capitalismo socialista o algo parecido a un Estado de bienestar. Esta afirmación, nos lleva a otra pregunta: ¿no más neoliberalismo o no más capitalismo, considerando que el neo-liberalismo es la forma que asume el capitalismo desde mediados de los setenta, principalmente, desde los noventa?

La idea de superar el capitalismo es una idea que los socialistas no pueden perder. Pero, la función de esa idea no es decirnos que hay que llegar a un punto “x” tan rápido como se pueda; sino más bien, decirnos que tiene sentido moverse desde el punto donde se está en alguna dirección; en la dirección, por tanto, de la ampliación de la ciudadanía y de la profundización democrática.

Es inevitable, en este punto tensionar las idea de Revolución y/o Reforma, sobre todo, para el mundo socialista.

En la república binominal no deja de ser curioso ver como la idea de revolución se transforma en reforma y la idea de reforma en “perfeccionamiento”. Esto demuestra que la política perdió el horizonte de que las cosas pueden ser distintas. Pero, hay que entender la revolución como un proceso gradual; no como un momento que ocurre en un día y a una hora. Si bien, el proceso de cambio es gradual, produce una transformación que al mirar para atrás te das cuenta que lo que hay es completamente distinto a lo que había.

La idea de revolución es un horizonte de significado que contribuye a darle sentido a lo que hacemos hoy, más que la promesa de que algún día va llegar. Esa es la función central. Cuando uno actúa en política necesita entender que la acción política opera en dos registros: en el presente y en la proyección hacia el futuro de los posibles efectos de lo que se hace hoy. La reforma educacional es un buen ejemplo para entender esta conexión.

¿Por qué?

Hoy, se hace una reforma que termina con el copago, la selección y el lucro. Pero, el sentido de esta reforma va mucho más allá de lo que se hace ahora. La reforma, habla de una nueva escuela que en el futuro hará que las escuelas chilenas sean un espacio de encuentro ciudadano y eso va ser una manera de entender la ciudadanía y el país de un modo distinto. Esto no va pasar hoy; va suceder en 10 o 20 años más.

Resumiendo: ¿qué es ser socialista hoy?

Que el capitalismo debe ser superado; pero, la idea de superación del capitalismo no funciona como un mapa que nos diga dónde está la solución. Lo que hacemos hoy es movernos como una brújula desde un punto de partida en el que no queremos estar, a un punto de mayor profundización democrática y mayor ciudadanía. Esa es, la ruta que hay que hacer.

¿Qué es de izquierda hoy?

Ser anti neoliberal.

Pero, también ¿anticapitalista?

En la situación chilena, la superación del capitalismo pasa forzosamente por la superación del neoliberalismo. Hay que dar y hacer esa discusión. Pero, lo primero, es salir del neoliberalismo que es el camino que enfrentamos hoy.

¿Es compatible ser socialista y liberal?

Son posiciones distintas e incompatibles entre sí. El liberalismo como teoría política afirma que las actuales condiciones de existencia no se pueden transformar; y que, no obstante, se pueden hacer mejoras: mejorar Fonasa, aumentar la subvención escolar, etc. Ser liberal, es renunciar a la posibilidad de actuar y pensar que las cosas pueden ser distintas. El orden de explotación y desigualdad  es lo que hay. Ahora, si uno mira el liberalismo históricamente vemos que en un primer momento fue un paso del progreso político al permitir salir del Antiguo Régimen y la monarquía. Al contrario, los socialistas se definen porque siempre es posible hacer transformaciones.

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