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Opinión

Fin al subcontrato: Una lucha clave para una verdadera educación pública

Por: Valentina Andrade y Felipe Ruiz / Publicado: 18.05.2017
Fin al subcontrato: Una lucha clave para una verdadera educación pública fin al subcontrato /
La lucha por la educación pública resulta difícilmente escindible de la lucha por establecer condiciones de trabajo dignas al interior de las instituciones de educación superior. Las fuerzas políticas que hoy por hoy no apuesten por acabar con la subcontratación y establecer condiciones de trabajo dignas en las instituciones educativas, están luchando por una reforma de la educación pública a medias.

El trabajo como un problema político al interior de las universidades emergió con fuerza durante 2015, después de varios años en que diversas organizaciones estudiantiles remarcaron la necesidad de terminar con la externalización de servicios permanentes y de baja especialización -subcontratación de servicios como aseo, vigilancia y alimentación- considerando  las  negativas consecuencias que este tipo de vínculo laboral provoca para las trabajadoras y trabajadores subcontratados. Entre 2015 y el presente año, la acción estudiantil al interior de importantes casas de estudio ha logrado diversos, y relevantes, logros.

Teniendo como contexto la reciente conmemoración del Día Internacional del Trabajo y la discusión en torno al proyecto de reforma Educacional presentado por el MINEDUC, el propósito de esta columna es dar cuenta de los avances que ha logrado el movimiento estudiantil en relación a las condiciones laborales al interior de cuatro universidades y observar críticamente los puntos pendientes y desafíos de mayor relevancia que enfrenta el mundo del trabajo al interior de las instituciones de educación superior.

Estado actual del subcontrato en 4 universidades: avances relativos y tareas pendientes

Al día de hoy, es posible afirmar que “sobra” evidencia empírica en torno a las consecuencias negativas de la subcontratación, como forma de relación laboral. No obstante, una gran parte de las autoridades universitarias y algunas organizaciones políticas estudiantiles, siguen tomando como un argumento “ideológico” -por ende, para ellos falso- la consigna por el fin al subcontrato en las instituciones de educación superior. Sin embargo, mostraremos que durante los últimos tres años, la organización estudiantil ha resultado de vital importancia para poner en jaque este tipo de afirmaciones y producir transformaciones de relevancia.

Esto se ha logrado mediante dos tipos de acciones: i) la realización de estudios sobre el subcontrato, que han demostrado las pésimas condiciones de empleo y trabajo en las áreas de aseo, vigilancia y jardinería; y ii) alcanzar una capacidad de movilización y presión política, que ha permitido terminar con la subcontratación al interior de algunas universidades.

Un primer caso es lo que ha sucedido en la USACH. Luego de la realización de un estudio sobre condiciones laborales del personal subcontratado durante 2014, han ocurrido varias instancias de movilización de estudiantes y trabajadores subcontratados que han logrado instalar la idea por el fin al subcontrato en toda la Universidad. El impacto de tal curso de acontecimientos ha sido importante; durante las próximas semanas, la rectoría presentará una propuesta de internalización que debe ser refrendada por porte del estamento estudiantil. En tal sentido, el escenario sigue abierto, pero favorable.

Un segundo caso a destacar es el de la Universidad de Chile. Durante 2015, la Fech y los Centros de Estudiantes posicionaron como una de sus demandas internas el fin al subcontrato y la mejora de las condiciones laborales. Si bien en las negociaciones por deponer la toma de la Casa Central durante tal año hubo intenciones de la rectoría para avanzar en la internalización, la disputa se ha tenido que resolver al interior de cada Facultad, por cómo se organiza esta casa de estudios.

Es así como la Facultad de Ingeniería instaló la internalización como un tema urgente; los estudiantes llegaron a acampar dentro de la misma facultad como medida de presión, justificando el fin del subcontrato con un estudio realizado durante 2015. Si bien este tipo de relación laboral existe aún en algunos espacios de la Universidad de Chile, se ha avanzado de manera importante en la internalización; además, ha emergido una importante organización por temas laborales, principalmente a partir de asociaciones funcionarias, la federación de estudiantes y rectoría, que busca encarar los desafíos pendientes.

En tercer lugar, es posible situar a la UTEM. Después de una movilización interna – que culminó con la toma de su sede central en mayo de 2015 – se constituyó la “Comisión Fin al Subcontrato” para concretar el proceso de internalización en toda la Universidad, aceptado por su Rector. Sin mediar estudio de condiciones laborales, se logró que el estamento estudiantil incidiera en la confección de un plan de internalización de la planta de funcionarios subcontratados de aseo y vigilancia, mediante un concurso público que favoreció a las trabajadoras y trabajadores que ya trabajaban en las dependencias de tal casa de estudios. Hoy en día se observa una preocupación general por las condiciones laborales de las y los (ahora) funcionarios de tal casa de estudios, abriendo nuevos desafíos para la organización estudiantil y asociaciones de funcionarios/as.

Por último, indicaremos la experiencia de la PUC. Durante 2016 también se realizó un estudio sobre las condiciones laborales del personal subcontratado de aseo. A inicios del presente año se constituye una “Mesa de Actores por la Internalización” compuesta por representantes estudiantiles, sindicatos de trabajadores(as) subcontratados(as) y organizaciones políticas estudiantiles. No obstante, el grado de consenso entre el estudiantado sobre la necesidad de terminar con la subcontratación es bajo; también se enfrenta a autoridades universitarias francamente proclives a tal régimen laboral. Así, el desafío que enfrenta este espacio es lograr que la consigna de ‘fin al subcontrato’ gane fuerza, aprovechando la ventana de oportunidad abierta a partir de los resultados del informe antes mencionado.

Más allá del subcontrato y la precarización laboral: desafíos para el movimiento estudiantil

Habiendo indicado las distintas situaciones vividas en las casas de estudios consignadas, resulta preciso remarcar tres elementos como ejes de orientación política ante los distintos escenarios:

1. Es importante señalar que el destino final de la subcontratación no se juega en la validez “científica” o “técnica” de los estudios realizados. Se dirime en la capacidad política que tenga el actor estudiantil y los gremios de funcionarios permanentes, para organizarse y contar con la fuerza y legitimidad necesaria para instalar la consigna por la mejora de condiciones laborales, doblándoles la mano a aquellos sectores más conservadores del mundo educativo, tanto en el estamento administrativo como también en el ámbito estudiantil.

2. La lucha por tener condiciones de trabajo dignas en el sistema educacional supera con creces el término de la subcontratación. Una vez efectuado este – difícil – primer paso, se abren una serie de problemáticas que hoy enfrentan los y las trabajadoras contratadas por las casas de estudio, y que remarcan la centralidad política del trabajo como eje de disputa en el campo educacional, indicando nuevos desafíos para las fuerzas de cambio: la debilidad orgánica de las asociaciones de funcionarios y funcionarias; la precarización laboral que experimentan tanto académicos/as como funcionarios/as, sometidos a nuevas lógicas de management que estimulan la contratación vía honorarios y las evaluaciones de desempeño basadas en rendimiento; así como la insuficiente democracia que se evidencia a nivel de los mecanismos de decisión a nivel institucional.

3. Es necesario considerar que la lucha por la educación pública resulta difícilmente escindible de la lucha por establecer condiciones de trabajo dignas al interior de las instituciones de educación superior. Las fuerzas políticas que hoy por hoy no apuesten por acabar con la subcontratación y establecer condiciones de trabajo dignas en las instituciones educativas, están luchando por una reforma de la educación pública a medias. Volviéndose cómplices de un modelo social y un sistema educacional que (en honor al lucro particular) produce y reproduce integrantes – trabajadores y trabajadoras – de segunda categoría en su seno.

En tal medida, es sintomática la nula consideración de los elementos planteados al respecto desde la CONFECH, en el proyecto de ley que ha comenzado a tramitar este gobierno. Tal dinámica remarca la importancia de la organización y capacidad de disputa política que logre articular el movimiento estudiantil.

Pues en la lucha por la educación pública no se juegan sólo aspectos “educacionales”, sino también elementos que permitan ir forjando un nuevo modelo de sociedad, alternativo al neoliberalismo que ha campeado sin contrapeso en Chile, durante ya más de cuarenta años. Y que ha tenido uno de sus pilares fundamentales en la exclusión del actor laboral de la vida pública. En tal medida, la lucha por mejorar las condiciones de trabajo en las instituciones de educación superior representa un aspecto central para el movimiento estudiantil y las fuerzas de cambio.

Valentina Vásquez y Felipe Ruiz
Miembros del Grupo de Estudios Interdisciplinarios del Trabajo de la Universidad de Chile
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