Opinión

Universidad de Talca en estado de alerta

Por: Eliana Adams y Terán Valenzuela / Publicado: 30.08.2017
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Nuestra casa de estudios se ha caracterizado por el nulo avance en materias de participación y democracia dentro del gobierno universitario, negando a sus estudiantes y funcionarios ser partícipes de la toma de decisiones y de las elecciones de los cargos unipersonales. En nuestro caso, el rector Álvaro Rojas se ha reelegido indefinidamente desde el año 1990 y solo abandonó su puesto entre 2006 y 2008 para ser ministro de Agricultura en el primer gobierno de Michelle Bachelet.

La universidad pública de la región de Maule aún se regula con estatutos impuestos en dictadura, con un sistema de gobernanza autoritario que permite que agentes externos influyan en las decisiones sobre el proyecto educativo de las universidades públicas. Todo esto a través de las llamadas “juntas directivas”, donde se toman las más importantes decisiones estratégicas. Actualmente la de la Universidad de Talca es presidida por Jorge Awad, banquero, santiaguino, con una gran trayectoria en el mundo empresarial y sin ningún vínculo significativo con nuestra región.

Desde entonces, nuestra casa de estudios se ha caracterizado por el nulo avance en materias de participación y democracia dentro del gobierno universitario, negando a sus estudiantes y funcionarios ser partícipes de la toma de decisiones y de las elecciones de los cargos unipersonales. En nuestro caso, el rector Álvaro Rojas se ha reelegido indefinidamente desde el año 1990 y solo abandonó su puesto entre 2006 y 2008 para ser ministro de Agricultura del primer gobierno de Michelle Bachelet.

Esta situación ha provocado que nuestras autoridades se disocien de quienes componemos la comunidad universitaria y tomen decisiones a puertas cerradas, sin sopesar las consecuencias que pueden traer a quienes vivimos día a día dentro del campus.

Como si fuera poco, nuestro rector ha cumplido un rol central en el lobby para la reforma de universidades estatales, sin siquiera consultarle a su comunidad qué piensa sobre ella. A pesar de esto, el jueves 24 se realizaron asambleas en toda la universidad donde el rechazo a la reforma en su estado actual fue categórico.

¿Qué queremos? Que se legisle junto al movimiento social y que se tomen en cuenta nuestras propuestas; que no se prohíba la participación de las comunidades en la elección del rector; que el aumento de la matrícula aparezca como una necesidad junto a infraestructura, para así avanzar desde un régimen eminentemente privado que concentra más el 84% de la matrícula hacia uno esencialmente público; un modelo de gobernanza sin intervenciones del gobierno de turno o agentes externos; y por supuesto, órganos colegiados triestamentales y vinculantes.

Por último, en condiciones laborales queremos el término al subcontrato y toda forma de precarización laboral. Exigimos que los trabajadores que realicen labores permanentes en la universidad sean internalizados, para que nunca más un trabajador de nuestra comunidad lleve más de 20 años en un régimen de honorarios o subcontratado ni viviendo una incertidumbre constante en su vida.

Eliana Adams y Terán Valenzuela
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