Opinión

Literatura desde Aysén, un territorio que se extiende

Por: Ivonne Coñuecar / Publicado: 24.01.2018
Siendo una región eminentemente turística, con sus 1240 kilómetros de Carretera Austral, no se puede comprender la producción literaria de Aysén sin su estrecho vínculo con la naturaleza, las ideas sobre ésta son históricas, de proyecciones ideológicas que producen imágenes, significados y sentidos sobre el espacio geográfico desde donde surgen voces, memoria, rescate de la oralidad presente en zonas rurales y procesos que han ido moldeando la identidad.

No se trata sólo del ejercicio de escribir, sino de conocer la maquinaria del circuito libro y del fomento lector. Si bien el ejercicio de lectura actualmente convive con dispositivos y otros formatos, el libro como artefacto permanece vigente y su producción desde zonas extremas, como Aysén, ha experimentado un crecimiento. Hace algunos años se hablaba de una producción casi inexistente, intermitente, difusa, escenario que contrasta con el acontecer actual del circuito libro, que vincula a actores locales en su diferentes procesos de creación, producción, distribución, promoción, difusión, además de la retroalimentación que surge desde los lectores, la prensa y también desde la investigación y textos críticos, lo que además, va construyendo una plataforma desde donde se puede pensar la literatura desde la Patagonia y sus desafíos.

El estrecho vínculo entre lo urbano y lo rural que se da en la zona crea una mixtura que genera cierta resistencia a lo moderno, sumado a las condiciones climáticas, la extensión y las complejas características geográficas. Siendo una región eminentemente turística, con sus 1240 kilómetros de Carretera Austral, no se puede comprender la producción literaria de Aysén sin su estrecho vínculo con la naturaleza, las ideas sobre ésta son históricas, de proyecciones ideológicas que producen imágenes, significados y sentidos sobre el espacio geográfico desde donde surgen voces, memoria, rescate de la oralidad presente en zonas rurales y procesos que han ido moldeando la identidad, un proceso constante, que también se va enriqueciendo con las migraciones de una región en constante crecimiento de población, según se evidencia en los censos de las últimas décadas, y que residen, principalmente, en las ciudades de Coyhaique y Puerto Aysén. Esta constante llegada de nuevos habitantes ha significado la llegada de nuevas propuestas en todos los ámbitos, especialmente en las artes, a través de la creación, formación y producción de eventos, incluso algunos de ellos ya se han convertido en una tradición y se han instalado en la agenda cultural anual, como el Festival de Teatro Patagonia en Escena, el Festival de Cine de la Patagonia, el Festival Internacional de Música en la Patagonia, el Aysén Mountain Film Festival, entre otras iniciativas.

Aysén comienza a moverse de manera constante y estable en el ámbito literario gracias a numerosas  experiencias desde la literatura, entre ellas, la Biblioteca Popular Trinchera Utopía en Coyhaique, o la Librería símbolo de la tradición en libros de Coyhaique y que acaba de cumplir cuarenta años, también en Puerto Aysén está el Café con libros Rayuela, donde se realizan actividades literarias, como lanzamientos y ciclos de conversación, abriendo espacios de convivencia y comunidad. Otro fenómeno relevante es el cruce entre el turismo y la cultura que generan una red de fomento para el desarrollo regional. Se observa la presencia de libros regionales –a disposición para el cliente y para venta- en hoteles, hostales, restaurants y ferias artesanales, además de un city tour en Coyhaique que, en su ruta para conocer el trabajo de productores locales, ofrece la visita a Ñire Negro Ediciones, primera editorial coyhaiquina, cuyo trabajo ha posicionando a Aysén dentro del mapa literario chileno, llevando sus obras a instancias de promoción del libro nacionales, y también a Ferias Internacionales del Libro (FIL), como las de Buenos Aires, Lima, Guadalajara y Santiago. Tampoco se debe pasar por alto el trabajo que las instituciones realizan, la labor de los Centros de Recursos para el Aprendizaje (CRA) al interior de los establecimientos educacionales, y la necesaria presencia de la Biblioteca Regional de Aysén, su red por todo el territorio y su Bibliobus. Y en abril se abren las fronteras regionales con la Feria del Libro de Coyhaique, después de 7 años de su última convocatoria, iniciativa que también se realiza desde hace más de una década en Puerto Aysén.

Sobre las letras

Si bien no se puede hablar de un canon literario en la incipiente producción bibliográfica de Aysén, si se pueden identificar escritores que se han convertido en un referente en la zona, que han evidenciado el territorio y la esencia para pensar las letras, que se han adscrito a la historia y al paisaje literario que se recorre en Aysén. Narradores como Enrique Valdés, Jaime Casas, Carlos Aránguiz, María Isabel Quintana, Carina Decker, Liliana Pualuan, Juan Mihovilovih, hasta la producción más reciente que ha instalado dentro de un discurso más innovador con las novelas “Almas en el río” y “Sombras en la lluvia” de Eleodoro Sanhueza, basadas en el caso Aysén, y donde se yuxtapone la ficción con el lenguaje periodístico. Mientras que desde un flanco algo más rupturista nos encontramos con “El antiviaje del cabo Veloso” y “Cerdos voladores”, novelas de Sebastián Cisneros, que si bien describen un imaginario aysenino, rozan lo absurdo, la ironía y los pasajes oscuros del ser humano. Ambas propuestas han permitido diversificar las temáticas y enriquecer el universo literario, cuya plataforma se presentaba más bien unívoca desde lo folclórico. Por otro lado, sin el rescate y registro de la oralidad y la memoria, no se hubiera podido configurar y enriquecer el discurso histórico de Aysén, un aporte significativo en esta línea ha sido el trabajo del antropólogo e investigador Mauricio Osorio Pefaur.

Desde la ficción y la no ficción crece y enriquece la literatura de Aysén, y que al ser una experiencia relativamente nueva, permite una correlación con procesos y actores que no se agota en la relación del autor con su obra, ni en la relación de la editorial y la publicación, sino que va más allá, y genera nuevas instancias como por ejemplo: la formación a través de talleres literarios, el lanzamiento de libros como un lugar de encuentro y diálogo, la promoción de los autores fuera de la región. También, las redes sociales y el mundo virtual han abierto una alternativa para el fomento lector, que se vuelve incluso necesaria, gracias a las plataformas para descarga gratuita o lectura online disponibles. Un interesante ejemplo es el que ha implementado la Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de Chile de la DIBAM, a través de la Biblioteca Pública Digital, que ha puesto a disposición miles de e-books para préstamo, una contribución para las zonas aisladas o para quienes no puedan dar prioridad a la compra de un libro, dado el impuesto que lo encarece, un tema que aún tenemos pendiente y que sigue perjudicando el acceso. Estos avances y el acceso a la tecnología representan un panorama positivo para Aysén, se pueden conformar comunidades virtuales para potenciar ideas, para vincularse y actualizar conocimientos, se conocen otras experiencias literarias, e incluso se puede aprender de manera autodidacta, ya que el autor hoy en día también puede ser su propio gestor cultural. Sin embargo, siempre lo principal es la relación de las personas y su interacción que produce identidad, una comunidad que está leyendo el mundo, que se instala desde el territorio, y contribuye al desarrollo de espacios para autores, gestores, editores y lectores que enriquecerán su territorio, comprendiendo que los procesos del libro y la lectura son necesarios para el crecimiento sustentable de cualquier comunidad, que abra la reflexión y el diálogo, para seguir creando en/desde Aysén.

Ivonne Coñuecar
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