Luego de que el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, cediera finalmente a las presiones y este miércoles anunciara su dimisión con carácter inmediato, un nuevo escenario se abre para el país de Nelson Mandela. Zuma decidió acatar la orden de su partido, el Congreso Nacional Africano (CNA) —que el martes le invitó a abandonar el sillón presidencial—, y ahora será el presidente del CNA, Cyril Rampahosa, de 65 años, quien le relevará.

Cyril Ramaphosa, que asumió en diciembre el liderazgo del ANC, buscaba la salida de Zuma, salpicado por varios casos de corrupción, con el fin de evitar una catástrofe electoral en las elecciones generales de 2019. El futuro mandatario, un ex sindicalista convertido en millonario, prometió reactivar la economía del país, que lleva tiempo estancada, y erradicar la corrupción que azota a su partido y a la cúpula del Estado. Ramaphosa buscaba una salida consensuada del poder de Zuma, pero tuvo que hacer frente al obstinado rechazo de éste en dejar la presidencia pues su mandato solamente expira el próximo año.

A poco más de un año de las elecciones generales, la tarea del futuro presidente Ramaphosa se prevé compleja. Coincidencia o no, la policía allanó el miércoles en la mañana la casa en Johannesburgo de la polémica familia Gupta, en el centro de los escándalos que involucran al presidente Zuma.

Ocho personas fueron detenidas en ese operativo, realizado en el marco de las investigaciones sobre el supuesto tráfico de influencias y desvío de fondos públicos de un grupo de empresarios muy cercanos al hasta ayer mandatario del país.

Sudáfrica vivió este miércoles el último episodio de una transición que ha dejado muy tocado al histórico CNA que lideró Nelson Mandela, que se levantó como movimiento de liberación contra el régimen racista del apartheid y que tomó las riendas del poder con el apoyo masivo de los ciudadanos desde 1994.