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El Desconcierto
Opinión

Contra el adultocentrismo

Por: Alejandro Basulto / Publicado: 16.02.2018
Contra el adultocentrismo / / Agencia Uno
Y del Sename ni hablar, ya que es símbolo de la postergación y vulneración de la infancia y adolescencia. Cuoteo político y hasta lucro de ciertos colaboradores (adultos beneficiándose a costa de niños vulnerados en sus derechos), carencia de fondos, abusos y maltratos, etcétera. Un daño sistemático contra quienes deberíamos proteger.

El adultocentrismo es la constatación de una relación asimétrica en la relevancia de los temas e intereses como también en la garantización y protección de los derechos de quienes son adultos en contraposición con los de quienes no lo son (niños, niñas y adolescentes). Es la postergación de las necesidades y derechos de los menores de edad por los prejuicios y el egoísmo de los adultos. Es una hegemonía cultural y sistemática donde el foco de las políticas públicas se encuentra dirigido por los sesgos e intereses de los adultos y no por el interés superior del niño, que es desde donde se pueden prevenir flagelos sociales que después el adultocentrismo busca erradicar a través de medidas represivas y el castigo.

Por sobretodo el adultocentrismo es un autoritarismo de los adultos contra los niños, niñas y los adolescentes (NNA). Ya que se les niega su opinión, se llega a justificar el maltrato contra ellos, se las trata posesivamente como si fueran cosas o esclavos (“yo hago con mi hijo lo que yo quiera, es mío”), y se posterga por lo tanto su protección y la garantización de sus derechos. Una sociedad adultocentrista es contraria a una que defiende el interés superior del niño y el principio de autonomía progresiva.

Tal como otros males culturales, el adultocentrismo se expresa en diversas áreas (lo que nos habla de una interseccionalidad). No es por nada que desde inicios de esta década la UNICEF ha reconocido de mayor manera este problema, realizando un informe llamado “Superando el adultocentrismo”, en el que dá cuenta de cómo el adultismo afecta a los menores de edad de diferentes formas.

Educación

Una de estas áreas donde se nota este trato diferencial de los NNA frente a los adultos, es la educación. Y no en el sentido del trato diferenciado en que hay entre niños y niñas preescolares y escolares ante los universitarios, estando en ambos casos el país todavía al debe. Sino que el adultocentrismo se ve en el predominio de los prejuicios e intereses adultos y en la postergación de la educación en general

Prejuicios tales como la oposición a una enseñanza inclusiva y no sexista, o también el rechazo ante la educación sexual en adolescentes (conllevando a altas tasas de embarazo adolescente y de enfermedades venéreas). Y si hablamos de intereses de los adultos por sobre lo que es priorizar el interés del superior del niño, tenemos como ejemplo más claro la segregación y marginación de estudiantes como consecuencia del clasismo y discriminación de los adultos.

Y estos prejuicios e intereses adultos son justamente parte de las causas de la postergación de avances necesarios en educación, son obstáculos ante la obtención un sistema educativo de calidad, íntegro e inclusivo que beneficie a todos y a todas los estudiantes sin discriminación. Y esta postergación se ve en que recién en estos últimos años, se avanzó hacia una carrera docente más digna y justa, hacia una educación más inclusiva y hacia un sistema prescolar más fortalecido, y todo esto sin estar ausente de oposiciones.

LGTBI

Otra área en el que se aprecia de manera muy fuerte el adultocentrismo y el predominio de los prejuicios adultos ante la garantización y protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, es en materia de diversidad sexual. Se les niega su identidad de género, provocando así que muchos caigan en depresión y hasta consideren como una opción el suicidio (y todo eso por obligarles a vivir como lo que no son); se les ha utilizado contra la igualdad de derechos al oponerlos a la adopción homoparental, cuando estudios de los colegios de pediatras, psicológicos y psiquiatría (entre otros) han informado que las personas homosexuales tienen las mismas capacidades para criar de quienes son heterosexuales (y hasta tienen más habilidades en ciertas áreas); y general se les ha discriminado en casi todo espacio, sin importarle al prejuicioso adulto su bienestar (ejemplo de ello el “Bus de la Libertad” que atentó contra niños, niñas y adolescentes trans).

Se escucha mucho un “con mis hijos no te metas”, cuando lo que deberíamos escuchar es un “¡No se metan con el interés superior del niño!”.

Inmigración

Los niños, niñas y adolescentes inmigrantes también son víctimas del adultocentrismo, al ser blanco de ofensas y vulneraciones originadas por la xenofobia, racismo y aporofobia. Desde la instigación de políticas de inmigración aún más restrictivas, tratarlos de “ilegales” (término que contradice el derecho internacional) a la negación (o intenciones de aquello) de sus derechos producto de su nacionalidad de origen (o de sus padres), son demostraciones de como se ve ausente de la discusión el interés superior de niño cuando se habla de inmigración.

¿Vamos a condenar a niños, niñas y adolescentes a una vida sin oportunidades en su país de origen por los prejuicios y el egoísmo que haya contra sus padres? Porque pareciera que así fuera, ya que constantemente se les obvia de la discusión y hay quienes les buscan negar sus derechos siendo que estos son por definición universales e igualitarios.

Pederastía

 ¿Cuánto nos demoramos en tener entrevistas videograbadas para no revictimizar al niño, niña o adolescente? Y eso mientras todavía los abusos sexuales siguen sin ser imprescriptibles, garantizando de ese modo la impunidad de muchos quienes se aprovechan de la vulnerabilidad e inocencia de los menores de edad. Además ni hablar de la ausencia de políticas preventivas en abuso sexual infantil, que si no fuera por el gran trabajo que realizan ciertas ONG (como Para la Confianza), hoy habrían muchos más padres y madres que no tendrían herramientas para prevenir y darse cuenta de cuando su hijo u hija ha sido víctima de un acoso, abuso o violación.

Al respecto, también hay una deuda a nivel cultural y hasta mediático. Hace no mucho salió publicada una noticia en Publimetro sobre un niño de 12 años al que su papá le había hecho una fiesta de cumpleaños con un show de strippers. El medio subió la foto y sin ética alguna tituló: “Multimillonario padre sorprende a su hijo de 12 años con llamativo regalo para su cumpleaños: un show de strippers”, naturalizando el abuso sexual (porque ningún niño/a puede consentir relaciones sexuales) y obviamente, evitando toda condena a tan repudiable hecho. Y claro, es también cultural (mezclado con una dosis de machismo, por cierto) porque hubo quienes aplaudieron lo que hizo el padre.

Y es importante cuando se habla de delitos de pederastía, referirse a la impunidad que tienen algunos abusadores y violadores por pertenecer a una iglesia. Muchos están beneficiados por el encubrimiento que han recibido por parte de sus mismos pares. Es decir, entre otras palabras, adultos que se defienden entre sí para no pagar las consecuencias de las barbaridades que han cometido contra niños, niñas y adolescentes.

Seguridad y sistema penal

Se mencionó en un principio que el adultocentrismo conlleva que obviemos el trabajo preventivo y reinsertivo social en menores de edad, para después de adultos enfocarnos simplemente en su represión y castigo.

Los programas de prevención y reinserción de niños, niñas y adolescentes carecen de cobertura y son deficientes, mientras se gasta un montón de recursos en policías y en cárceles justamente porque antes no se actuó de manera preventiva (profundizo acerca de esto en la columna: El correcto trato para niños/as inimputables y adolescentes infractores). Los  niños y niñas inimputables y los adolescentes infractores de ley que crecen en contextos altamente criminógenos, necesitan mejor educación, contención, apego y otros apoyos socioeducativos y psicosociales por parte del Estado, y este ente vez lo que hace es esperar que crezcan para que sean mayores de edad y los pueda enviar a Colina 1.

También en el sistema penal hay adultocentrismo en cómo se trata a los hijos e hijas (como también a otros menores de edad familiares) de personas privadas de libertad. Desde desnudarlos para revisarlos antes de hacer su ingreso a la cárcel para la visita (accionar de Gendarmería que la Corte Suprema por fin prohibió) al hacerles vivir en lo que es el encierro penitenciario por los delitos que cometió su madre. Al respecto, una fiel demostración de la lógica adultocentrista es que no se legisle ni promulgue prontamente la Ley Sayén, para que las mujeres embarazadas o madres de niños de hasta 3 años, cumplan sus condenas en libertad (con penas sustitutivas tales como libertad condicional, vigilada o arresto domiciliario).

Sename y maltrato infantil

 Vale aclarar que no es correcto hablar solo de Sename al referirse a niños, niñas y adolescentes que han sido maltratados física y psicológicamente. Una de las razones por las que llegan menores de edad al Sename es por maltrato infantil, pero hay muchos otros que simplemente no llegan y la agresión contra ellos sigue estando impune.

La normalización del maltrato infantil es fiel ejemplo del adultocentrismo, ya que buena parte de estas agresiones se originan en el estrés y en las limitaciones del adulto como también en su propia justificación que es lo más adultocentrista que hay (“yo como adulto agradezco los golpes que recibí por hacerme lo que soy”, cuando si está bien, fue a pesar del maltrato). De hecho el maltrato aún bajo la supuesta lógica de obtener un adulto feliz, no dejaría de significar dolores y traumas en la infancia y adolescencia para una supuesta mejor adultez. Sin olvidar que es bueno recordar que uno de los tantos efectos negativos del maltrato infantil y la violencia en general, es la normalización y naturalización de esta.

Y del Sename ni hablar, ya que es símbolo de la postergación y vulneración de la infancia y adolescencia. Cuoteo político, lucro de ciertos organismos colaboradores (adultos beneficiándose a costa de niños vulnerados en sus derechos), carencia de fondos, abusos y maltratos, etcétera. Un daño sistemático contra quienes deberíamos proteger.

Y son muchas más las áreas en que se ve el adultocentrismo, tales como lo son la laboral (el trabajo infantil está lejos de erradicarse), religiosa (seguimos adoctrinándolos de manera cómplice con la ayuda del Estado), entre otras.

En el adultocentrismo se alojan las razones y lo peor de nuestros males como sociedad. Tenemos que dejar de postergar las necesidades y derechos de los niños, niñas y adolescentes por culpa de los prejuicios e intereses adultocentristas. Ellos no solo son el futuro, sino que también son el presente, y necesitan la garantización y protección de todos sus derechos ahora.

Alejandro Basulto
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