A propósito de la manifiesta intención del presidente electo Sr. Sebastián Piñera de modificar y tal vez reestructurar el sistema de inteligencia del Estado, creo oportuno relatar mi experiencia en esa materia.

He tenido la ocasión, un par de veces, de ser interrogado por agentes de inteligencia, tal vez por mi larga trayectoria política y mi participación en grupos que no ocultaban su adhesión a la llamada acción directa.

La última vez, hace ya un par de años, me llamó un amigo socialista y me dijo que se le había acercado un amigo periodista que estaba trabajando en un reportaje sobre la lucha armada en el periodo anterior al gobierno de Salvador Allende y le había pedido tener la oportunidad de hacerme un reportaje.

Después de unas llamadas telefónicas convinimos que la entrevista se realizaría en una oficina del centro en la cual yo participaba en su Directorio.

Llegaron a la hora y día convenidos un hombre alto y de mediana edad que yo no conocía, acompañado por una señorita joven. Venían con una cámara de grabación de televisión, con su propia luminaria y un buen micrófono.

Se presentaron y me dijeron que estaban haciendo un documental y que iban a interrogar a varias personas de la época anterior al golpe militar. Me preguntaron si tenía inconveniente en que me grabaran, a lo que accedí.

El “periodista” me explicó que necesitaban identificarme para acreditar la entrevista

La señorita acompañante abrió un cuaderno y con la voz aflatada me preguntó con una cadencia que yo ya conocía: Nombre completo, Edad. Dirección y Carnet de identidad.

No me quedó duda que el personaje pertenecía a un servicio de inteligencia y dirigiéndome al “periodista” le dije:

-Dígale que disimule o suspendemos la entrevista.

Muy serio le dijo: déjalo para después …

Empezó un largo interrogatorio que incluyó la forma en que yo me ganaba la vida, mis actividades profesionales, los cargos rentados que había desempeñado y la estructura de mi familia. A todo eso respondí con paciencia y detalladamente. Eso duró tal vez unos 20 minutos y la acompañante tomaba nota asiduamente en su cuaderno. De repente el entrevistador me preguntó de sopetón:

¿Ha visto Ud. a Abello? Le dije que no conocía a esa persona.

La entrevista terminó abruptamente. Toda la puesta en escena había sido para preguntarme por un antiguo compañero que se apodaba así, porque tenía poco cabello.

Pero yo sabía quién era y también recordaba que había estado hacía ya 5 años en su funeral y en el homenaje que le hicimos en el cementerio general.

No sé si ese burdo equipo venía enviado por la llamada ANI, por las Direcciones de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. O por los servicios de Carabineros o Investigaciones.

En todo caso, sus procedimientos y sofisticación son los que hay que modificar y mejorar. Para evitar bochornos como los de la Operación Antorcha.

Una sugerencia al nuevo gobierno:

La información de inteligencia del Estado, referida al ámbito nacional (la internacional, puede tener otras implicaciones) debe liberarse y hacerse pública transcurridos 50 años de ocurridos los hechos. Estoy esperando ansioso para conocer quiénes eran los infiltrados en el movimiento popular.


Ingeniero civil, militante socialista, y adherente de RD