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Felipe Román, editor independiente: “La ciencia debe ser reapropiada por los feminismos”

Por: Belén Roca Urrutia / Publicado: 16.03.2018
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Diseñador gráfico y activista desde hace más de 10 años, dirige el proyecto Trío Editorial, pero también es el gestor de la Agenda Kuir, "un objeto de pretexto, deliberado y montado en el mar de ficciones de la “realidad". Este año se lanza su sexta edición en Valparaíso. El Desconcierto conversó con Román sobre la génesis de una agenda que es mucho más que una agenda, su trayectoria dentro del activismo feminista y su mirada de lo que está ocurriendo con el movimiento hoy en día.

—Cuéntame de los orígenes de la Agenda Kuir.
—El proyecto nace el año 2013. Cuando empezamos, yo vivía con la Missógina, y también estaba muy influenciado por la literatura queer que circulaba en esa época. La Missógina, por un lado, empezó a trabajar con su propia interpretación de lo queer, sobre todo asociado a la gordura, lo que se puede leer en La cerda punk. Por otro lado, nosotros empezamos a hacer actividades en la ciudad, Valparaíso, y de ahí surgió la idea de hacer una revista o un pasquín. Yo, que soy diseñador gráfico, moví un poco más la palanca y dije “hagamos una agenda o algo más grande”. Así fue gente entusiasmándose. Hicimos una sesión de fotos entre amigos, medio nudista, y así empezó. Desde una volá. Lo cierto es que no sabíamos muy bien lo que estábamos haciendo. Le fue tan bien a esa edición que al tiro nos preguntaban si acaso editaríamos la del próximo año. Y tuve que decir que sí.

Claudia Rodríguez, interior de la Agenda Kuir 2013

—Esto surge desde el núcleo de los que, en ese entonces, nos juntábamos bajo el rótulo de la Disidencia Sexual. Con el tiempo, eso sí, consideramos necesario incluir otros discursos: feminismos, por supuesto, un poquito de anarquismo y cosas afines a causas libertaria. El giro más claro, en vistas a la edición del 2014, era ese. También mejoras en la edición, porque de la primera agenda, que eran 300 ejemplares, tuve que coserlos todos. A mano.

—Dentro de esta intención de meter otras disputas en la agenda, ¿con qué colectivos o sujetos trabajaron para esta edición, 2018?
—Destaco que, para este año, tenemos financiamiento extranjero. La agenda cobró tanto vuelo dentro de los circuitos disidentes, dentro y fuera de Chile, que compañeras europeas insistieron en que siguiéramos editándola. La plata viene de una organización estudiantil de género que se llama FZS, en Alemania. En esta edición hay colaboraciones del fotógrafo Diego Argote, el biólogo Jorge Díaz, de Lucía Egaña, Sebastián Calfuqueo, Naomi Orellana. Desde México también nos llegó material, y está presente un texto de la AMB (Asamblea de Maricas y Bisexuales), de Buenos Aires. La formación de redes, durante todos estos años, permite que pasen estas cosas.

—¿Cómo ves que está la discusión teórico-política sobre los feminismos, en Chile, desde que iniciaste este proyecto hasta el día de hoy?
—Mira, hay cosas importantes que han cambiado desde entonces. Te doy un ejemplo: antes me alarmaba, pero ahora entiendo que exista cierta tendencia al separatismo por parte de los grupos militantes. Es distinto al 2013, cuando los monsters nos encontrábamos siempre en las mismas instancias: el Des/Encuentro Feminista, la entrada a la Catedral de Santiago durante la protesta por el Aborto Libre… nos aglutinábamos más, a pesar de nuestras diferencias. En el mundo gay también hay distinciones respecto de ese entonces y el ahora. Hay un texto en esta edición de la Agenda Kuir titulado “Homonacionalismo”, que aborda una discusión que se ha dado poco en estos espacios: el patriarcado gay. Piensa que existen gays misóginos y homofóbicos, lo que encuentro impresentable, y hay harto silencio al respecto. Fueron, de hecho, las compañeras europeas las que nos presentaron estos conceptos porque es un fenómeno nuevo, esto de instrumentalizar las causas de género para ocultar otro tipo de opresiones. Pinkwashing, que le dicen, tal como lo ejecuta Israel, y el primer gobierno de Sebastián Piñera: con todo el robo y la corrupción que había, pero daba lo mismo, porque sacó la ley de Acuerdo de Vida en Común.

Interior de la Agenda Kuir 2015

—¿Nunca has postulado con la Agenda Kuir a fondos del Estado?
—No, aunque insto a los autores y editores a postular a fondos. Me parece que está bien. La Agenda Kuir, eso sí, nunca la he postulado porque su contenido no es adecuado, he ido constatando con el tiempo, para los parámetros con los que funciona Fondart para otorgar financiamiento. Cuando edito esta agenda y le pongo “Kuir”, sin respetar la ortografía gringa, es justamente porque los estudios Queer y los espacios que éste ocupa, en las universidades y los organismos de Estado, no me interesan en lo absoluto. Tal vez, si adhiriera a esa onda, nos ganaríamos algo, pero para qué.

—Y en vez de los estudios Queer, ¿qué sería, para ti, un feminismo ideal? ¿A quiénes incluye? ¿Con quiénes debate?
—Yo soy súper fanático de Donna Haraway. Mi feminismo ideal sería, aunque me odien las [feministas] comunitarias, de corte más analítico. Un planteamiento más sistémico y científico sobre las disputas del género me parece súper interesante. No me refiero al biologicismo, sino a la ciencia en sus derivas comunicacional y social, entendiendo su necesidad en este contexto de guerra comunicacional contra nosotros, los otros. La ciencia debe ser reapropiada por los feminismos, porque no la inventaron los hombres; por el contrario, fue robada. Muchas innovaciones del pensamiento occidental fueron creadas por mujeres, y ellas no aparecen en ninguna parte. Tantos autores respetados a quienes la mayoría de sus obras se las redactó la esposa, además de lavarle los platos. La ciencia no es la patriarcal, sino su uso.

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