¿Cómo nos puede extrañar tanta noticia compleja respecto al actual gobierno? ¿Cómo nos llama tanto la atención esa acción contraria a los avances sociales de tiempo? ¿Cómo nos planteamos siquiera que este gobierno podía aceptar y respetar el camino recorrido?

Si votar da igual, dicen. Bueno, y las movilizaciones al parecer también.

Celebramos avances sociales y festejamos el respeto para que en menos de un pestañeo el gobierno de turno utilizara los artilugios heredados de la dictadura para burlarse en nuestras caras y golpearnos al mismo tiempo en el hocico.

Estas letras van con rabia; al gobierno y a la sociedad a la que pertenezco.

En democracia entregamos el espacio para que quienes durante años no nos respetaron en lo más mínimo, tomaran el poder. Esos Sebastián, Jacqueline y algunos Andrés participaron en la elección donde nosotros, esa sociedad que luchó por un trato más justo, equitativo, igualitario y que exigió el foco en planos sociales, se quedara dormida, callada y tal niño mal criado no participara como corresponde.

Permitimos que la postverdad se sobrepusiera a la realidad y aceptamos argumentaciones infantiles. No hicimos nada para explicar que la creencia que se instauraba no tenía sustento y contrario a eso, no realizamos más que acciones que potenciaron los discursos de quienes nos hacían creer que corríamos hacia el abismo.

El abismo es pertenecer a una sociedad contradictora, inmadura y poco consciente de los cometidos.

La izquierda en este país jugó lo que los contrarios querían compartir. La derecha sabía que ganaría, con total libertad y garantías.

¿Qué tanto nos extraña esta situación? ¿Creían que los defensores de la vida respetarían el derecho de aborto y los empresarios del rubro educacional soltarían la gallina de los huevos de oro? Ilusos, inconscientes e inmaduros. Lo único claro, real y concreto que hoy nos damos cuenta que somos.

Avanzamos para retroceder, ¿quién nos puede entender?

De todas maneras, es de esperar esta situación. Una sociedad, como la chilena, donde la identidad no es más que demostración temporal de pasión y que está plenamente fracturada desde décadas, difícilmente puede sostenerse en la defensa de sus derechos civiles. Constituimos una sociedad inmadura, reaccionaria y con poca autocrítica. Hemos formado en el tiempo una comunidad que se miente a si misma, argumentando su éxito en el consumo y olvidando totalmente el trato principal, el tacto personal, la convivencia.

Olvidamos que somos sociedad.

Emiliano Zapata declaraba que él resolvía luchar contra todo y contra todos sin más baluarte que la confianza y el apoyo de su pueblo. ¿Qué podemos esperar de Chile cuando el baluarte es el elitismo y el dinero?

La confianza la perdemos en las instituciones, en la política, en las leyes y todo eso fue después que cuando la perdimos en el pueblo. Es por eso, que por más apoyo que parezca, este termina siendo minúsculo.

Engels ya lo decía; que un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre. ¿Y qué libertad podemos tener si seguimos aguantando y avalando regalos de Pinochet? ¿Qué fortuna nos espera mientras seguimos compartiendo legados de la dictadura?

Una vez alguien me dijo: “una sociedad se levanta cuando asume sus errores y se da cuenta que es lo que no quiere volver a repetir”.

Debemos madurar aceptando nuestro pasado, mirando de frente y entendiendo una sociedad actualmente diferente.


Publicista - Máster en estrategia y creatividad de marca de la Universidad Pompeu Fabra, Barcelona - Académico - Director de contenidos La vaca de ideas