Opinión

El Frente Amplio no necesita referentes

Por: Roberto Pizarro H / Publicado: 25.05.2018
Algunos dirigentes del Frente Amplio se han equivocado al solidarizar con Iglesias (de la misma forma que otros se han equivocado al apoyar a Maduro). El líder de la izquierda española no predica con el ejemplo y por tanto no puede ser un referente para una izquierda joven, que reivindica la importancia de la ética en política. Así no se enseña a la militancia ni a la ciudadanía.

La nueva izquierda no necesita referentes. Probablemente esto hace más difícil el camino de la transformación; pero, por otra parte, abre un espacio interesante para la construcción de un proyecto propio, autónomo, que se inspire más estrechamente en nuestra propia historia y que, al mismo tiempo, no eluda las realidades del mundo actual.

En el pasado, los “socialismos reales”, referentes del Partido Comunista, sólo dejaron tragedia a la humanidad. La China de Mao Zedong, que entusiasmó a algunos sectores de la izquierda marginal, decidió con Deng Xiaoping que era más importante que el gato comiera ratones, en vez del color del gato; y, optó por el capitalismo en lo económico, pero sin renunciar al monopolio político del Partido Comunista.

Cuba, modelo para el MIR y sectores del Partido Socialista, terminó agotada en la pasión heroica del “patria o muerte” y el bloqueo interminable de los EE.UU. Ahora, Nicaragua, cuya revolución en los años ochenta, llenó de esperanzas a toda América Latina, ha culminado en un gobierno vergonzante, con la apropiación absoluta del poder por la familia Ortega-Murillo, el deterioro de la institucionalidad democrática y, lo más grave, la represión a la ciudadanía que cuestiona la nueva dinastía.

A partir del presente milenio emergió un nuevo liderazgo político en América Latina, consecuencia de las injusticias provocadas por el neoliberalismo. A la izquierda moderada de Lula en Brasil y el Frente Amplio en Uruguay se le unieron los gobiernos nacional-populares de Argentina, Ecuador, Bolivia y Venezuela, con vocación antimperialista y deseosos por impulsar políticas heterodoxas.

Poco nos dejaron esos gobiernos. No fueron capaces de construir un proyecto consistente de transformaciones, con dimensión estratégica. El gobierno del PT y Lula, no se atrevió a desafiar la hegemonía del capital financiero, pero ha sido reconocido por sus políticas sociales y la reducción de la pobreza. Sin embargo, cometió un pecado que la izquierda no puede cometer; un grave pecado: los dominó la corrupción.

Por su parte, los gobiernos de los Kirchner fueron bastante más radicales para desafiar el neoliberalismo: intentaron recuperar la industria argentina, renegociaron con éxito la elevada deuda, dejada por los gobiernos neoliberales; aumentaron sustancialmente la inversión en educación y en ciencia y tecnología; se recuperó el salario real de los trabajadores y se redujo la pobreza. Sin embargo, lamentablemente, como si fuera un signo de los tiempos, la corrupción se ha convertido en la principal acusación contra el gobierno de Cristina Kirchner.

Ni que hablar del “socialismo del siglo XXI” de Venezuela. De esto queda muy poco. Nos muestra un desastre económico y ya sólo algunos creen que allí impera la democracia. Son escasos los políticos chilenos, tanto viejos como jóvenes, que defienden a Maduro. Pero, independientemente de ello, ya nadie sería capaz de tener como referencia a ese proyecto político.

Los diez años de la revolución ciudadana, que impulsó el presidente Correa en Ecuador, han sido muy exitosos, en lo económico y social. Sin embargo, la irrefrenable pasión por seguir controlando el poder que ha mostrado el ex presidente, desde fuera del gobierno, ha generado lamentables tensiones en el país y ha dividido al partido de gobierno. El nuevo presidente, Lenín Moreno, no ha aceptado ser manipulado por Correa y ha intentado impulsar políticas menos autoritarios. Pero la incertidumbre está presente en ese país.

Finalmente, todo indica que el gobierno de Evo Morales es el referente más recuperable en América Latina. Nos ha ayudado a entender los derechos inalienables de los pueblos originarios, que en Chile muy pocos reconocen, y también ha mostrado que los recursos naturales le pertenecen a la ciudadanía y no a las empresas transnacionales. Bien por la Bolivia de Evo.

Es difícil entonces encontrar para la izquierda chilena algún referente en América Latina. Son escasos los componentes económicos, políticos e ideológicos recuperables. A ello se agrega la falta de ética que se ha extendido en toda la región.

Los nuevos políticos chilenos, los del Frente Amplio, siguen con interés a Podemos de España. Investigan la originalidad de sus definiciones conceptuales para la construcción de  identidad e ideología. Es un interesante referente. Pero en ningún caso ayuda la incondicionalidad. Hay que entender que la crítica ayuda a los amigos, educa a la militancia y revela la ética que defendemos frente a la ciudadanía.

Por ello cuando el Secretario General de Podemos, Pablo Iglesias y su mujer, segunda de Podemos, Irene Montero, han cometido un serio error hay que criticarlos. Y no ser complacientes con su comportamiento.

Iglesias y Montero compraron un chalet en Galapagar por 600.000 euros, con jardín, piscina y habitaciones para invitados. Y lo que sorprende es que hace algún tiempo el mismo líder de Podemos criticó públicamente al ministro de Economía, Luis de Guindos, por lo mismo; por comprarse un departamento de precio similar en la zona metropolitana de Madrid. Dice Iglesias en un tuit de 2012 “¿Entregarías la política económica del país a quien se gasta 600.000€ en un ático de lujo?”. Eso es inconsecuencia.

Iglesias se vanagloriaba de vivir en un “barrio obrero“, Vallecas, en un departamento de “unos 60 metros cuadrados”, algo que le permitía cargar contra la “casta” que dirige España, los políticos que “viven en chalets, que no saben lo que es coger el transporte público…”, los que “no saben lo que pasa fuera” (TN, 17/05/18). Eso es soberbia.

Es incomprensible lo que han hecho Iglesias y su mujer, porque saben muy bien lo que significa para la ciudadanía y para su propio partido ese comportamiento. No es sólo la inconsecuencia en el discurso sino también el que ellos hayan abandonado el barrio popular de Vallecas para aparecer como miembros de la elite. No hay nada ilegal en la compra, sólo que no hay coherencia con la prédica.

Algunos dirigentes del Frente Amplio se han equivocado al solidarizar con Iglesias (de la misma forma que otros se han equivocado al apoyar a Maduro). El líder de la izquierda española no predica con el ejemplo y por tanto no puede ser un referente para una izquierda joven, que reivindica la importancia de la ética en política. Así no se enseña a la militancia ni a la ciudadanía.

El Frente Amplio, que nace de la crítica al neoliberalismo y del cuestionamiento a la escasa ética de empresarios y políticos, no necesita referentes internacionales para construir una propuesta transformadora en Chile. Necesita aliados internacionales, a quienes debe respeto pero no incondicionalidad.

Roberto Pizarro H
Economista
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