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Opinión

Educación no sexista no significa educación mixta

Por: Francisca Echeverría / Publicado: 31.05.2018
instituto nacional / Toma en el Instituto Nacional / Agencia Uno
El Instituto Nacional hoy es mixto porque hay más de un solo género dentro de su comunidad y eso es algo que todavía no han sido capaces de asumir como parte de su identidad. Si actualmente no asumen eso, ¿cómo serían capaces de asumir la presencia de estudiantes mujeres, en igualdad de condiciones?

El Instituto Nacional es un liceo reconocido por su larga historia y trayectoria, la cual se refleja en el rol que ha cumplido dentro de la historia del país, tanto por los presidentes de la República que han estudiado ahí, así como también por lo destacados que son sus estudiantes en diferentes ámbitos.

Sin embargo, el movimiento feminista actual ha puesto en jaque la tradición del Instituto Nacional, denunciando a sus estudiantes por ejercer violencia de género hacia estudiantes de liceos emblemáticos de mujeres. La toma simbólica que estudiantes de los liceos Carmela Carvajal y N°1 Javiera Carrera llevó a que la rectoría del Instituto Nacional se refiriera a tales demandas y exigencias. Si bien en la declaración pública emitida el 10 de mayo de 2018 se muestra la voluntad de rectoría de generar un programa de diálogos, intercambio de ideas o debates referidas al machismo, acoso, abuso sexual y discriminación, el tema que ha ocupado mayor atención es si el Instituto Nacional debe ser mixto o no.

Esto no es nuevo. Desde hace algunos años ha habido una serie de sucesos que han cuestionado que el Instituto Nacional sea un liceo sólo de varones. Entre ellos, se destacan la protesta de algunos estudiantes en el marco de inauguración del Archivo Histórico del Instituto Nacional en 2014, con un cartel que decía «Colegio mixto AHORA»; la carta enviada a autoridades de parte de Marina Ascencio en 2016, niña de once años, que cuestionaba por qué ella, por ser mujer, no podía acceder al Instituto Nacional; sumado al intercambio de estudiantes francesas en abril de 2017, que llamaron la atención de los estudiantes, a lo que incluso uno de ellos señaló respecto a sus compañeros que «se comportaban como simios»; y, por último, las votaciones organizadas por el CAIN en 2017, con el fin de que los estudiantes votaran si preferían que el Nacional se mantuviera exclusivo de hombres o fuera mixto. Estos hechos son antecedentes para lo que se ha configurado como tema emergente del Instituto Nacional, el que se hace necesario abordar y trabajar, evaluando esta posibilidad.

Sin embargo, esto no es lo que están exigiendo el movimiento feminista liderado por estudiantes secundarias. La consigna es clara: no más sexismo en educación. Por lo tanto, ¿por qué el ingreso de mujeres al Instituto Nacional vendría a dar respuesta a la demanda de una educación no sexista?

Considerando lo expuesto en la columna anterior -que refiere al sexismo y reproducción de los estereotipos de género como característica fundamental de la cultural escolar del Instituto Nacional- el ingreso de estudiantes mujeres a este establecimiento podría ser una experiencia violenta para ellas. La cultura institutana ya delimita a la mujer a su rol maternal y la comprende como sujeto de deseo sexual, lo que posiblemente se perpetraría con su presencia este emblemático establecimiento. En otras palabras, se les recordaría que son mujeres en una sociedad patriarcal, omitiéndola como sujeto pensante. Esto se podría ver reflejado en las inclinaciones y actitudes de las y los docentes del establecimiento dentro del aula, expresado por medio de sus prácticas de enseñanza, reproduciendo roles que tradicionalmente se han definido para cada género, lo que se conoce como currículo oculto. Su materialización puede verse en prácticas concretas, como hacer que los hombres participen más, tener más expectativas en los resultados de estudiantes hombres (traducido en mayor exigencia) o que haya más reforzamiento positivo en hombres que en mujeres. Adicionalmente, estas diferencias también se expresarían en las relaciones que estudiantes hombres establecerían con sus compañeras, de modo que ellas se verían inmersas en una relación de otredad que, desde una cultura escolar altamente masculinizada con la del Instituto Nacional, las insertaría en una relación de dominación, teniendo menor poder y, por lo tanto, menor injerencia en su entorno próximo. Incluso podría tener efectos en su autoestima.

Además, quienes se muestran contrarios a la posibilidad de que ingresen mujeres al Instituto Nacional se remiten simplemente a que este «sería otro colegio», «dejaría de ser lo que es» y «perdería su tradición»; similar a los argumentos que han expuesto en otras ocasiones sobre el fin de la selección planteada en la ley de inclusión. De este modo nos encontramos con un establecimiento educacional que se ciñe a lógicas propias de la creación de la República de Chile, evidenciando su incapacidad para hacer una revisión consciente y concreta sobre sus prácticas, tanto desde una perspectiva pedagógica como también de las relaciones entre quienes componen su comunidad.

Si bien el contar con una matrícula compuesta por hombres y mujeres responde a un escenario hipotético, la evidencia sobre espacios educativos mixtos demuestra que el acceso igualitario a una escuela o liceo constituye una aparente igualdad. Es decir, a pesar de haber hombres y mujeres en un mismo espacio educativo, este no está exento de sexismo. Basta con ver la realidad fuera del espacio educativo: nuestros hogares, el espacio público, el mundo de trabajo y, prácticamente, todo.

Dentro de la comunidad institutana, hay quienes están a favor y otros en contra de la mixtura. Pero quienes se posicionan a favor de ella, también son conscientes del desafío que les significaría, pues vendría a cuestionar su tradición institucional, desde el detalle más mínimo hasta el componente más elemental. Significaría mayor trabajo para las y los docentes, pues tendrían que hacer una revisión crítica de su práctica pedagógica, haciendo conscientes discursos y prácticas sexistas presentes en su rol de formadores/as. Pero eso no es todo, y probablemente desde la rectoría del establecimiento lo saben. También el ingreso de mujeres conllevaría a una serie de cambios que requieren de mucho trabajo. Por eso es importante recoger e insistir con la demanda de estudiantes feministas de no más sexismo en educación.

Por otro lado, la solución de la mixtura que vendría a ofrecer el Instituto Nacional también da cuenta de la ausencia de un análisis con perspectiva de género en su interior, pues si nos situamos en el fondo de este asunto, el Instituto Nacional ya es mixto. Con esto me refiero a que entre sus estudiantes hay quienes no se ciñen al estereotipo del hombre que adscribe a los principios de la masculinidad hegemónica: aquellos cuya identidad de género e incluso su orientación sexual no es propia de lo que desde el sexismo se concibe por «ser hombre», o más bien dicho, «el macho». El Instituto Nacional hoy es mixto porque hay más de un solo género dentro de su comunidad y eso es algo que todavía no han sido capaces de asumir como parte de su identidad. Si actualmente no asumen eso, ¿cómo serían capaces de asumir la presencia de estudiantes mujeres, en igualdad de condiciones?

El Instituto Nacional es violento dada su exuberante cultura masculinizada, la que desde la literatura es caracterizada por la violencia y por un trato cotidiano basado en la burla, la competencia con el otro, la práctica del deporte como forma de reconocimiento, entre otros elementos; los que a final de cuentas hacen eco de la posición de poder y de privilegio del hombre en la sociedad actual. Y de cómo, además, entre ellos deben luchar por mantenerla. En ese sentido, la solución a los problemas actuales no recae en si entran mujeres o no a este establecimiento. Tiene que ver con que tanto el Ministerio de Educación, los sostenedores, directivos y básicamente, todos aquellos agentes involucrados en el sistema educativo, en todos los niveles, sean capaces de incorporar las demandas que las estudiantes secundarias y universitarias están instalando, pues en los espacios educativos se transmite cultura. Y la cultura que hoy se transmite, es patriarcal, heteronormativa y machista.

Francisca Echeverría
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