Desde la noche del pasado domingo, las mujeres saudíes han salido a las calles para protagonizar sus primeros recorridos al volante. Más de 120 mil mujeres iniciaron las gestiones para obtener su permiso de conducir, luego de que el Gobierno las autorizara a manejar sin necesidad de estar acompañadas de un hombre, terminando con una discriminación histórica.

Sin embargo, la población femenina en Arabia Saudita seguirá esperando por cambios sustanciales: hasta ahora, las mujeres han levantado un itinerario de reivindicaciones pendientes, presionando a sus autoridades a aceptar su condición de ciudadanas. Aún quedan muchos derechos básicos por garantizar.

En el país, la mujeres no pueden obtener un pasaporte y viajar al extranjero libremente: necesitan la autorización de su tutor para solicitar respectivos documentos y poder viajar fuera del país. Tampoco pueden matricularse en una universidad: también necesitan la autorización del tutor para continuar adelante con sus estudios. En caso de que se trate de una institución que no se encuentre cerca del domicilio familiar, el guardián debe aceptar la mudanza y el lugar donde alojará. 

Lo mismo ocurre al abrir una cuenta bancaria: uno de los requisitos que deben cumplir para conseguir abrir una cuenta, una tarjeta o un préstamo es la autorización del tutor. En Arabia Saudita la tasa de empleo femenino ronda el 20% y las mujeres que desean desarrollar una carrera profesional están obligadas a contar con el consentimiento de su guardián, que debe ser presentado a sus empleadores.

Para contraer matrimonio, las mujeres necesitan el beneplácito respectivo de su tutor. De lo contrario, los tribunales locales no reconocen el vínculo legal. Además, en caso de casarse con un ciudadano extranjero, es el ministerio del Interior quien debe autorizar la unión. Los trámites se complican si el pretendiente no es musulmán.

Además, las mujeres que desafían la autoridad del tutor pueden ser acusadas de desobediencia. Tampoco tienen la libertad para abandonar una comisaría o una cárcel aunque hayan cumplido la pena. Es el tutor quien debe ir a recogerlas.

En otros ámbitos también se expresan rotundas desigualdades: por ejemplo, en un tribunal, el testimonio de una mujer vale la mitad que el del hombre. A la vez, no pueden vestirse con libertad, deben llevar una túnica holgada y larga que se colocan encima de su ropa habitual. Es la policía quien se encarga de vigilar el cumplimiento de la modestia en zonas públicas.

Las mujeres de Arabia Saudita lograron asistir, a principios de año, por primera vez a presenciar un partido de fútbol, pero su presencia en estadios sigue estando prohibida. Solo las tímidas reformas de los últimos meses han cambiado -en parte- la realidad de las mujeres en el país. De hecho, en febrero pasado, anunciaron que las mujeres no necesitarán el permiso de su tutor para abrir una empresa o su propio negocio.

“Las mujeres podrán beneficiarse de los servicios electrónicos del Gobierno sin tener que demostrar el consentimiento de tutor”, recalcaron las autoridades. Del mismo modo, los tribunales que hasta ahora habían concedido la custodia de los hijos de manera automática a los padres tras un divorcio, han comenzado a proporcionarla también a mujeres. Sin embargo, el sistema de tutela masculino permanece intacto.