Ha sido una campaña marcada por la violencia política. 130 políticos han sido asesinados y la última noticia, de 10 mil boletas electorales robadas en Tabasco, solo vienen a confirmar el álgido clima en el que se desarrollarán las elecciones presidenciales mexicanas de este domingo.

Los comicios se perfilan desde ya históricos. Andrés Manuel López Obrador (Morena), histórico representante de la izquierda mexicana, es el inmenso favorito. Todas las encuestas le dan más de 20% de ventaja sobre sus rivales Ricardo Anaya y José Antonio Meade, representantes de los partidos tradicionales, el PAN y el PRI, respectivamente.

Ayer, AMLO -como resumen su nombre- cerró la campaña de la coalición de izquierda frente al mítico Estadio Azteca con más de 100 mil personas en las tribunas. “No ha quedado al azar. Con anticipación decidimos poner las ideas por delante, decidimos apostar a la vía pacífica y aplicar las premisas de que solo el pueblo unido y organizado puede salvar a la nación”, aseguró López, quien dedicó el triunfo a los movimientos sociales y defensores de los derechos humanos.

López Obrador centró su discurso -y la campaña- en el combate a la corrupción que ha azotado a su país por décadas. El candidato favorito, además, ha extendido su popularidad a su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que en los sondeos también estarían obteniendo la mayoría en ambas cámaras del Congreso.

En México no hay segunda vuelta, por lo que este domingo, tras conocer los resultados por mayoría relativa, López Obrador podría convertirse en el sucesor del criticado Enrique Peña Nieto.