Este 18 de Julio se celebra el centenario del natalicio de Nelson Mandela (1918 -2013), primer presidente de Sudáfrica tras la caída del régimen segregacionista del “apartheid” e ícono en la lucha por la libertad y la no discriminación racial.

Fue una figura clave en la historia de Sudáfrica, considerado como un terrorista por el régimen supremacista y segregacionista del Partido Nacional, Mandela dedicó su vida por la igualdad y el respeto de los derechos de los negros en su país. Su espíritu de lucha y su constante combate en contra de las políticas de opresión por parte del régimen racista de Sudáfrica, lo llevó a ser encarcelado durante 27 años acusado de traición.

Sin embargo, eso no lo detuvo y su reputación creció sin cesar. En el año 1990, debido a la presión interna e internacional, el gobierno Sudafricano ordenó su liberación. Tres meses después fue electo para liderar el Consejo Nacional Africano, y desde su puesto luchó por la democracia, consiguiendo que en 1994 se celebrasen las primeras elecciones democráticas de la historia de Sudáfrica con él como vencedor, convirtiéndose así en el primer presidente negro de Sudáfrica.

Rolihlahla Mandela nació en el pueblo de Mvezo en el sudeste de Sudáfrica, perteneciente al clan Madiba de la nacion Xhosa. Sufrió de la discriminación racial desde pequeño, según su autobiografía “Un largo camino hacia la libertad“, fue el primero de su clan en poder ir a la escuela y ahí fue donde se le colocó como nombre “Nelson”. Este fue el nombre impuesto por la colonización británica que no aceptaba los nombres originarios de las tierras de Sudáfrica en las escuelas. Una práctica habitual para colonizar política, cultural y socialmente a los pueblos tradicionales.

Estudió Derecho en dos universidades de Sudáfrica, no pudiendo terminar en ninguna su carrera ya que siempre estuvo involucrado en protestas y desordenes civiles que buscaban entregarle mayor dignidad a sus compatriotas de raza negra. Ingresó al Congreso Nacional Africano, una organización política de mayoría negra, donde mantuvo una política anticolonialista y de liberación en contra del Apartheid hasta el día de su muerte.

De estirpe comunista, pero nunca reconocida por el mismo Mandela, su lucha fue reconocida mundialmente. En el año 1990, luego de su liberación, recibió el premio Lenin de la Paz y en el año 1993 recibió el Nobel en la misma categoría. A pesar de ser un símbolo de la paz, fue un férreo defensor de la lucha armada. En 1960 participó en la creación del brazo militar del CNA, que se llamó “Lanza de la Nación” (Umkhonto We Sizwe), organización que se creo tras la matanza de Sharpeville el 21 de marzo de 1960, cuando la policía del régimen racista de Pretoria ordenó disparar contra una manifestación anti-apartheid. Murieron 69 personas, incluidos mujeres y niños y otras 180 resultaron heridas. Todas las víctimas eran sudafricanos negros.

Tras ser electo como presidente de la nación africana, condujo su país hacia una reconciliación nacional, abogó por por una política de protección social hacia menores de edad y adultos mayores. Entregó acceso a la electricidad y al agua a millones de habitantes y creó la Ley de Restitución de Tierras, que permitió que miles de africanos originarios recuperaran sus tierras perdidas durante el periodo de colonización. 

Su legado sigue vigente en un país que aún sobrevive a las secuelas del Apartheid. La concentración de la riqueza está dominada por una minoría de gente blanca que aún posee casi el 70 por ciento de las tierras en Sudáfrica. La celebración de su centenario ha sido un espacio para el reconocimiento y homenaje para un hombre que no descansó en la lucha por la paz, la libertad y la democracia. En diversos puntos del planeta se continuará con los discursos y recuerdos, sin embargo el mejor homenaje que se puede hacer es continuar combatiendo contra la desigualdad que vive un país marcado por la pobreza y por la búsqueda de una reparación a las comunidades negras y una igualdad en derechos para blancos y negros.