Opinión

Varela, el coherente

Por: Simon Rubiños / Publicado: 31.07.2018
Hablar desde el lugar de enunciación del ministro Varela es hablar con Libertad y Desarrollo, la Fundación Para el Progreso, las salmoneras y las gerencias de las principales empresas del país, quienes también están convencidos en cuanto a que todo lo que han logrado es en base al sacrificio personal.

No ha pasado una semana desde que el Ministro de Educación Gerardo Varela señaló “¿Y por qué no hacen un bingo? ¿Por qué desde Santiago tengo que ir a arreglar el techo de un gimnasio?”. La cita aludía a las responsabilidades que la comunidad educativa exige al ministerio para con la infraestructura de educación a nivel nacional, señalando que son los riesgos del asistencialismo que, bajo su visión, se da porque existe una predilección por rehuir de las responsabilidades.

Las declaraciones se dan en el marco de la conmemoración por los 10 años de Enseña Chile, una organización sin fines de lucro cuya visión, tal como señala su sitio de internet, es que “los niños del país reciban educación de calidad”, construyendo una red de agentes de cambio con la convicción para impactar en el sistema educacional desde la experiencia en la sala de clases y distintas áreas de desarrollo profesional, surtiendo de profesores –hayan estudiado pedagogía, o no– a establecimientos educacionales vulnerables. Esta organización forma parte de la Red Global de Educación, o Teach For All, iniciativa surgida en EEUU cuyo foco es eliminar la inequidad en la educación, la cual es la versión global de la organización Teach for America, anunciada en el marco de la Iniciativa Global Clinton, de la Fundación Clinton (del expresidente estadounidense Bill Clinton), y que dentro de sus principales financistas se encuentran la Corporación Carnegie y ExxonMobil, entre algunas fundaciones de diferentes grupos económicos.

Retomando la versión nacional, el directorio está compuesto por Antonio Büchi Buc, hermano del ex ministro de Hacienda de Pinochet, Hernán Büchi Buc. Antonio es Gerente General de Entel, y consejero político del think tank de derecha Libertad y Desarrollo; Claudio Seebach, presidente de la Asociación de Generadoras de Chile, la que agrupa, entre otros, a las empresas detrás de HidroAysén; Jorge Marshall, ex consejero del Banco Central, militante PPD, y presidente de la Cámara Marítima y Portuaria; Eduardo Navarro Beltrán, gerente general de COPEC; Luz María Budge, miembro de la Agencia de Calidad de la Educación que en su momento defendió la prueba SIMCE, también consejera política de Libertad y Desarrollo; y Mónica Jiménez, exministra de Educación cuya firma concreta la Ley General de Educación de marzo de 2009, entre otros. A lo anterior, se suman como sponsors y socios estratégicos: Cencosud, Adimark, Universidad Finis Terrae, Universidad del Desarrollo, Copec, BCI, Arauco, empresas salmoneras, TPS, Entel, entre otros.

Hace unos días CIPER publicó un artículo que trataba sobre cómo la élite nos hace creer que triunfa en base a su intelecto y su trabajo, demostrando que ello es una falacia ya que en ese constructo discursivo no reconocen los privilegios de clase que poseen y que escasean en los demás estratos sociales. El ministro Varela, el mismo que cree que la educación es un bien de consumo, padre de “campeones doble alfa”, forma parte de esta clase privilegiada. Es abogado corporativo, miembro del círculo de ICARE, formó parte de una influyente agrupación global de abogados, la International Bar Association. Fue presidente de Soprole y ex director de diferentes fundaciones, entre las que figura la Fundación Para el Progreso (FPP), centro de pensamiento promotor del liberalismo económico y asociado a empresarios de derecha, entre cuyos miembros se encuentran Axel Kaiser y el Canciller Roberto Ampuero. Desde esta tribuna señaló, apenas fue elegido Piñera, que era hora de olvidar el legado de la Nueva Mayoría y retomar la senda de las buenas políticas públicas, y que junto a James Bond  “serían los únicos hombres en sortear una avalancha”, refiriéndose al desafío que significaba para él asumir el Mineduc.

Además, en FPP aprovechó de señalar una serie analogías que responden a este discurso de clase: criticó fuertemente la reforma sindical porque estaría enfocada en mantener el poder de los sindicatos y que parte, a su parecer, desde una falacia: que el trabajo estaría subremunerado y el capital sobre remunerado, arguyendo que en verdad la rentabilidad del capital en Chile es baja. También, calificó de innecesario e inútil el cambio de Constitución; agradece las reformas de la dictadura, y señala que el Frente Amplio es hijo del cinismo de una Concertación que abrazó el neoliberalismo, y a su vez les pronostica un mal envejecimiento, entre otras, por ser un movimiento carente de proyecto. Además criticó la reforma agraria, afirmando que esta volvió más pobre al campesino y que contribuyó a la dignidad del campesinado de la misma forma que el leprosario a la dignidad de Isla de Pascua.

Dentro de los análisis más llamativos de Varela está uno que versa sobre la desigualdad en Chile y los apellidos. En la columna publicada en el sitio de FPP, señala que la educación, el esfuerzo personal y las oportunidades pueden levantar a un hombre desde la pobreza hasta la riqueza y desde la ignorancia hasta la vanguardia del conocimiento; que gracias al modelo, Chile es un país que avanza en contra de la desigualdad de la región debido al crecimiento económico, educación masiva, inversión en pobreza y oportunidades laborales; y que tal como en EE.UU. los apellidos que concentran la riqueza del país han cambiado de Carnegie y Rockefeller a Gates y Bezos, en Chile cambiaron de Ross y Cousiño a Luksic y Angelini, gracias a la movilidad social. La “chilean way” en su esplendor.

Sin embargo, lo que no incorpora en su análisis es que, a pesar de que el gasto social y el modelo chileno han permitido mejores cifras macroeconómicas, la desigualdad persevera y se agudiza, siendo el país más desigual de la OCDE. Inclusive, a mayores inversiones en educación, los resultados son débiles y reflejan los antecedentes socioeconómicos de los alumnos. De cuál movilidad social es la que nos habla el ministro Varela cuando el 33% por ciento del ingreso que genera la economía chilena se concentra en el 1% más rico de la población, mientras que el 0.1% más rico concentra el 19.5% del ingreso, al mismo tiempo que el 47% de los de clase baja afirma que apenas logra sobrevivir con el sueldo que recibe. El informe DESIGUALES  es rotundo en señalar que la desigualdad es estructural y estable en el tiempo.

Varela no es parte de los apellidos tradicionales más influyentes de Chile, pero él sí forma parte de esa clase privilegiada, aquella que se rodea y relaciona entre sí, que cree fervientemente en que el esfuerzo, el emprendimiento y la iniciativa privada en todos los planos en desmedro de lo público, y que está convencida de que lo que logran es en base de un sacrificio e inteligencia propios ­–siempre propios–, sin apreciar la relevancia de sus condiciones basales para seguir en el estrato más alto. Hablar desde el lugar de enunciación del ministro Varela es hablar con Libertad y Desarrollo, la Fundación Para el Progreso, las salmoneras y las gerencias de las principales empresas del país, quienes también están convencidos en cuanto a que todo lo que han logrado es en base al sacrificio personal. Por lo tanto, escucharlo leer en voz alta un discurso que señala que cada escuela debe hacer un bingo para solucionar sus problemas no les parece para nada ofensivo sino más bien lógico, ya que es consecuente con el lugar desde el que lo emite y es coherente con el discurso que Varela siempre ha tenido, en una muestra de sinceridad pura.

Chile le urge transitar hacia la reducción de la desigualdad, cerrar las brechas en educación, infraestructura, salud, seguridad social, entre otras, que llevan años viviendo olas de privatización y de enajenación de su naturaleza de bienes y servicios públicos, bajo el discurso obsecuente de la disciplina fiscal y el dogmatismo de la eficiencia del mercado para lograrlo. Empero, ante la evidencia, el camino escogido parece apuntar hacia lo contrario. Así, mientras en el gobierno siga habiendo personas que están convencidas de que un bingo es la manera de solucionar los problemas en la educación, es probable que se rife el puesto de ministro cuando Varela deje la cartera. Al mejor postor.

Simon Rubiños
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