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«No hay mayor diferencia»: Los mitos sobre la leche tras la polémica que enfrenta a la industria local

Por: Vanessa Vargas Rojas / Publicado: 17.08.2018
«No hay mayor diferencia»: Los mitos sobre la leche tras la polémica que enfrenta a la industria local Leches_23102017 /
Una de las aristas principales de la discusión pública apunta a la diferencia de calidad entre leche reconstituida y natural, algo que los especialistas cuestionan. A la vez, hay opiniones divididas a la hora de analizar los beneficios y problemas del consumo de lácteos.

Durante los últimos días se ha abierto una discusión pública a raíz de la campaña desplegada en redes sociales en apoyo a la cooperativa agrícola y lechera Colún. En este escenario, cientos de personas han llamado a no comprar los productos de la competencia, cuestionando el origen de sus lácteos y la condición de reconstituidas de sus leches, en contraste a lo que ocurre con el producto chileno.

Sin embargo, pese a la alarma extendida entre los consumidores por las leches reconstituidas, la voz de las especialistas dice lo contrario: no habría mayor diferencia en la calidad de ambos productos, mientras cumplan con los requisitos normados por el reglamento sanitario.

«El INTA (Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos) en sus informes sobre aporte nutricional en la composición de leche es claro y establece que no hay mayor diferencia ni que una sea mejor que la otra. La diferencia está en valor del alimento y que las personas puedan elegir con cuál quedarse. De todas formas a todas se les adicionan vitaminas porque en el proceso de pasteurización se pierden muchos nutrientes», sostiene la nutricionista Marcia Basulto.

Por su parte, la nutricionista de la Universidad de Colombia y magíster en Salud Pública, Sandra López, explica que «el reglamento sanitario clasifica la leche natural, que en este caso es aquella que viene de las mamas de las vacas, y la leche reconstituida, que también está dentro del reglamento. Se obtiene adicionando agua potable y se reconstituye con la leche en polvo concentrada».

«Hay polémica porque no dicen cómo están reconstituyendo esta leche, cuánto le están agregando de agua y cómo eso baja la calidad. Por reglamento, se pueden vender las dos», añade la especialista, asegurando que el problema de algunos productos creados en base a leche reconstituida como Soprole y Nestlé es que no aclaran al respecto.

Por ejemplo, la tradicional leche Purita que durante años forma parte de la entrega de alimentos por los programas sociales de salud, es leche reconstituida. Sin embargo, las medidas en que los nutricionistas recomiendan preparar la leche (cantidad de agua o lácteo) permite mantener su calidad y propiedades nutricionales. «La Purita Mamá, que es para mujeres en estado de gestación, también incluye Omega 3 y otros nutrientes necesarios», especifica López.

Foto: Getty Images.

Opiniones divididas: ¿Se recomienda el consumo de leche?

Marcia Basulto, nutricionista especializada en alimentación vegana, asegura que el hecho de que la ley no obligue a las empresas a indicar el origen de la leche es un punto que corre a favor de la industria láctea. De esta manera, la leche puede ser una mezcla de leche reconstituida tras ser importada desde el extranjero, algo que no necesariamente es señalado en su envase.

Mientras sea local, no debería existir ninguna preocupación sobre la condición reconstituida de la leche. A la vez, ya está en discusión una propuesta que obliga a las compañías a transparentar lo que venden.

«El programa Elige Vivir Sano es nefasto, porque a la hora de poder elegir algo para alimentarse,  las personas ni siquiera saben el origen o cómo es el proceso, incluso de qué vaca es. En Chile faltan políticas alimentarias que sean diseñadas por profesionales capacitados y que no estén al favor de las empresas o al poder económico, sino más bien centradas en el bienestar de los seres humanos y animales», cuestiona.

Otro de los cuestionamientos que ha resurgido en el debate pone en cuestión cuán positivo o nocivo es en realidad el consumo de leche en las personas. En este sentido, la nutricionista Sandra López afirma que «en los últimos años han hecho varios estudios y se ha visto que algunos que consumen mucha leche tienen mayor riesgo de cáncer, por ejemplo de mamas. Pero depende mucho de la producción, de qué tanta carga hormonal le dan a las vacas, ya que tendría relación con eso. En sí, la leche no es mala, tiene una cantidad importante de vitaminas, minerales y es mucho más fácil su absorción», sostiene.

La industria láctea -tales como Colún, Soprole, Nestlé y Loncoleche-, al hacer una producción en masa, tiene varios litros que cumplir al año. Para lograrlo, suministra hormonas y otros elementos que permiten que las vacas estén siendo constantemente ordenadas: «Los estudios tampoco han sido tan concluyentes y en Chile no se han hecho seguimiento a largo plazo. Tienen que ser más de 10 años para ver si es causal o está asociado con el aumento del cáncer. Hay otros factores de riesgo que además empiezan a sumarse», recalca.

En nuestro país, el consumo de leche y sus derivados alcanza los 151,6 litros per cápita al año. Los principales productos consumidos son los quesos y quesillos, además de la leche fluida de todos los tipos, yogurt y leche cultivada, así como productos asociados como la mantequilla, el manjar y la crema. Según cifras del Consorcio Lechero, el consumo ha crecido en un 9,9% entre los años 2005 y 2016.

A juicio de López, las bebidas con las que veganos reemplazan la leche de vaca, como la leche de soja o de almendras, tienen un problema: «No están biodisponibles en calcio, entonces se le une a otras sustancias y no permite su absorción completa. La de vaca tiene una mejor absorción».

La nutricionista vegana Marcia Basulto mantiene una opinión diferente. Pese a que reconoce los aportes de la leche en cuanto a calcio y proteínas -además de las vitaminas que se le agregan para enriquecer el producto, al igual que con las bebidas vegetales fortificadas-, apunta que el problema va más allá de las implicancias de la propia alimentación.

«El problema es la explotación y violación de miles de vacas, y el impacto medioambiental que genera esta industria, tanto para alimentar a estas vacas y el durante todo el proceso. Hoy tenemos un problema de agua y residuos importantes y si vamos un poco más allá, la cantidad de residuos contaminantes son inmensos», argumenta.

Hay evidencia científica que lo corrobora: por ejemplo, la formación de gas metano en el estómago de los animales y su potencial como gas de efecto invernadero es 23 veces más contaminante que el CO2. Por ello, la persistencia y expansión de la industria láctea podría estar contribuyendo de manera decisiva al calentamiento global.

En este escenario, la especialista cuestiona que el objetivo principal del consumo de leche sea conseguir el aporte de calcio, como se ha recalcado durante años: «La salud ósea no pasa solo por el aporte calcio: la osteoporosis y la baja densidad ósea es multifactorial, tiene que ver con determinantes sociales, como la falta de actividad física, el consumo de tabaco y alcohol, ser madre, etc. Un claro ejemplo de esto es la gente que vive en el sur de Chile tiene más problemas óseos por falta de sol que por calcio«, apunta.

A juicio de la especialista, pese a que nos enseñaron que la leche era nuestra única fuente de calcio, existen una serie de alimentos que también lo proveen. Entre ellos, el cochayuyo -con gran aporte de aminoácidos, fibra, magnesio y calcio-; las lentejas, las naranjas, los higos secos, la chíca, el brócoli, la kale, pakchoy y otros, además de la amplia variedad que existe de alimentos fortificados con calcio.

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